Turismofobia: de la acogida al rechazo al turista

“Tourism kills the city” (“El turismo mata a la ciudad”), “Turist, go home” (“Turista, vuelve a casa”), “Gaudí hates you” (“Gaudí te odia”). Estos son algunos de los mensajes que se pueden encontrar pintados en las fachadas de algunos barrios de Barcelona. Es parte del fenómeno que ataca al turismo culpándolo de la masificación, los precios de alquileres abusivos y una peor calidad de vida. Ha nacido la “turismofobia”.

Hasta hace relativamente poco, criticar o rechazar el turismo extranjero en España era prácticamente inconcebible. ¿Cómo poner en duda un sector que aporta el 11% del Producto Interior Bruto del país y emplea a dos millones y medio de españoles? Ahora el turismo ya no es un tema incontestable y los recientes ataques contra la industria turística han sacado a la calle un arduo debate social. Antes la población autóctona recibía con los brazos abiertos a los visitantes, ahora temen su llegada.

Este fenómeno tiene su núcleo en Barcelona, Ibiza y Palma, aunque el problema es común al conjunto del archipiélago balear y a otras ciudades españolas como Madrid. Los vecinos se rebelan contra los efectos del turismo masivo en el alza del precio de los alquileres y su impacto en el sector servicios, en la convivencia cívica y en los transportes públicos. Así, el sector vive con inquietud el aumento del rechazo al turismo. “Llamamos a los responsables políticos de algunas Administraciones cuyas actitudes no ayudan a rebajar las tensiones”, advirtió el presidente de la Confederación Española de Alojamientos Turísticos, Joan Molas.

Barcelona, el foco principal

Barcelona, donde el turismo representa un elevado porcentaje de la economía, es una de las ciudades donde más ha afectado la turismofobia. Hace tres décadas, la Ciudad Condal optó por abrirse al mundo y las Olimpiadas de 1992 la pusieron en el mapa turístico. Hoy el sector supone el 12% del PIB de la ciudad. No sin motivos, fue la 12ª ciudad más visitada del mundo en 2016 y la tercera de Europa, solo superada por Londres y París. Este año, según el barómetro semestral de la ciudad, el turismo es la primera preocupación de los barceloneses por encima de la precariedad laboral y los derivados de la vivienda. A pesar de que la mayoría de ciudadanos (el 86,7%) considera que el turismo es beneficioso, casi la mitad cree que se está llegando al límite. Es lo que Claudio Milano, profesor de Ostelea y miembro del grupo Turismografías, llama el “índice de irritabilidad”. “Las ciudades que viven estos fenómenos pasan de una euforia inicial a una situación de conflicto, no con los turistas, sino con las políticas turísticas”, sostiene.

Precios abusivos

El Ayuntamiento de Barcelona calcula que el alquiler turístico es hasta cuatro veces más rentable que el convencional, lo que desvía el mercado hacia los visitantes y dispara los precios. “Ha habido manifestaciones vecinales como la de la Barceloneta. Pero allí solo hay un hotel de 30 habitaciones. El problema son las miles de viviendas de uso turístico ilegales. Y nos preocupa, porque nos dificulta hallar alojamiento para nuestros trabajadores”, lamenta Molas.

El aumento del precio de los alquileres, provocado por el interés de muchos propietarios en convertir sus inmuebles en viviendas vacacionales, ha llegado a obligar a muchos vecinos a dejar sus casas e irse a vivir a otras zonas con menos presión turística. Esta huida de muchos habitantes hacia el extrarradio de la ciudad afecta a los que se resisten a abandonar sus casas. El ayuntamiento de Barcelona aprobó en enero un plan que paraliza la apertura de nuevos hoteles en las zonas más turísticas de la ciudad y algunas adyacentes, permitiendo que estos establecimientos se instalen en áreas más alejadas del centro, para tratar así de distribuir a los visitantes por toda la ciudad. Esta medida se aprobó un año y medio después de que la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, dictara una moratoria de nuevas licencias para alojamientos turísticos (hoteles, albergues y pisos turísticos).

“Desplanificación urbanística”

Las plataformas de alquileres vacacionales “han doblado la capacidad de alojamiento de la ciudad”, asegura Emilio Gallego Zuazo, secretario general de la FEHR (Federación Española de Hostelería). “Es un problema de ‘desplanificación’ urbanística. En España el turismo es un fenómeno industrial que se desbarata de forma descontrolada con la entrada de plataformas como Airbnb”, explica Gallego. Las cuatro principales plataformas, AirBnB, TrypAdvisor, Booking y Home Away, ofrecen viviendas y el boom llega al punto de que algunos propietarios alquilan a estudiantes durante diez meses por contrato y los dos del verano lo dedican al turismo. La trampa de no registrar los pisos es que los propietarios los alquilan como residencial, con un tratamiento tributario mucho más beneficioso que las viviendas turísticas.

Saturación y problemas de convivencia

Otra de las críticas alude a la falta de educación de algunos turistas y al denominado “turismo de borrachera”. Se quejan de las calles ocupadas por terrazas de los negocios, exceso de suciedad y ruido en la zona de bares hasta altas horas de la madrugada, muchas veces acompañado de actitudes incívicas relacionadas con el alcohol y la fiesta.

Actos vandálicos, protestas y reacciones

En Barcelona, dos incidentes contra el turismo masivo han sacudido la capital catalana durante los últimos días. El primero, un ataque a un autobús turístico por parte de un grupo de encapuchados el jueves 29 donde amenazaron al conductor con un cuchillo, amedrentaron a los pasajeros, pincharon los neumáticos del vehículo y pintaron la luna delantera del vehículo con la frase “El turismo mata los barrios”. Cuatro días más tarde, pincharon las ruedas de las bicicletas de alquiler, vehículos principalmente usados por turistas y de empresas que han generado polémica los últimos meses por el uso del espacio público que hacen aparcando sus bicicletas en los aparcamientos de la calle.

Ambos actos fueron reivindicados por Arran, la organización juvenil de la izquierda independentista catalana. Aseguran que actuaron “en legítima defensa contra un modelo que nos quiere esclavas y que convierte al país en un parque de atracciones que únicamente beneficia a la burguesía y al capital”. La asamblea de Arran del barrio del Poblenou clamaba en un tweet: “Ya estamos hartas de la ocupación por parte de empresas turísticas del espacio público del barrio. Actuemos! Únete al combate”.

El Ayuntamiento de Barcelona condenó el acto contra el bus turístico, pero lo definió como un “hecho aislado”. Agustí Colom, concejal de Empresa y Turismo del Ayuntamiento de Barcelona, desvinculó este suceso de cualquier movimiento de protesta vecinal. “La fisonomía de las personas que intervinieron y el espacio no responde a la expresión habitual de ningún movimiento vecinal ni de ninguna entidad. Entendemos que es un acto que obedece a otros objetivos”, aseguró el concejal. Colom reconoció, sin embargo, que los vecinos de la ciudad los alertan “de otras maneras, como encuestas u otras expresiones” de las presiones que viven algunos barrios de Barcelona. Insistió que este hecho “no responde a las críticas que se podrían hacer al modelo turístico, sino a un acto vandálico que ha tenido como objeto un bus turístico”. La Generalitat ha expresado que “velará por los visitantes y por la imagen de la marca Cataluña” y para ello ejercerá la acusación particular en la causa de este ataque.

La alcaldesa Ada Colau se pronunció a través de las redes sociales, donde afirmaba que “protestar por el turismo no puede pasar nunca por intimidar a personas ni dañar equipamientos”. El lunes 7 se celebró una comisión extraordinaria para abordar políticamente el asalto al autobús y otros sabotajes promovidos por grupos de la izquierda independentista y la oposición la criticó por haber fomentado el odio a los visitantes con sus políticas. Las agencias de viajes se unen a estas acusaciones y culpan a Colau de fomentar la “turismofobia”. El presidente de la Ceav (Confederación Española de Agencias de Viajes), Rafael Gallego, mostró su preocupación por el incremento de actos de “turismofobia” registrados en las últimas semanas en algunas ciudades españolas, y alertó de que podrían derivar en incidentes “aún más graves” si no se le pone freno. Gallego añadió que la situación comenzó a fraguarse el pasado verano con algunas pintadas y declaraciones como las del consejero de Turismo de Baleares Biel Barceló o la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a los que ha acusado de “incendiar el debate”.

Las protestas también crecen en Mallorca, donde han surgido colectivos como La ciutat per a qui l’habita o Palma21. El año pasado ya había pintadas contra el turismo en el centro de Palma, pero los episodios vandálicos se han endurecido este año, entre las cuales destaca el uso de bengalas, pancartas y confeti lanzado a los turistas de la terraza de un restaurante del Moll Vell.

En el País Vasco, la preocupación por estas protestas comenzó el jueves 3 cuando las juventudes de la izquierda abertzale convocaron una marcha para el día 17 de este mes en Donosti contra el turismo en San Sebastián, una gran manifestación en contra del turismo con el lema “Vuestro turismo, miseria para la juventud”. La inquietud se acrecentó este miércoles cuando las juventudes de Sortu, Ernai, atacaron con pintura la sede de la Agencia Vasca del Turismo Basquetour en Bilbao. Partidos e instituciones salieron en defensa del sector y algunas fuerzas, como el PSE, pidieron a la izquierda abertzale que pusiera fin a las protestas de sus jóvenes. La secretaria general del PP de la CAV, Amaya Fernández, presentó ayer la declaración que harán en las instituciones vascas para que estas adopten una posición “firme y serena” de apoyo al sector turístico.

En Andalucía, los partidos no ven riesgo de “turismofobia” pero piden mejorar las condiciones laborales en el sector. Sobre este asunto se pronunció esta semana el consejero andaluz de Turismo y Deporte, Francisco Javier Fernández, quien abogó por distribuir en el territorio la “presión turística” para evitar conflictos entre turistas y vecinos. En cuanto a Valencia, el presidente valenciano Ximo Puig considera que en su comunidad lo que hay es “turismofilia”, ya que esta región, a su juicio, es “abierta, hospitalaria y de vocación turística”. Puig cree que el debate generado es “artificial”, porque “siempre ha habido problemas cotidianos”, que “no son turismofobia”, al tiempo que ha criticado al PP por “instrumentalizar” este asunto.

Para Rajoy, atacar al turismo es un “sinsentido” y un “disparate”

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, afirmó este miércoles que el turismo es “fuente de riqueza, empleo y prosperidad” y advirtió de que atacar a este sector es un “sinsentido” y un “disparate”. “Nunca creí que tuviera que hacer una defensa del sector turístico español. Es algo verdaderamente inaudito”, aseguró el jefe del Ejecutivo, para quien atacar al turismo “no ofrece ninguna alternativa sensata” y “eso sólo puede quererlo gente muy radicalizada”. “Avanzamos más y mejor cuando caminamos juntos”, subrayó. “Queremos sumar y no queremos dividir. Todo eso aporta y todo eso nos beneficia para poder conseguir un país mejor. Rajoy señaló que quiere que “venga gente, abrirnos a los demás”. También cargó duramente contras los “radicales: “Cuando se divide y se pretende radicalizar a la sociedad y se le quiere dar el protagonismo que no pueden tener a los extremistas, pues las cosas sin duda alguna van a mucho peor”.

Efecto en la imagen exterior de España

Año tras año, España bate récords, hasta superar los 75 millones anuales de visitantes. En cinco años, el turismo internacional ha crecido más de un 30%. Los 36 millones de turistas que visitaron España en el primer semestre del año gastaron un 14,8% más que en 2016. El dato favorece a la economía española no sólo porque sea positivo y muestre un aumento superior a los dos dígitos, sino porque además supera en un 3,2% al del incremento de visitantes recibidos, que crecieron un 11,6% hasta junio.

Una duda generalizada es si el fenómeno de la “turismofobia” afectará a la demanda de turismo en España. La prensa internacional ya se ha hecho eco del ataque antiturístico. El diario británico The Independent situó a Barcelona como uno de los ocho destinos que más odian a los turistas. El ministro del ramo, Álvaro Nadal, tuvo que salir al paso y afirmó que “no es tanto un fenómeno social como político”.

Los hoteleros están negociando los contratos y precios para 2018 con los turoperadores y las Islas están a rebosar de turistas, lo que multiplica la difusión y las consecuencias de este tipo de informaciones. La principal patronal de turoperadores y agencias de viajes del Reino Unido (ABTA), que engloba a más de 5.000 empresas en total, apunta directamente al alquiler turístico. Considera que la falta de regulación en torno a esta actividad ha provocado la saturación turística que, a su vez, ha conducido a organizaciones como Arran a practicar la turismofobia. “Existe cierto grado de resentimiento y malestar en algunos destinos y las autoridades deben buscar la forma de abordar esta cuestión”, subrayan desde la patronal. No obstante, en ABTA están convencidos de que “las autoridades españolas harán todo lo que sea necesario para salvaguardar la seguridad de los turistas”, al tiempo que destacan que aún no se ha producido ningún asalto directo a viajeros. “El turismo supone enormes beneficios tanto para Cataluña como para Baleares, por lo que estamos seguros de que los gobiernos locales se toman en serio cualquier asunto relacionado con una industria tan importante”, matizan, al ser cuestionados acerca de la actitud de ambas regiones.

Sofia Villa

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