Mas allá del miedo

No es casualidad que durante la vida académica no se estudien apenas figuras femeninas. No se trata de que en la actualidad se oculten sus nombres. Se trata más bien de que ellas mismas no se atrevían a firmar con ellos por miedo a las represalias o simplemente a no ser reconocidas.

Aunque hay un gran número de mentes brillantes que se han quedado en el camino, hoy en día se conocen algunas gracias a su lucha. Si pienso en escritoras mujeres, pienso en ellas, aunque me encantaría poder pensar en muchas más.

Jane Austen fue una novelista británica del grupo de las escritoras victorianas y firmó con seudónimo masculino la mayoría de sus obras. Se trata de  una época en la que gracias a la aportación de Rousseau se asentaron las bases de la educación fundamentadas en el raciocinio y donde la mujer quedó excluida. Muchos personajes de Austen se dedican a las labores que se consideraban correctas: ser esposa, madre y sucumbir a los deseos del marido.

Sin embargo, gracias a la satirización con la que trata a sus personajes femeninos, se descubre que realmente aboga por la educación liberal para la mujer, como demuestra en Orgullo y prejuicio. Para ello se opone a la aristocracia de su tiempo, que construía una imagen de la dama ideal. Jane pone en boca de sus personajes la duda sobre la existencia de mujeres que cumplieran el cánon.

La aparente banalidad con la que trata sus temas no es más que una coraza. La crítica entiende sus obras desde dos perspectivas bien distintas: los Círculos literarios la consideran una escritora conservadora mientras que la crítica feminista actual considera que apoya la educación de la mujer desde un punto de vista moderno y regenerativo.

Por otro lado, las hermanas Brontë fueron tres poetas y novelistas muy cultivadas: Charlotte, Emily y Anne. De una época algo posterior, todas nacidas entre 1816 y 1820. En sus primeras obras todas ellas firmaron con seudónimo masculino y la primera inicial de su nombre. Tardaron poco en comunicarle a la editorial su verdadera identidad y aunque sorprendió en alto grado, fueron aceptadas.

Provenientes de una familia que tenía más en cuenta arte de lo que era habitual, se vieron influenciadas por la prensa. Blackwood’s Magazine fue un jornal que leían con bastante periodicidad y a través del cual conocieron a Lord Byron, otra figura clave en su literatura. De él recogen el alma pasional de sus héroes y la arrogancia y oscuridad que les caracterizan. Siendo todavía muy jóvenes escribieron libros de poemas y relatos breves, que aunque carecen de valor literario real, muestran su interés precoz. Su padre era maestro e inculcó en ellas todo ese amor a la cultura que las tres tenían. A pesar de ello, la vida trágica, las sucesivas muertes de su madre y posteriormente la de sus hermanas mayores, de la mano de la decadencia de su hermano varón marcaron la tristeza y la dolencia en sus obras.

Charlotte Brontë recibió el reconocimiento que merecía desde su primera obra en solitario, Jane Eyre. Sin embargo, las obras de Emily y Anne, Cumbres borrascosas y Agnes Grey, respectivamente, no recibieron el reconocimiento hasta mucho después. De hecho hoy en día son a las que se les otorga mayor valor literario y todas ellas son clásicos de la literatura universal.

A pesar del intento de las sociedades pertenecientes por convertir en nula la actividad cultural de la mujer, de un modo u otro, teniendo que ocultarse o dando la cara, conocemos a las autoras, leemos sus obras y reconocemos el mérito que tienen. No solo por ser escritoras de prestigio, sino también por conseguir serlo a pesar de las fatídicas condiciones que se oponían. Afortunadamente hoy ya no hay que ocultarse. ¿O sí? ¿Todavía tenemos miedo?

One thought on “Mas allá del miedo”

  1. Delicioso artículo que denuncia una realidad a veces olvidada. La mujer ha sido absolutamente discriminada en la historia, también sin duda en el mundo de la cultura. Las escritoras han tenido que luchar mucho contra el machismo recalcitrante. Antes éste suponía simple invisibilidad, ahora, ya visibles, pesados estereotipos. Pese a que la situación ha mejorado, con la aparición de numerosas escritoras y la paulatina feminización de la lectura, todavía se siguen identificando las novelas femeninas solo con las mujeres, suponiendo un etiquetado inmerecido y profundamente injusto,negando a las féminas la posibilidad de triunfar ante públicos masivos y heterogéneos.

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