Mentiras del 010

Ayuntamiento de Zaragoza

Nunca tuve demasiadas esperanzas en que los cánticos de regeneración y renovación que acompañaron la irrupción de los nuevos partidos en el panorama político español se fueran a concretar en algo. Es más, nunca creí que ni unos ni otros, ni los nuevos de izquierdas, ni los nuevos de derechas fuesen ni tan siquiera nuevos.

Lo que quizá no esperaba es que los zaragozanos y zaragozanas fuésemos a tener que comprobar tan nítidamente cómo tras las soflamas de tertulia de Iglesias y las retahílas postperonistas de Errejón se ocultase una nada tan absoluta como la que venimos soportando en Zaragoza. Una nada incapaz de sacar adelante ni un solo proyecto de enjundia y que se limita a ocultar su incapacidad en la mentira. Porque eso es lo que en este tiempo ha venido haciendo Zaragoza en Común y particularmente el Consejero de Servicios Públicos, Alberto Cubero, en relación con la municipalización del servicio de atención telefónica 010. Mentir para ocultar su absoluta incapacidad.

Ante la mentira caben dos opciones. Despreciarla o combatirla. Tenemos demasiados ejemplos que desaconsejan el desprecio y exigen el combate. Por eso, con permiso de los lectores me voy a detener en relatar las principales mentiras acumuladas por Alberto Cubero en este asunto:

1. Municipalizar el servicio es más barato: Hasta la Comisión del día 18 de octubre este ha sido un mantra repetido por Cubero y sus palmeros aun en contra de todos informes económicos encargados. Municipalizar el 010 es más caro. Mucho más caro, de hecho. En torno a un 30% como no puede ser de otra forma al aplicarse los salarios de los trabajadores municipales.

2. La municipalización es la única salida a la situación de las trabajadoras: esta es la mentira más obscena y moralmente más abyecta. Cuando Zaragoza en Común llegó al gobierno paralizó por la vía de los hechos los pliegos para renovar el contrato con una nueva empresa. En aquel momento las trabajadoras del 010 mantenían una situación laboral normal.

Sus salarios, en efecto, eran bajos, pero ninguna de ellas trabajaba a jornada completa. Cuando Cubero hablaba de 800 euros al mes, en realidad estaba hablando de una jornada media del 75% que generaba un salario medio de algo más de 12.000 euros. En términos de jornada completa el salario medio estaría por encima de los 16.000 euros.

Tras la suspensión del pliego comenzaron los impagos y retrasos por parte de la empresa concesionaria. La realidad es que, de haber continuado el procedimiento, las trabajadoras habrían sido incorporadas a una nueva empresa y nada de lo que ha sucedido después, incluidos los 4 meses de atrasos acumulados hasta ahora, se habrían producido.

Al paralizar el pliego durante estos dos años, ZEC ha llevado a las trabajadoras a una situación límite, pero esto no es casual ni producto únicamente de la incompetencia de Cubero y su equipo. Por el contrario, ha sido una estrategia deliberada encaminada a poner al resto de grupos ante la tesis de aceptar su trágala o ser acusados de dañar a las trabajadoras. En otras palabras, Cubero ha utilizado a las trabajadoras del 010 como auténticos “escudos humanos”.

3. La municipalización mejora los servicios públicos: En ningún momento se ha tratado de eso. Ni en el caso del 010 ni en ningún otro, Zaragoza en Común ha puesto encima de la mesa argumentos para mejorar los servicios públicos. No creo que ningún zaragozano pueda decir que hoy, dos años después de la llegada de Santisteve a la alcaldía, algún servicio municipal funcione mejor que antes. Posiblemente no sería difícil encontrar quienes dijesen que funcionan peor.

Y es que para Alberto Cubero la municipalización ha sido, exclusivamente, un asunto personal. Un procedimiento para cumplir con sus compromisos adquiridos con determinados Comités de Empresa que tuvieron un papel activo para su presencia en las listas de ZEC. Sólo así se explica que el mismo Cubero que quería municipalizar las plantas depuradoras, adjudicara un contrato de 6 millones con FCC para externalizar el alcantarillado. O que las trabajadoras del 010 hayan sido una prioridad absoluta mientras las contratas de limpieza de los edificios no le ocupan ni un segundo.

Cómo se gestionan los servicios públicos que una institución presta es un asunto capital. De cómo se resuelva esa cuestión depende la calidad del servicio y el coste que nos genera a los ciudadanos. Partir del apriorismo de que la gestión pública es buena y la privada mala es tan dogmático como la fe que la derecha ha tenido a la inversa. Para pasar de un dogmatismo a otro no necesitábamos tanta literatura.

Municipalizar o externalizar es posible siempre y cuando se analice con rigor qué formula puede responder mejor a los intereses generales. Pero también es fundamental expresar una cuestión. La municipalización de un servicio nunca, repito, nunca se puede convertir en una pasarela privilegiada para que trabajadores de las empresas privadas contratistas accedan al empleo público con mayores facilidades que los miles de ciudadanos y ciudadanas que se esfuerzan a diario para aprobar una oposición. El principio constitucional de igualdad, mérito y capacidad para acceder al empleo público se debe respetar con absoluto rigor.

Frente a esos principios es hora de dejar claro que la política de Cubero nada tiene que ver con la mejora de los servicios públicos y sí una nueva forma de clientelismo. Durante estos dos años, quizá hemos abusado todos de las comparaciones de Cubero con diferentes referentes comunistas. Seguramente nos equivocábamos y, en realidad, Cubero tiene más que ver con alguno de los viejos caciques gallegos como Baltar o Cacharro que sustentaron su carreras políticas en la promesa de empleo público sin oposiciones. Al final el comandante Cubero ha resultado ser un aprendiz cacique gallego de derechas.

Horacio Royo

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