Serlo y parecerlo

Irene Montero y Pablo Iglesias en el Congreso | EFE
Irene Montero y Pablo Iglesias en el Congreso | EFE

No seré yo quien diga lo contrario, a los políticos hay que pagarles bien. Nada de las absurdeces de limitación sueldos en base a 3 veces el salario mínimo porque tres y no dos o cuatro.

Es justo decir que también hay que pagar bien a todos los trabajadores por cuenta ajena, a los autónomos y a los pensionista, a los funcionarios y a los gestores públicos, a los asesores de los partidos, a las personas de confianza que les rodean y a todo aquel que tenga que ver con el proceso político y su ejercicio.

Básicamente porque dignificar la política es dignificar su ejercicio y para ello tenemos que ser capaces de hacer atractiva la cosa pública a los más capaces, los más preparados a los más valiosos y a los más dispuestos.

Y miren cosas de la vida para seleccionar a los mejores hay que pagarles como se les paga a los mejores en cualquier otro ámbito.

Y hecha esta disquisición impopular en cuanto a la retribución de los políticos, hablaremos de la hipocresía con este respecto precisamente de los defensores de lo contrario, aquellos que en brazos del populismo defendieron que los políticos ganan demasiado.

En estas semanas nos hemos encontrado con dos casos que tiene que ver con lo mismo, el complejo depauperante de la meta izquierda[1] política.

Uno un escándalo relativo al pago de un viaje a un destacado dirigente de Podemos en Zaragoza y la compra por parte de la familia Iglesias-Montero de un cuco casoplon en galapagar.

Pudieran parecer cosas distintas, pues nada más lejos. Tanto el caso de Guillermo Lazaro, por el que por cierto apostaría siempre a favor de su integridad personal y política , por otro el culebrón el de hogar fastuoso del Pablo e Irene. El cual han querido adornar con un plebiscito norcoreano para mayor sonrojo del personal.

No existe nada ilícito en ninguno de estos dos asuntos, no hay nada de malo a mi entender en comprar una casa de ese coste o más si se puede pagar.

No pasa nada porque una organización complemente de manera adecuada a un trabajador que cumple sus objetivos laborales y cuyo desempeño es bueno, como es el caso de Guillermo. El problema de todo esto viene de la doble moral, y del postureo ético.

Miren como decía antes, a los buenos hay que pagarles bien, porque entre otras cosas un buen salario permite una buena vida y los nobles anticapitalistas deberían reconocer ya a estas alturas de la historia las virtudes del buen vivir.

El objetivo de la auténtica izquierda debería ser lograr que todos podamos acceder a los mayores estándares de calidad de vida posibles, o lo que es lo mismo a la igualación por arriba, sin embargo nuestros queridos camaradas han intentado la igualación por abajo.

Yo como socialdemócrata quiero reducir la desigualdad pero sobretodo quiero extender el bienestar material al mayor número de personas posibles.

Me puede parecer mejor la cultura espartana de la sostenibilidad, la humildad y la austeridad. El expresidente Mujica es un ejemplo de esto y nunca nadie me habrá oído criticarlo. Y tiene una explicación muy sencilla, él es sincero, él no practica la contradicción, el vive como piensa, pero no juzga al que opta a vivir de otra manera.

La contradicción de Irene y Pablo es su pecado. Es un pecado de apariencia, de soberbia, de incoherencia, el pecado capital más grave de la nueva política y del populismo la destrucción del relato. Del relato del humilde, del esforzado, del que se iguala por abajo al necesitado para captar su empatía mediante el mito de la identificación.

Podemos construyó su crecimiento en la idea de la superioridad moral con respecto a los demás partidos, a los demás dirigentes. El significante de la Casta era claro, era la concreción narrativa y discursiva de un nosotros frente a un ellos. El relato era ganador pero contenía una exigencia fundamental y atroz que no era otra que la de no convertirse en aquello a lo que se le interpela.

Y la verdad que les ha costado poco sucumnbir. Optar por viajar a Nueva york con cargo del partido aun pagándolo posteriormente, jode sobremanera al que desando hacerlo no puede o tiene que endeudarse para hacerlo.

Comprar una casa en la sierra para que tus hijos puedan disfrutar de un entorno saludable y tranquilo es absolutamente justificable de no ser por el hecho de que entras en posición de privilegio con respecto al que no puede hacerlo.

Pero sobre todo tras haber argumentado previamente que hacerlo era la quintaesencia de la insolidaridad y muestra palpable del estatus capitalista. Este es un ejercicio absoluto de hipocresía.

Quizá me equivoque pero percibo en estos escándalos la perdida definitivamente de la pureza del partido postcomunista. El despertar de sus votantes y de sus aliados generacionales a la cruda realidad. El relato a fuerza de maximalista utópico y emocional era impostado. Y eso en política se paga. Si decimos transparencia hacemos transparencia. Si proclamamos normalidad y humildad toca vivir de ese modo.

Si lo decimos lo hacemos, pero de verdad y no solo de palabra.

Ya se sabe aquello de que la mujer del César debe parecer honrada pero sobre todo y como base práctica de todo este asunto debe serlo.

[1] Dicese de la izquierda obsesionada con parecer y demostrar continuamente su pureza izquierdista

Miguel Serrano, politólogo

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