¡Quieto todo el mundo!

Fabián SImón

No fue un 23 de febrero por poco, tampoco fue el octubre de 1917 aunque les hubiera gustado. Lo que sí fue, es un golpe de estado.

El pasado viernes 9 de febrero pasará a los anales de la política municipal como el día en que los Zaragozanos vivimos estupefactos cómo el Gobierno de la ciudad, apoyado solamente por 9 de los 31 concejales de la corporación municipal, tomaba la decisión, al amparo de una interpretación torticera de ley de capitalidad, de tomar el control directo de todas las sociedades municipales constituyéndose como junta general de éstas.

Hasta entonces, los consejos de administración de las sociedades municipales mantenían una representación proporcional al pleno del Ayuntamiento de tal manera que cualquier iniciativa podría ser conocida ,debatida y analizada por todos los grupos y en su caso para ser aprobada debería contar con mayoría suficiente, normalmente con los votos del PSOE y CHA, como correflejo de los apoyos de investidura que permitieron que un grupo de 9 concejales ostentara en solitario el Gobierno de la ciudad.

La esencia de la democracia es el pacto, el dialogo, el llegar a acuerdos; o al menos tener la firme voluntad de alcanzarlos.
Pero para Santisteve, como representante máximo de Zaragoza en Común, esto no debe ser así. Para él, la democracia parece ser otra cosa. Para ellos (ZEC) la democracia parece basarse en el uso arbitrario de la legalidad, en usar las instituciones para sus intereses partidistas, en gobernar bajo el paraguas del programa de máximos, ya no de sus votantes, si no de sus acólitos, sus fieles.

Lo suyo es el sectarismo, el desprecio al otro, el pensamiento único, el negar cualquier viso de verdad en la reflexión colectiva (de esa que siempre hizo gala ZEC), en la negación de la democracia, en realizar enmienda a la totalidad del concepto de mayoría democrática.

ZEC encarna y representa con éste y otros actos lo peor de los totalitarismos de base marxista. Totalitarismos que apuestan por la dictadura de la nomenklatura, esa élite a la cual La Verdad le ha sido revelada y está dispuesta a vulnerar los derechos de los que no han alcanzado esa sabiduría.

Representan con sus actos, sus gestos y sus pretensiones la antítesis de la izquierda trasformadora. Esa que ha intentado cambiar al mundo de base desde la convicción de la construcción de la hegemonía democrática. De esa izquierda que aun sin estar directamente en el gobierno ayudó con su oposición y ambición a construir el estado del bienestar. Si Gramsci levantara la cabeza, seguramente le sería (metafóricamente hablando) atravesada inmediatamente por un piolet empuñado por acólitos del camarada Cubero.

Es triste ver como la emoción y la buena fe de miles de votantes, que absolutamente ilusionados, creyeron en un proyecto que se evapora con cada una de las decisiones que toma Zaragoza en común. Los proyectos que lo integraban se han visto borrados de un plumazo y en ZEC ya no quedan socialdemócratas, ni libertarios, ni comunitaristas, ni nada de los movimientos sociales de base. Ni rastro de lo que alguna vez pudiéramos considerar bueno, útil o positivo dentro de esa izquierda.

Es difícil llegar siquiera a entender los motivos, así que nos centraremos en desmontar las excusas.

Es falso que la Ley de capitalidad les obligara a hacerlo. En todo caso y aunque les pueda facultar, queda muy claro que esa prerrogativa queda condicionada al prerrequisito de hacerlo en el contexto de “dar forma a la voluntad del Ayuntamiento”.

Es falso que la toma de decisiones estuviera siendo sistemáticamente bloqueada. Las Sociedades funcionan con normalidad y con cierto grado de consenso, excepto en temas muy concretos y polémicos. De hecho y para que sirva de ejemplo, en el último consejo de administración de Zaragoza Vivienda fueron aprobados todos los puntos del orden del día y las propuestas municipales a excepción de una.

Es cierto que algunas de las propuestas del gobierno se paralizan en los Consejos de Administración; recuerde el lector que Zaragoza en Común tiene 9 de los 31 concejales en el Ayuntamiento. La composición del Ayuntamiento es la que es, porque los Zaragozanos lo decidieron, y lo que decidieron es que nadie tuviera mayoría y negociaran para alcanzar acuerdos.

La decisión de ZEC abre un escenario desconocido y peligrosísimo para la ciudad de Zaragoza. Todas las opciones están abiertas, nuevos escenario y nuevas estrategias con consecuencias inimaginables e insospechadas. Malos tiempos para la democracia y para la ciudad de Zaragoza

Dicho lo cual, no sabemos cómo acabará el conflicto. Lo que sí parece claro es que ZEC, con este golpe, da por finalizada la legislatura con la toma del palacio de invierno y da comienzo al siguiente ciclo político.

Miguel Serrano

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