«El silbido del arquero atrapa el reflejo de nuestros conflictos contemporáneos», entrevista a Irene Vallejo

Fotografía tomada por Santiago Basallo

La última publicación narrativa de Irene Vallejo El silbido del arquero sorprende gratamente al público presentando uno de los episodios más conocidos de la Eneida virgiliana: la tragedia vivida por el griego Eneas y la cartaginesa Dido. Tal éxito creativo nos plantea una serie de preguntas acerca de su formación y obra que ha tenido la amabilidad de responder de su puño y letra.

Existe tras el Silbido del arquero toda una historia compuesta por años de evolución. ¿Podrías contárnosla?
Siempre he sabido que escribir sería mi oficio, desde que tengo memoria. Cuando era una niña, me fascinaban las historias orales y escritas, que yo continuaba en mi cabeza como un juego. Desde que aprendí mis primeras letras, garrapateaba cuentos en mis cuadernos. Con los años, descubrí el enorme reto y las dificultades de llegar a ser escritora, pero seguí pensando que era la mejor profesión posible y plasmando sobre el papel mis fantasías. En la adolescencia publiqué relatos breves y, más adelante, un ensayo sobre el poeta Marcial, resultado de las investigaciones de mi doctorado en letras clásicas. Después llegó la posibilidad de colaborar en la prensa y de editar sucesivas recopilaciones de textos periodísticos, como la reciente Alguien habló de nosotros. He publicado también varios libros infantiles y dos novelas (La luz sepultada y El silbido del arquero), después de una lenta ruta de aprendizaje y reflexión. No quería precipitarme, creo que la literatura es fruto de muchas búsquedas, del adiestramiento de la mirada y de una larga paciencia.

¿De dónde surge, al final del camino, la inspiración para escribir esta obra?
Siempre me ha apasionado la mitología clásica. Mi padre me leía la Odisea antes de dormir y así las leyendas clásicas invadieron el mundo de mi infancia. Más adelante estudié latín y griego antiguo porque creo que el pasado es nuestro único mapa del futuro. Decidí enfrentarme al reto de recrear el mito de Dido y Eneas como novela contemporánea porque sus personajes me parecían asombrosamente actuales. El silbido del arquero atrapa el reflejo de nuestros conflictos contemporáneos. La sombra del poder sobre la libertad individual. La emigración, el viaje, la guerra. Las dificultades de una mujer poderosa en un universo de hombres y sus deseos de ser madre cuando su tiempo se acaba. El drama de los desahuciados. La mirada de una adolescente sobre la convulsa vida adulta. La violencia, el destino, la suerte.

El enfoque al que se someten los personajes principales, Eneas y Dido (presentada la última como Elisa), es el de un guerrero que desea entregar la espada y una estadista en un periodo crítico para la ciudad de Cartago.
Me interesaba plantear una situación poco frecuente, el reverso de los estereotipos habituales. La reina Elisa (nombre fenicio de Dido) es ambiciosa y tiene hambre de poder. Eneas es un guerrero derrotado que lo ha perdido todo en asedio de su ciudad y huye en busca de un lugar pacífico donde construir una nueva vida. Estos dos personajes tan distintos tienen que enfrentarse juntos a una serie de asesinatos misteriosos, a peligros ocultos, a expediciones en el desierto y a una historia de amor obstaculizado.

Llama la atención la manera en que Virgilio (autor de la obra original) interviene en tu historia ¿Por qué no es representado de manera deslumbrante, sino todo lo contrario?
El atormentado Virgilio pasea por una Roma que es capital mundial, alabada por sus mármoles y sus victorias, pero que oculta una grave miseria, dolorosas desigualdades y una desenfrenada codicia. Es un escritor de éxito, pero siente que se ha vendido al poder. Se angustia, porque está al servicio de quienes hacen la historia y sin embargo se siente más cerca de quienes la sufren. Su dilema es un dilema muy actual, la relación del escritor con el poder. El conflicto entre el propagandista en el que le obligan a convertirse y el testigo veraz que intenta ser. A través de este personaje y sus secretos, la novela intenta desvelar las sombras que ocultan las épocas doradas. También nosotros hemos descubierto la podredumbre que acechaba tras la aparente prosperidad en los tiempos de la burbuja.

¿Hay cierta intervención de realismo en la clarividencia de Ana?
Ana es una adivina que, en realidad, no tiene poderes mágicos, pero sabe manipular con habilidad las supersticiones y la credulidad de los demás. Disfruta de un poder peligroso, que en cualquier momento puede volverse contra ella. La novela también explora cómo nuestras creencias, aunque sean falsas, acaban teniendo consecuencias reales.

La presencia de los dioses en obras literarias clásicas por norma general está acompañada de gloria. El Arquero en esta historia presenta unas meditaciones respecto a la relación entre dioses y humanos muy particulares.
Como dices, el personaje más travieso de la novela es Eros, el Amor pagano, que merodea entre los protagonistas, sembrando el deseo entre ellos. Le encanta inmiscuirse en las vidas ajenas porque está aburrido de la eternidad. Este inmortal envidioso mueve los hilos de la trama y además ofrece una perspectiva distinta, humorística e inesperada de los acontecimientos. Dar voz a este dios fue uno de los grandes desafíos del libro, y la parte más divertida de escribir.

Fotografía: Santiago Basallo

En tus publicaciones es habitual la narración de los hechos de nuestro pasado para aclarar nuestro presente. ¿Qué enseñanzas encontramos tras el Silbido del Arquero?

Cuando escribo sobre el pasado, me interesa el mundo contemporáneo. Para mí, buscar inspiración en el mundo antiguo no supone una actitud escapista. La Antigüedad no es un cementerio ni un museo de cera, es el tiempo de nuestras raíces. Con El silbido del arquero quería recordar, en tiempos de xenofobia y populismos, que el fundador de Roma fue un refugiado de guerra. Que los grandes imperios, desde el imperio romano al estadounidense, se forjan en el mestizaje y la acogida, y serían impensables sin la mezcla de razas. Que el viaje y la aventura forman parte de nuestra genética. Que el miedo es una herramienta represiva en manos de los poderosos.

Cristina Gimeno Calderero

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