Por qué no debería estar escribiendo esto sobre Ramón Espinar

Vale, a lo mejor Ramón Espinar no nos gusta, o a lo mejor sí. Puede también que Ramón haya hecho cosas con unos pisos que tampoco nos hicieron mucha gracia. Sobre todo a aquellos jóvenes que con 20 años no obtenemos plusvalías de pisos ni nada parecido –esto lo ilustra muy bien. Pero hay una cosa que no ha gustado nada de nada: Ramón se ha bebido una Coca-cola.

Es preciso recapitular un poco de qué va esta historia que tanto ha enfadado a algunos sectores. Coca-cola realizó un ERE en su fábrica de Fuenlabrada, ERE que fue declarado ilegal por el Tribunal Supremo, que ordenó la readmisión de los trabajadores. Coca-cola lejos de cumplir con la sentencia, no los ha readmitido, y por ello todos los integrantes de Podemos se han mostrado muy solidarios con la lucha de los trabajadores de la empresa motivando el boicot contra el consumo de sus productos.

También por eso, el 4 de abril dos parlamentarios de Unidos Podemos presentaron en nombre del grupo una petición para que se prohíba la venta de Coca-Cola en el Senado. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, ese mismo día Ramón Espinar aparecía en la cafetería de la cámara bebiéndose una Coca-cola, suponemos que por no aparecer comiendo bebés, como todo buen comunista –como leía en un acertado tuit. Mal, Ramón, mal.

Hay que reconocer que queda raro solicitar que se retire una bebida en el Senado y, a continuación, bebértela. ¿Que es incoherente con tu discurso? Sí ¿Que ya te hemos visto en otras incoherencias discursivas? Sí ¿Que dice bastantes cosas de la “nueva política”? También. Pero más raro aún es que España se haya revolucionado por ello. El hecho no da para más que una anécdota; es más, Espinar ha pedido perdón –situación inimaginable para la mayoría de los dirigentes políticos. Aun así, el bombo ha sido tal que hasta en RTVE se han sentido orgullosos de no darlo como noticia para “mostrar su imparcialidad”, argumento que a priori tampoco tiene mucho sentido.

Cuánto ruido hacemos ahora que se publican los Presupuestos Generales del Estado. O ahora que las puñaladas del PSOE siguen volando por doquier. ¿De qué deberíamos estar hablando? Se me ocurre, así a bote pronto, que José Mª Aznar acaba de declarar que no se arrepiente de su foto en las Azores; que lo de las armas de destrucción masiva ya si eso y, por supuesto, que no se arrepiente de habernos metido en una guerra. Por ejemplo.

Es posible que esta sociedad esté perdiendo el norte, no lo descarto. Lo que sí es seguro es que todavía cuesta distinguir entre lo urgente y lo importante. Los medios tienen esa auténtica – y necesaria en algunas ocasiones- capacidad de decirnos qué es lo urgente –a su criterio, que muchas veces es el de alguien del IBEX-, obviando lo importante. Y es que, cuando la agenda mediática y el marco tienden a intereses que no son los meramente informativos, es lo que pasa. Hay quienes lo han denominado “cortina de humo” para tapar, entre otras cosas, todo lo que decía más arriba, pero en este caso el término queda demasiado grande, es tan poco relevante que no da ni para eso. Tan poco relevante que ni siquiera debería estar escribiendo esto sobre Ramón Espinar.

Lorena Sánchez

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