Si Trump se va, se queda solo.

El anuncio hecho público por Trump de sacar a EEUU del Acuerdo de París ha generado una ola de reacciones en la Comunidad Internacional. Pese a la posición de buena parte de las empresas más relevantes de EE UU – muchas de ellas de la “nueva economía”, de buena parte del sector energético de su país, e incluso de personas relevantes del Partido Republicano y de su propio equipo-, Trump ha decidido ponerse en el lado oscuro de la Historia.

Con esta decisión el presidente de los EEUU hace gala no sólo de una flagrante irresponsabilidad, sino también de una importante ignorancia o voluntad de manipulación. Cuando Trump afirma ““Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”, o bien desconoce la realidad del Cambio Climático o bien está mintiendo a sus ciudadanos en un claro acto de manipulación política.

Tampoco está contando a los estadounidenses lo que esto significa en la esfera internacional: la salida del Acuerdo de París supone el fin del multilateralismo vigente desde el fin de la II Guerra Mundial, incapacita a EEUU para seguir ejerciendo un liderazgo internacional y le apea de los puestos de cabeza de la innovación.

Miente también Trump cuando afirma tajantemente su salida del Acuerdo, ya que según figura en el propio texto, cualquier país, una vez ratificado el acuerdo, no podrá denunciarlo y solicitar su salida del mismo hasta tres años después de su entrada en vigor, lo que supone que hasta noviembre del 2020 no surtirá efecto. Además, los caprichos del calendario parece que han querido que sea un día después de las próximas elecciones presidenciales.

Este movimiento deja a Estados Unidos fuera de la Agenda global 2030 y le sume en un aislacionismo que hace imposible que mantenga ningún liderazgo internacional. En este escenario, es momento de que Europa lidere un red de alianzas globales de todos aquellos actores que se sitúan con la Agenda 2030 – que incluye el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible-. La retirada de EEUU debe ser un estímulo para que el resto del mundo redoble sus esfuerzos y se articulen nuevos liderazgos capaces de asumir el desafío que supone el cambio climático. El acuerdo que de forma inminente van a firmar la Unión Europea y China puede abrir un buen precedente en este sentido, e iniciativas como la Alianza de Marrakech, que buscar incorporar al conjunto de actores políticos, sociales y económicos a la lucha contra el Cambio Climático, pueden ser un buen instrumento para construir esa red global.

Por otro lado, hay que recordar que EEUU es mucho más que su gobierno: Un buen número de empresas de gran relevancia están invirtiendo en tecnologías limpias y energías renovables. Grandes compañías como Apple, BHP Billiton, BP, Dupont, General Mills, Google, Intel, Microsoft, National Grid, Novartis, PG&E, Schneider Electric, Shell, Rio Tinto, Unilever y Wallmart, remitieron una carta al presidente Trump pidiendo que EEUU permaneciera en el Acuerdo de París.

Por su parte, la sociedad civil está cada vez más activa en la lucha contra el cambio climático – como muestran las encuestas que han salido a la luz en los últimos días-, y en las diferentes administraciones públicas están emergiendo voluntades diferentes a las del gobierno federal: Basta recordar que casi 40 Estados han legislado para promover las energías renovables, numerosas ciudades han aprobado metas de reducción de emisiones de CO2, e incluso 40 de ellas tienen planes para conseguir ser 100% renovables en el año 2035. Inmediatamente después de que Trump anunciara su salida del acuerdo de París, gobernadores de California, Nueva York y Washington, rechazaron la decisión y se declararon empezar a trabajar para generar alianzas entre Estados que mantengan el acuerdo. Algo similar hizo el alcalde de Pittsburgh, quien declaró que su ciudad no saldrá del acuerdo.

En definitiva, las primeras víctimas de la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París serán los propios estadounidenses. No obstante, lo grotesco de esta decisión no puede obviar las responsabilidades del resto, máximo en este cambio geoestratégico. Es más importante que nunca que la Unión Europea lidere una red global de actores políticos, sociales y económicos por la Agenda 2030, que incluya también a todos aquellos Estados, empresas o entidades de la sociedad civil estadounidense que no quieran bajar del tren de la Historia. Nos jugamos demasiado para escudarnos en los desvaríos de nadie. Ni siquiera de Donald Trump.

Cristina Monge, Politóloga. Directora de conversaciones de Ecodes.

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