EDITORIAL: Moción propagandística

El País

El pleno de la moción de censura celebrado la pasada semana supuso la enésima pantomima de Unidos Podemos, pura propaganda como afirmaba el Presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán. El fracaso estaba claro desde el principio, tan solo Compromís, ERC y Bildu respaldaron la iniciativa para despojar a Mariano Rajoy de La Moncloa.

Sin embargo, la moción sirvió para oxigenar al Gobierno y sobre todo para poner el foco de atención en Pablo Iglesias durante cuarenta y ocho horas, por vez primera se enfundaba el traje de Presidente. La oratoria de Irene Montero, la portavoz parlamentaria de los morados, sorprendería a todos. Dos horas ininterrumpidas de discurso, repasó de forma detallada la gestión del ejecutivo popular y la catarata de casos de corrupción que le acechan, ahondando, eso sí, en el guerracivilismo de la vieja izquierda, como buenos discípulos de Julio Anguita. El líder de la formación adoptaría un tono menos agresivo de lo habitual y lanzaría algunas propuestas interesantes en materia de regeneración.

Rajoy, como era de esperar, se creció ante la situación jactándose de las ocurrencias de Iglesias y sacaba pecho de su gestión y, sin duda, recalcaba el apoyo a su partido a través de las urnas, como si ser la primera fuerza le eximiera de las responsabilidades políticas en lo relativo a la corrupción. Podríamos decir que la moción se utilizó para retroalimentar de nuevo la polarización y contentar a los acérrimos de podemitas y populares.

El resto de grupos jugaron un papel secundario, aunque tampoco cabría desdeñar sus intervenciones. Albert Rivera, Presidente de Ciudadanos, lanzaría una interesante filípica a Pablo Iglesias recordándole sus contradicciones, poniendo en tela de juicio su capacidad a la hora de sacar adelante al país con unas ideas un tanto irrealizables y además tiró de esa demagogia que tanto gusta al cuñadismo de barra de bar.

José Luis Abalos, el portavoz provisional de los socialistas en el Hemiciclo, tuvo un estreno brillante. Utilizaba un tono sosegado, a su vez contundente y su intervención se centraría en censurar al Gobierno del Partido Popular, recordando la posibilidad que tuvieron los de Iglesias de permitir un Ejecutivo socialista hace un año y apelando a los valores de la Transición, la importancia de tejer alianzas entre distintos partidos y por ende tendiendo la mano a Ciudadanos y Podemos, fijando como línea roja el veto a un referéndum en Cataluña.

Hubo nivel en la Cámara, propuestas interesantes entre demagogias y algún que otro aldabonazo, vimos una intensidad muy positiva y durante dos días nos dimos cuenta de las limitaciones del Partido Popular, de la soledad que padece, pues ni siquiera algunas de sus muletas en la aprobación del Presupuesto defendieron al Gobierno.

Lastima que el debate quedase emborronado a última hora con las machistadas de Rafael Hernándo, sacando a relucir las actitudes recalcitrantes del tintorro party, suponemos que a los suyos, les hizo mucha gracia ese broche final. Lastima también que Podemos banalice un arma legislativa tan seria como lo es la moción de censura con la única finalidad de mantenerse en el candelero y posicionarse en el panorama mediático como líder de la oposición. En la nueva política priman los intereses partidistas sobre la salud de nuestras instituciones. Solo el día que decida tener sentido de Estado, el Partido Popular verá peligrar su continuidad en el poder.

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