Patrimonio cultural

Si hiciéramos una lista con las principales preocupaciones de nuestros gobernantes a la hora de tomar decisiones o elaborar presupuestos, todos somos conscientes de que la cultura se encontraría hasta arriba de polvo en los últimos puestos.

Tradicionalmente hablamos desde los términos clásicos pan y circo, pero este último no está compuesto por cuestiones como la lectura, el teatro o los museos. Esto no forma parte del entretenimiento de sugestión. Aquellos elementos también incluidos dentro del campo de la cultura que sí pertenecen a medios de entretenimiento se ven dotados maravillosamente de una importancia destacable. Cuidadosamente también se destina una pequeña partida a teatros o bibliotecas pues retirarla sería estúpidamente cantoso. Sin embargo, los fondos disponibles en este ámbito varían bruscamente y son insuficientes pues claramente es lo último que se va a blindar. Habitualmente la financiación de cultura cuenta con un ciclo: durante las buenas épocas se invierte en cuestiones de cultura bastante llamativas que aportan renombre al gobernante de turno. Pese a esto, cuando llegan los malos tiempos la financiación se ve recortada y el sector se estrella. Entre las consecuencias de esto encontramos que el sector sea poco atrayente de cara a nuevos trabajadores dada su inseguridad, las empresas vinculadas a este se encuentran siempre en el aire, las pérdidas de puestos de trabajo resultan muy sangrantes añadiendo mala fama a un sector que debiera ser de orgullo para una nación. Sin embargo, el efecto más grave de esta situación son los efectos que esto tiene en la cultura y el desprecio de la misma por parte, en muchas ocasiones, de la propia ciudadanía.

Ni si quiera se puede señalar de dónde viene el problema, algunos indican que el comportamiento político forma parte del reflejo de la pasividad ciudadana aunque otros señalan que dadas las manifestaciones en muchas ocasiones por la cultura demuestran que ciudadanos y políticos no están vinculados en este aspecto. No todo es dejadez alarmante, sin duda encontramos fácilmente algunos monumentos de la historia reciente española que están maravillosamente cuidados y cuyas fundaciones reciben fondos públicos en los que no se pone la lupa.

Encontramos en mi ciudad natal (Huelva) dos ejemplos de la dejadez en este país de nuestros monumentos culturales que además han sido pisoteados:

Yacimiento de la Orden-Seminario

Figuras de ídolos prehistóricos hallados en el yacimiento

Este yacimiento localizado en la zona norte de la ciudad de Huelva ocupa en la actualidad unas 23 hectáreas. Su importancia se debe al hecho de que demuestra que existirían asentamientos humanos en torno al IV milenio A.C convirtiéndose Huelva en el asentamiento más antiguo de toda Europa. Una serie de restos indican la existencia de relaciones entre grupos humanos, actividad metalúrgica a pequeña escala, explotación de recursos acuáticos o ceremonias votivas de tipo mortuorio. A su vez, son bien conocidos los ídolos encontrados en este yacimiento que por su forma dan nombre a la plataforma defensora de este yacimiento “Huelva te mira”. Sin embargo, el Yacimiento de la Orden-Seminario reconocido como Bien de Interés Cultural ha sufrido terribles daños. Con el fin de construir una estación del AVE en la capital onubense se ordenó que se retirara la tierra del lugar y se utilizara para las obras como vemos en la imagen. Como es evidente, esto supuso un terrible daño al patrimonio cultural y un considerable revuelo político y social. ¿Cómo es posible que no se revisara el suelo antes de excavar en él? Y si se revisó, ¿cómo es que se pasó por alto tan importante dato?

Por gracia o desgracia, a raíz de este caso, el yacimiento ha contado con la atención mediática suficiente como reivindicar su importancia. El expolio también ha sido común en la zona por lo que la sociedad civil finalmente ha tenido que levantarse en defensa de su patrimonio histórico.

Farmacia de la calle Concepción

Esta icónica farmacia es un edificio de 1857 reconocido como uno de los más emblemáticos de la capital onubense.

En tiempos, fue el laboratorio químico-farmacéutico del comercio Caballero Hermanos. Se trata de una fachada del siglo XIX que con el transcurso de los años ha ido perdiéndose hasta conservarse a día de hoy tan solo uno de los tres conjuntos que se aprecian en la imagen. El conjunto que se ha mantenido se encuentra muy deteriorado así como el resto del edificio por lo que en el año 2012 se declara en ruinas y se aprueba el derribo del edificio. El 7 de marzo del año 2013 en favor de BELTRANSA S.L. se aprueba una licencia de rehabilitación que aún no ha tenido efecto. Manuel Gómez Márquez en representación del ejecutivo municipal actual (PSOE) ante las críticas afirma que el ejecutivo anterior (PP) no hizo en ningún momento nada por evitar que el edificio se deteriorará hasta tal punto que se considera un riesgo para los ciudadanos. Por ello, se afirma que todo cuanto se puede hacer es reclamar que la fachada del siglo XIX se mantenga intacta pese a que quedara excluida del Catálogo de Edificios Protegidos del PGOU.

Así pues, no se sabe qué será de estos dos monumentos históricos. Actualmente nuestra historia se encuentra en manos de la Administración, agarrada una a las decisiones del anterior ejecutivo en este caso y la otra a la meteorología en el caso de la electricidad. La esperanza en que estos monumentos se recuperen sigue siendo escasa a corto plazo, pues esto es no un problema de dinero o de medios sino que se trata de un problema de mentalidad. Un problema que permite que los vecinos pronuncien que les da absolutamente igual que la placa de su calle se llame “División Azul” o “Federico García Lorca”. Se trata de un problema educativo y social al que le quedan muchos años para cambiar aunque el primer paso consiste en tomar conciencia sobre nuestra historia y cultura, el estado de la misma o su posible supervivencia al siglo.

Juan Marco Domínguez 

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