Un terrible sismo sacude Mexico

El terremoto ocasionó daños al palacio municipal de Juchitán, Oaxaca. (AP)

Un violento terremoto de 8,2° en la escala de Richter, el más poderoso en 85 años en México, sacudió anteanoche la costa del Pacífico y remeció a cientos de ciudades hasta el centro del país, donde por lo menos 61 personas murieron y 200 resultaron heridas. El fuerte temblor y los que le siguieron al sismo sembraron el pánico en millones de personas, incluso en la capital, a unos 1000 kilómetros del epicentro. El epicentro se registró en Chiapas, pero Oaxaca es el origen de la tragedia. Cuando llegaron las primeras imágenes del sur del país, la historia dio un giro radical: el derrumbe de un hotel en Matías Romero (Oaxaca)y la confirmación de las primeras muertes en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas.

“Sabes que estás en el mismo lugar y que pudiste haber sido tú”, cuenta Tania Navarro desde San Cristóbal. Su noche cambió de un momento a otro. Su sobrina acababa de nacer a las ocho de la noche y su cuñada seguía en el hospital tras dar a luz. Cuando se sintió el primer latigazo del sismo, los médicos pidieron a su hermano y a su esposa que abandonaran el hospital, pero se negaron. “La verdad es que no sabemos qué hacer cuando llega el momento de un terremoto así”, admite.

En Juchitán, un residente encontró una bandera de México tras el derrumbe del palacio municipal y la clavó sobre los escombros: una de las postales más difundidas tras el terremoto y un símbolo de la resistencia en el sur de México. El pequeño municipio del Istmo ha sido arrasado, no hay servicios de luz ni agua, se han registrado actos de saqueo en tiendas y cientos de personas esperan volver a sus casas. Alrededor de 100 viviendas quedaron completamente destruidas y 500 personas permanecen en albergues.

“Hay una gran necesidad de insumos médicos, sobre todo después del colapso del Hospital Civil”, comenta Jaime Mendoza, un reportero de Juchitán: “Los heridos siguen llegando, hay mucha necesidad hasta de lo más mínimo”. Hay al menos 61 muertos. Todos de los Estados del sur de México.

“Necesitamos que las personas que nos puedan apoyar lo hagan, hay cuatro personas atrapadas”, dice una joven juchiteca en un vídeo que se ha hecho viral en redes sociales. El único hospital popular del municipio está seriamente dañado y tuvo que ser evacuado, según las autoridades municipales. El nosocomio no está trabajando y las labores de atención a los heridos y enfermos se hacen en el patio del hospital.

Mientras Juchitán se desmoronaba, el resto del país, menos afectado, intentaba superar el susto. “Me di cuenta porque se estaban moviendo todas mis cosas: mi cama, las lámparas, todo…”, comenta Jordan, de 19 años, que vive en Chimalhuacán, en el norte de la zona metropolitana. Jordan muestra los vídeos que grabó con su teléfono. Había una necesidad de contarlo, de documentarlo. No había otro tema de conversación en la mañana del viernes. “¿Dónde te agarró el temblor?”. Esa era la pregunta más recurrente y prácticamente ineludible a pie de calle, al tomar el transporte público y al revisar los grupos de WhatsApp.

En otros puntos de la ciudad no se escucharon las sirenas. Los avisos fueron distintos. “Escuchamos que ladraban los perros, muy feo, y que los pájaros que tengo estaban muy asustados, son los primeros en darse cuenta”, señala Julia Pérez, de 60 años, que es vecina de Ciudad Nezahualcóyotl, en la periferia de la capital.

Lo más importante era hablar con la familia y asegurarse de que todos estuvieran bien. Los habitantes relatan que las líneas telefónicas colapsaron y que tuvieron que intentarlo varias veces antes de comunicarse con sus familiares y amigos. Los cortes en el suministro de electricidad complicaron la tarea. “Llamé a mis hijos cuando vi que todo se estaba moviendo, les pedí que tuvieran cuidado”, apunta Pérez, sin ocultar su preocupación.

“Mi hija estaba muy nerviosa, le dije que no había pasado nada, que todo iba a estar bien”, cuenta Julio Mayor de Iztapalapa, también al oriente de la ciudad. Mayor dice que estaba tranquilo y a la vez desesperado por salir de su casa. El recuerdo de 1985 volvía a la cabeza. “Me di cuenta de que el temblor era de movimiento oscilatorio y ya no me preocupé tanto, el de aquella vez había sido trepidatorio y se sintió muy diferente”, recuerda. “Calmé a mi hija, pero con todo y todo no pude dormir tranquilo”, confiesa.

Los chilangos “salieron” a las redes sociales para cerciorarse de que el daño en la ciudad había sido mínimo. Después vino el baldazo; tres muertos en Tabasco, siete en Chiapas, 26 en Oaxaca. Todo lo que había pasado en Ciudad de México tomó un tinte anecdótico a la luz de los hechos en otros puntos del país. El terremoto se había cebado con los Estados más pobres. “Da mucha tristeza ver cómo ha pegado a algunas partes, pero somos un país que ha vivido varios terremotos: ya nos levantamos de varios y tenemos que salir adelante”, concluye Mayor antes de quitar la mirada al vacío y retomar el camino al trabajo en la capital.

Un probable tsunami acecha

Los miembros pertenecientes a la autoridad hicieron lo posible para evacuar las zonas ocupadas por las poblaciones de Tonalá y de Puerto Madero, en Chiapas, como una medida preventiva debido a una inminente alerta de tsunami.

Fueron varios los destrozos que el movimiento sísmico dejó a su paso: calles como las de la localidad de San Cristobal de las Casas agrietadas e inestables y numerosos desprendimientos a su vez. Al mismo tiempo que también se registraban daños en Guatemala, donde hubo 3500 personas afectadas; aunque no hubo que lamentar fallecidos.

De manera paralela, México se prepara para otra emergencia natural, con la llegada prevista para hoy del huracán Katia, que podría provocar inundaciones en la costa del estado de Veracruz.

Sara González

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