Siria: internacionalización y partición

Partición Siria | Google Maps
Partición Siria | Google Maps

Los primeros meses de 2018 han confirmado la apertura de una nueva fase en la compleja guerra que se lleva librando en Siria desde hace siete largos años. La creciente intervención internacional, unida al naufragio del protoestado que ISIS había establecido en el Este del país, abren un nuevo periodo, con un gobierno sirio consolidado gracias al apoyo ruso-iraní, pero incapaz de evitar una partición de facto.

La consolidación del gobierno

Hasta 2016, la situación de los restos del naufragio del antiguo estado sirio era crítica, pero el decisivo apoyo ruso proporcionó un oxigeno vital que permitió terminar con la larga batalla de Aleppo. Tras la gran victoria, el ejército sirio, con el constante apoyo ruso y de milicias chiíes (Irán, Hezbollah…), se ha visto en condiciones de presionar en un frente tras otro, logrando una cadena de éxitos que se alarga hasta el día de hoy: frente a ISIS en el Este (Palmyra, Deir ez Zor, Al Bukamal, Mayadin, Damasco…) y frente a los rebeldes islamistas (Noreste Idlib, Ghouta Oriental, Qalamoun Oriental…). Todo ello ha supuesto una consolidación del gobierno de Bashar al Assad, asegurando las zonas más pobladas y el corazón del país.

Además, recientemente, tras el ataque químico en Ghouta (sea real o supuesto), la reacción de EEUU se ha probado meramente simbólica, demostrando de nuevo la incapacidad o la falta de alternativa al gobierno sirio. Sin embargo, el éxito no deja de ser parcial, ya que una parte considerable de Siria sigue estando totalmente fuera del alcance del gobierno, en manos de rivales protegidos, al igual que propio estado sirio, por potencias foráneas. Además de todo ello, son continuos los ataques quirúrgicos israelíes, que golpean impunemente posiciones gubernamentales y de milicias chiíes, evitando siempre cualquier incidente con Rusia.

La derrota de ISIS en Siria

2017 fue sin duda el año del hundimiento del califato en su fuedos sirio-iraquíes. Sus territorios en Siria se han visto aplastados en una pinza mortal entre la ofensiva del gobierno sirio (et alii: Rusia, Irán, Hezbollah…) por el Oeste, y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, formadas por las YPG/J kurdas y diversas milicias locales) con el apoyo de EEUU.
Sin embargo, a pesar de la debacle, ISIS sigue manteniendo en el país cuatro reductos menores y aislados, desde los cuales se ha mostrado más que capaz de preparar desagradables sorpresas a sus atacantes e, incluso, retomar la iniciativa, aprovechando que el resto de actores ya no lo tiene como su principal adversario.

El naufragio de la rebelión

Desde que estalló la guerra en 2011 hasta finales de 2016, la rebelión se fue radicalizando progresivamente, aumentando su poder e influencia ya no meras facciones islamistas y salafistas, sino directamente la filial de Al Qaeda y el propio ISIS. La miríada de brigadas locales fue progresivamente eliminada, más que por el gobierno, por las endémicas luchas intestinas, siendo fagocitadas e, incluso, destruidas físicamente. Esta fragmentada y conflictiva situación en el bando opositor ha evitado que surja una alternativa factible al gobierno sirio, una condición fundamental para cualquiera que tenga sobre la mesa un plan de derrocamiento del gobierno y desee tener unas mínimas garantías.

Si bien esta tendencia entre los rebeldes de fragmentación, radicalización y conflictos internos ya estaba consolidada en 2016, la novedad principal estos últimos meses ha sido el fin de los últimos feudos rebeldes en el corazón del país (salvo un aislado islote al Norte de Homs) y la pérdida de la zona oriental de Idlib. Con ello, la rebelión ha perdido su autonomía por completo, conformándose por una franja Norte subordinada a Turquía, otra al Sur en la frontera jordana y dos focos dependientes de EEUU (Al Tanf y SDF).

La irrupción del Imperio Otomano

Turquía intervino desde un principio en favor de la rebelión, facilitando la logística, donando suministros, permitiendo el paso de voluntarios de todo tipo, acogiendo grupos insurgentes… Ahora bien, desde 2016, ante el crecimiento de los kurdos a expensas de ISIS de la mano de EEUU, el país otomano ha decidido intervenir directamente, ya que considera cualquier movimiento kurdo vinculado al PKK una amenaza existencial.

La intervención militar turca en Siria puede dividirse en tres actos principales:

1. Una primera intervención contra ISIS en 2016, con el fin de evitar que los kurdos conectasen Afrín con Kobane.

2. Una segunda intervención en 2018, tomando al asalto el cantón kurdo de Afrín.

3. La colocación en 2018 de una serie de “puestos de observación” en el frente entre los rebeldes/yihadistas de Idlib y el gobierno sirio.

La paradójica situación de que uno de los principales estados de la OTAN (Turquía) ataque directamente a una facción apadrinada por EEUU, ha supuesto un maremoto geopolítico de primer orden. Rusia e Irán han visto sagazmente la oportunidad de arrebatar a “Occidente” un aliado clave y estratégico, escenificando un acercamiento cuyas consecuencias todavía están por ver.

Todo esto supone que, entre territorios controlados directamente o bajo su protectorado, Turquía tiene en sus manos 10000 kilómetros cuadrados en el Noroeste de Siria. Una región en la cual están consolidando instituciones propias y reasentando refugiados opositores al gobierno sirio.

El dilema kurdo: entre la espada turca, la pared siria y el cielo americano

Cuando en 2014 las triunfantes hordas de ISIS estuvieron a punto de aniquilar a los kurdos en Kobane, estos aceptaron el cheque que les ofreció la Coalición encabezada por EEUU para rescatarles y apadrinarles. Esto ha supuesto la conformación de una confederación, Syrian Democratic Forces (SDF), que ha capturado estos años un considerable espacio al Norte del Eúfrates.

Una vez arrinconado ISIS, las SDF dominan un territorio enorme con unos atractivos campos petrolíferos y una población árabe considerable, atrapados entre los hostiles turcos al Norte, que ya han arrasado el cantón más occidental (Afrín), y el gobierno sirio, que aspira al recuperar sus territorios de 2011. Rodeados y vulnerables, las SDF son totalmente dependientes de la Coalición encabezada por EEUU, tanto de su superioridad aérea como de sus bases terrestres.

Partición de facto

En consecuencia, hoy por hoy nos encontramos ante una Siria arrasada y dividida de facto en tres grandes bloques:

• El gobierno sirio, apadrinado por Rusia e Irán, controla las zonas más centrales y occidentales más pobladas.

• Las SDF, apadrinadas por la Coalición dirigida por EEUU, tienen bajo su dominio el Norte del Eúfrates.

• Las fuerzas turcas y sus milicias aliadas, que controlan efectivamente buena el Noreste de Siria y tiene bajo su protección al inestable feudo rebelde de Idlib.
Aparte de estos tres grandes núcleos, existen otros de menor importancia y tamaño: el espacio rebelde en Daraa, en la frontera jordana; la bolsa rebelde al Norte de Homs; y cuatro bolsas de ISIS desperdigadas por la geografía siria.

El futuro

Tras siete años de conflicto, la guerra en Siria cambia de actores pero sigue sin verse un final en el horizonte. La actual partición en marcha solo permite dos salidas a medio plazo: un acuerdo entre las potencias que la consolide cerrando flecos sueltos (bolsas ISIS y Norte de Homs) o una nueva fase del conflicto. A favor de la primera solución estaría la actitud de Turquía y Rusia, con reuniones bilaterales y una distención evidente en los frentes que comparten sus respectivos clientes. Sin embargo, a favor de continuar el conflicto está el difícil encaje de las SDF en su enorme territorio, ambicionado tanto por rebeldes pro-turcos como por el gobierno sirio, aparte de la fuerte presencia de extremistas de todo signo.

A corto plazo, la guerra continuará provocando destrucción y dolor a un país absolutamente arrasado. Sin embargo, el hecho de que los frentes se hayan racionalizado puede suponer que en grandes áreas pueda volver la vida civil y comience una reconstrucción, que durará décadas, arrastrando durante generaciones las terribles heridas abiertas.

1. ¿Guerra civil?: Es un debate continuo, para unos estamos ante una guerra civil circunscrita en un país y entre actores locales, con una mayor o menor participación exterior. Sin embargo, otros defienden que es un conflicto internacional que se combate en Siria. Ambas concepciones son defendibles, aunque conforme avanza el conflicto, el carácter internacional se acentúa y el local se vuelve más tenue.

Evitando generalizaciones, no existe una guerra civil ni internacional, sino una serie de conflictos cruzados entre diferentes actores, unos locales, otros regionales y otros globales.

2. ¿ISIS o Daesh?: Es una polémica que llevamos arrastrando desde 2014, el grupo se autodenominó Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS en inglés) y califato, lo cual ha llevado a numerosos grupos a pedir que no se denominen así, como dirigentes del Islam. La alternativa que se ha levantado ha sido el término Daesh, que no deja de ser el mismo acrónimo, pero en árabe y, al parecer, resultando molesto a los miembros del grupo.

Como se ha podido notar en el artículo, en mi caso utilizo la terminología ISIS, ya que considero que son una facción fanática y pervertida, pero evidentemente religiosa. En las religiones, cada facción se arroga la representación del contacto con la divinidad, y esto no indica que el resto se sienta identificada ni mucho menos.

3. La dificultad de las particiones: la ONU no deja de ser un club selecto de naciones con estado, las cuales salvaguardan su soberanía nacional como su bien más preciado, aparte de como garantía de estabilidad. Trocear o siquiera separar un fragmento de un estado se considera un asunto indeseable y muy delicado, lo cual implica que la gran mayoría de cambios territoriales terminen anclados en una especie de limbo, con un hecho consumado no aceptado por la legislación internacional (Kosovo, Crimea, Osetia del Sur, Sahara Occidental…).

En el caso de que la guerra siria congelase sus frentes, manteniendo la actual situación de partición, probablemente tendríamos una situación similar, con una división de facto no reconocida internacionalmente.

Tomás Purroy

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