Tres meses de protestas, más de 300 muertos y nuevas oleadas de ataques en Nicaragua

Daniel Ortega  | Wikipedia
Daniel Ortega | Wikipedia

Nicaragua vive desde hace unos meses una delicada situación. Todo comenzó el 18 de abril, cuando el Gobierno de Daniel Ortega, en la presidencia desde 2007, decidió realizar ciertas reformas en la Seguridad Social. Estas reformas tenían como objetivo salvar el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, en riesgo de quiebra debido a la mala gestión durante años anteriores.

Las reformas consistían en subir la cuota de la patronal, subir los impuestos de los trabajadores y jubilados y crear nuevos impuestos. Esto afectaba directamente a la sociedad nicaragüense, pues los jubilados perderían cerca del 5% de su pensión, las empresas pequeñas y medianas se verían con problemas financieros, y las grandes empresas estarían obligadas a despedir a gran parte de sus trabajadores.
Comienzo de la crisis nicaragüense

Por ello, el 18 de abril las calles de Nicaragua se llenaron de jubilados, estudiantes y empresarios, entre otros, que rechazaban la propuesta de reforma de Daniel Ortega. A su vez, miembros de la Juventud Sandinista se mostraron a favor del cambio y mostraron su apoyo al Gobierno.
El 19 de abril, las protestas se extendieron por todo el país y se dieron las primeras muertes de manifestantes. Durante los días posteriores se produjeron más muertes, y las protestas pasaron de rechazar la reforma de la Seguridad Social a pedir la dimisión de Ortega.

El 1 de mayo, el balance era de 43 muertos. Ortega seguía sin reconocer la violencia ejercida por el Gobierno. Cada manifestación, cada marcha, cada concentración, se saldaba con nuevas víctimas. Las fuerzas de choque actuaban con crudeza, y el número de muertos ascendía con el paso de los días.
Tres meses de conflicto

El 7 de julio, las ciudades de Jinotepe y Diriamba presenciaron nuevos enfrentamientos entre sectores de la población y fuerzas gubernamentales. Murieron 21 personas, que elevaron la cifra de víctimas mortales a 351.
El 17 de julio, cuando la crisis nicaragüense cumplía los tres meses, fuerzas paramilitares y policiales del Gobierno asediaron la ciudad de Masaya y atacaron el barrio indígena de Monimbó, causando la muerte de al menos 4 personas, entre las que se encuentra un agente de Policía. La población, mientras tanto, se resguardaba en sus hogares del peligro que suponía salir a la calle ante tal situación.

Los daños humanos y materiales que está sufriendo el país son incalculables. El Gobierno sandinista continúa con sus permanentes ofensivas a civiles, y las protestas aumentan con el aumento de la represión y violencia. En cuanto al panorama internacional, tanto la ONU como los mandatarios de otros países latinoamericanos califican la situación como insostenible, y piden el cese de la violencia para que el diálogo político permita encontrar una solución al conflicto.

Adriana L. Marturet

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