¡Que gane Merkel! ¡Que gane Schulz!

“En el ser humano cohabitan dos personalidades enfrentadas en eterno duelo” se lamentaba Harry Haller, el alter ego de Herman Hesse en su novela El Lobo Estepario. Más tarde Haller descubriría que no eran dos —la burguesa y la del lobo solitario, cargada de criticismo social— sino decenas las divisiones psicológicas del ser humano, organizadas en un complejo sistema identitario.

En este estado cuasi esquizofrénico me encuentro al analizar la cosa política alemana en este crucial año electoral. ¿Prefiero seguridad o cambio? ¿Bueno conocido o bueno por conocer? Mi dilema y el de no pocos alemanes de aquí al 24 de septiembre, cuando se lanzará la moneda al aire. ¿Efigie merkeliana o Mister Europa?

Por qué debe ganar Angela Merkel

Tras doce años como capitana de la locomotora continental, la canciller alemana se ha convertido garante de la estabilidad del proyecto común europeo, en eterna crisis desde el desastre económico de 2008 y los consiguientes programas de rescate, de los que los alemanes han sido principales pagadores y a su vez beneficiarios. Tras la recuperación económica, envidiable en el caso germano, se recrudeció la guerra fratricida a Siria, se apagó la llama republicana del ejemplo turco, quedó en bragas la separación de poderes en Polonia y Hungría, Estados Unidos avergonzó al mundo y Reino Unido soltó amarras. Y en medio de la agitación Europea de Le Pen, Orbán y compañía, la fiabilidad de Merkel supone un valor irrenunciable.

Ex European Parliament President Martin Schulz, left, talks with German Chancellor Angela Merkel, during an EU summit at the European Council building in Brussels. (AP Photo/Yves Logghe, file)

Angela Merkel fue quien —en palabras del candidato a la presidencia francesa Emmanuel Macron— “salvó la honra de Europa” al acoger a casi un millón de solicitantes de asilo. Y lo hizo a costa de un enorme capital político, que engulló con avidez la Alternative für Deutschland (AfD), la peor de las alternativas en su universo de nacionalismo y desprecio por lo que ignora.

La experiencia política de la primera mujer al frente del gobierno alemán es un valor incuestionable, frente al que Martin Schulz apenas puede ofrecer una vaga idea de cambio social, la esperanza que Obama alimentó y que fracasó en sus mayores promesas. Merkel sabe que la fortaleza económica y el bienestar de sus ciudadanos suponen su mayor baza en las próximas elecciones. Sesenta años se han cumplido ya desde aquel eslogan electoral de Adenauer, “Keine Experimente!” (¡sin experimentos!), y mi yo burgués se recrea en su impecable actualidad. ¡Que gane Merkel!

Por qué debe ganar Martin Schulz

Martin Schulz es la gasolina que incendió de vigor las ascuas casi extintas de la socialdemocracia. Desde que Sigmar Gabriel le cediese por sorpresa la jefatura del SPD —olvídense del invento de las primarias, que nunca les funcionó a los socialdemócratas—, Schulz fue ratificado como líder y candidato a la cancillería por un apabullante y norcoreano 100 % de los compromisarios del partido. Desde que se conociese su candidatura, el partido ha crecido más de diez puntos porcentuales en las encuestas, hasta situarse casi frente a frente con los cristiano-demócratas (CDU) de Merkel, de liderazgo hasta ahora incontestado.

El llamado Mister Europa por amigos y enemigos ahondó en la construcción europea dotando de mayor poder político al Parlamento Europeo, con una presidencia que él ejerció con determinación. Mientras tanto, Merkel se oponía a dar nuevos pasos en la integración política del continente, y apenas concedió una diluida unión bancaria, que no puede considerarse el proyecto de futuro que entusiasme a los europeístas.

Martin Schulz ha plantado cara a los nacionalismos como presidente del Parlamento Europeo, llegando a expulsar del mismo a un parlamentario neonazi griego. Su llegada y consiguiente revitalización socialdemócrata han frenado en seco el ascenso de la AfD. Añádase el entusiasmo que su anunciado proyecto de justicia social parece haber causado entre los jóvenes, que se decantan en su mayoría por Schulz en las encuestas.
Muchos alemanes se muestran agotados tras tres legislaturas de conformismo. Se han cansado del inmovilismo social de la canciller, como demuestra su negativa al matrimonio homosexual.

De la mano de Merkel viene el partido hermano socialcristiano bávaro CSU, de carácter muy conservador y cuyo líder supuso la mayor resistencia interna a la acogida de refugiados, además de haber coqueteado políticamente con Viktor Orbán, Vladimir Putin y Donald Trump, el triunvirato antagónico a lo que Europa debería representar. Tras doce años de Angie, ha llegado la hora de pasar página. El lobo estepario aúlla con fuerza. ¡Es la hora del cambio! ¡Que gane Schulz!

Juanfran Álvarez

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