Tormenta política en Brasil

Michel Temer se encuentra en la cuerda floja. Tras un convulso mes de mayo lleno de acusaciones, investigaciones, protestas y supuestas pruebas que lo imputan, el presidente brasileño se aferra desesperadamente al cargo. Sin embargo, la controversia y la polémica de esta crisis política crece por momentos y, con ello, las críticas, tanto de la oposición como de su propia base aliada.

El miércoles 17 el diario ‘O Globo’ reveló el contenido de una conversación entre Temer y Joesley Batista, uno de los dueños de la multinacional cárnica JBS, en la que el presidente brasileño coincide supuestamente en sobornar a Eduardo Cunha, ex diputado y en prisión por corrupción, para comprar su silencio. El jefe de Estado negó tajantemente esas acusaciones, pero el STF (Supremo Tribunal Federal) abrió el jueves una investigación sobre el caso. Asimismo, una serie de delaciones de ejecutivos de la empresa JBS revelaron el pago de unos 121 millones de dólares aproximadamente a políticos y funcionarios públicos, entre ellos Temer y la expresidenta Dilma Rousseff, la cual fue destituida en agosto de 2016. Un empresario testificó que JBS soborna a Temer desde 2010, implicando al presidente brasileño en este escándalo de corrupción.

Operación Lavajato

Las acusaciones se amontonan contra el presidente. El viernes 19 la Fiscalía de Brasil acusó a Michel Temer de intentar obstruir el avance de la investigación de Lava Jato, que inspecciona la trama corrupta en ‘Petrobas’ desde 2013. Según este documento, Temer actuó conjuntamente con el excandidato presidencial Aécio Neves, el cual fue suspendido de su representación en el Senado y de la presidencia del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) el día anterior. Rodrigo Janot, Fiscal General de la República, señaló en el texto que “Aécio Neves, en articulación, entre otros, con el presidente Michel Temer, buscaron impedir que avancen las investigaciones de Lava Jato” a través de “medidas legislativas” o por medio del “control de nombramientos de los comisarios de la policía que conducirían las investigaciones”. El texto concluye alegando que “se vislumbra la posible práctica de delito de obstrucción a la Justicia”.

Mensaje a la nación

Temer, decidido a resistir la avalancha de acusaciones y las peticiones de su dimisión, se dirigió el jueves a la nación para anunciar que no renunciará a su cargo. Dos días después, solicitó la suspensión de las investigaciones en su contra en un segundo discurso a la nación desde el palacio de Plenalto. El mandatario pidió al STF que “suspenda la investigación hasta que se verifique la autenticidad de la grabación”, alegando que las pruebas fueron “manipuladas”. Según el presidente, la grabación, que fue hecha de forma oculta el 7 de marzo durante una reunión en su residencia, fue “clandestina, fraudulenta y adulterada con objetivos claramente subterráneos”. A su vez, se presentó como el “moralizador” de las instituciones públicas brasileñas. “Brasil no saldrá de sus carriles. Yo continuaré al frente del gobierno”, declaró. También advirtió de que la apertura de la investigación judicial complica la recuperación económica de Brasil, sumergido en una dura recesión desde hace dos años.

No es lo que parece

Temer tiene clara su estrategia: invalidar las pruebas. Para ello, se apoyó en un artículo del periódico Folha de Sao Paulo en el cual el perito judicial Ricardo Caires dos Santos señala que la grabación está editada con “más de 50 cortes”. No obstante, la fiscalía manifestó que la conversación es “fiable e inteligible”. Temer ha sido criticado por no haber denunciado a Batista por sus confidencias ilegales. Sin embargo, el presidente aseguró que no rebatió al empresario cuando le confesó que estaba pagando sobornos porque “pensaba que estaba inventando esa historia” dentro de la “fanfarronería” que le es propia. Según numerosos juristas, esa omisión ya condenaría al presidente, pues en Brasil se castiga al funcionario público que no denuncie un delito del que haya sido conocedor.

Cambio de táctica

Pero la defensa pronto pasó a un contraataque. Temer acusó a Batista de cometer el “crimen perfecto”. Aseguró que, consciente del “caos” que generaría su audio, obtuvo “millones y millones de dólares en menos de 24 horas”. “Hubo una grave planificación –asegura Temer–. “Gracias a la grabación fraudulenta y manipulada, especuló contra la moneda nacional. La noticia fue filtrada por gente ligada a su grupo empresarial, que antes compró 1000 millones de dólares. Por otro lado, sabiendo que la divulgación de la grabación reduciría las acciones de su empresa, las vendió antes de la caída de la Bolsa”. Así, se presenta como víctima de un complot para acabar con su gobierno, el cual según él “incomoda” al no haber sido transigente con “oportunistas” que quieren lucrarse ilícitamente. El mandatario añadió que el dueño de JBS “está libre y suelto, paseando por las calles de Nueva York”.

Apoyo parlamentario

Aun acorralado por las denuncias y los pedidos de renuncia, Temer lucha contra viento y marea por preservar su frágil gobierno, que ha sido profundamente golpeado por las denuncias de corrupción. La consternación e indignación no solo se ha hecho patente en los ciudadanos, sino también en sus propios aliados. Aunque de momento Temer mantiene el grueso de su apoyo parlamentario, que incluye a su propia fuerza política, el PMDB, y al PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño), la falta de apoyo se hace cada vez más evidente. De hecho, el sábado pasado el PSB le retiró el respaldo. Así, crece la incertidumbre de si podrá disponer de fuerza suficiente para aprobar la reforma del recorte de las pensiones.
Por otra parte, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva ha alzado la voz por primera vez desde que estalló la nueva crisis para instar la renuncia de Temer y elecciones anticipadas. Lula, a pesar de los cinco procesos judiciales abiertos contra él también por corrupción, lidera todas las encuestas y podría presentarse de nuevo como candidato a la Presidencia. Pero el expresidente tampoco sale incólume de las confesiones de los dueños de JBS, que aseguran que entregaron unos 45 millones de euros en donativos ilegales al Partido de los Trabajadores de Lula.

Protestas contra Temer en Brasil

Oposición

La OAB (Orden de Abogados de Brasil), una poderosa organización que engloba a letrados de todo el país, ha encontrado indicios de “responsabilidad criminal” y ha acordado presentar en el Congreso una solicitud de impeachment (juicio político) del presidente. Según dicta la Constitución, esa iniciativa se permite a cualquier ciudadano. De hecho, este grupo de abogados ya lo hizo el año pasado para sumarse a la decisión que acabó con la presidencia de Dilma Rousseff.
Desde la oposición también hay pedidos de impeachment presentados en la Cámara de Diputados (exactamente ocho), y varios legisladores de la base aliada proponen abiertamente la renuncia de Temer. “Sugeriremos la renuncia del presidente porque perdió las condiciones de gobernar”, dijo el secretario general del PSB, Renato Casagrande. Si Temer consigue evitar un impeachment tendría que enfrentarse a partir del 6 de junio a la reanudación del proceso en el TSE (Tribunal Supremo Electoral) de una denuncia que podría conllevar la anulación de las elecciones de 2014.

¿Vuelta a la dictadura?

Ante una masiva protesta el miércoles 25 en las calles de Brasilia que demandaba la renuncia de Temer, el presidente brasileño movilizó a las Fuerzas Armadas para mantener el orden y la seguridad en la capital. Sin embargo, el jueves retiró al Ejército tras fuertes críticas que llegaron a comparar la decisión del presidente de Brasil de desplegar las tropas durante la manifestación con los tiempos de la dictadura. La protesta estuvo protagonizada por unas 50.000 personas y se saldó con graves disturbios y un ministerio parcialmente incendiado.

La presión por su salida aumenta y aviva una incierta crisis. Ante a las críticas, el ministro de Defensa Raúl Jungmann defendió el refuerzo de los militares calificándolo de “necesario” debido al “clima de barbarie”. Sostuvo que el Gobierno “no tolerará el desorden” y actuará siempre dentro del marco constitucional para “preservar la vida y la seguridad de las personas”.

Fuerzas de la policía en Brasilia.

Nuevo sustituto

Todo este escándalo político ha desatado abundantes conjeturas acerca de un posible sucesor en caso de que Temer finalmente se vea obligado a dejar el poder. El clima aciago ha llevado a cuantiosas exigencias de renuncia de Temer, quien aguanta estoicamente las presiones y se niega a dimitir. Garantiza que el país “no está parado” y que las instituciones “funcionan”.

Sin embargo, la prensa local habla de negociaciones en los partidos de la coalición de Gobierno. “Temer perdió las condiciones mínimas para gobernar. Debemos buscar una transición equilibrada”, afirmó ayer el diputado Carlos Sampaio, del PSDB, uno de los más importantes en la coalición oficialista.

Según la Constitución, transcurrido más de la mitad del mandato de cuatro años que comenzó Dilma Rousseff en 2015 y que prosiguió Temer, una ausencia del presidente supondría una elección parlamentaria indirecta para designar a su sucesor. Esa elección debería ser convocada en un plazo de 30 días por el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia.

Así pues, ya se barajan posibles candidatos a suceder a Temer. Uno de ellos es el jurista Nelson Jobim, vinculado al PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), aunque esta semana negó que pueda pretender a la Presidencia cuando fue consultado públicamente sobre el asunto. En las quinielas también figuran el actual ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, así como el expresidente Fernando Henrique Cardoso, líder del PSDB. También se contempla a la presidenta del Supremo, Carmen Lucía Antunes. y en los últimos días se sumó a la lista el actual presidente del PSDB, Tasso Jereissati, propuesto ayer por el gobernador de Ceará, Camilo Santana.

Sofía Villa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *