Margarita Salas: “Todavía hay que luchar contra la discriminación contra la mujer”

Margarita Salas, científica pionera | Universidad de La Rioja

La bioquímica y discípula de Severo Ochoa relató su carrera científica y cómo consiguió dejar de ser ‘la mujer de’ en la apertura del ciclo ‘Referentes’ de la Universidad de La Rioja. Contraria a las cuotas, Salas reconoce que “la mujer tiene que luchar con más fuerza que el hombre para tener el puesto que se merece”.

En el pequeño pueblo asturiano de Canero, los padres de Margarita Salas nunca la discriminaron por ser mujer. La discriminación le vino más tarde. Sin embargo, Salas reconoce haber conseguido un gran logro: “Me convertí en una científica en la que mi nombre no era ‘la mujer de’, sino Magarita Salas”.

Salas tenía claro que iba a dedicarse a las ciencias. A la química, más en concreto. Pero sí que dudaba en qué especializarse: “Pensé en dedicarme a la química orgánica porque había muchas prácticas de laboratorio y me gustaba mucho”, comenta. Sin embargo, apareció una figura clave que marcó su trayectoria científica: Severo Ochoa. El Premio Nobel invitó a Salas a hacer la tesis doctoral sobre Bioquímica en Madrid para luego marcharse con él a trabajar a Estados Unidos. Y así lo hizo. “La vocación no nace, se hace. Y mi vocación vino a que en el momento oportuno conocí a Severo Ochoa”, apunta.

La científica reconoce que, pese al buen recuerdo que guarda de esta etapa de su vida, los comienzos no fueron fáciles. Su director de tesis doctoral, el bioquímico Alberto Sols, prejuzgó a Salas. “Bah, una chica. Le daré un trabajo sin gran interés y así, si no lo saca, no pasa nada”. Esto comenta Margarita Salas que exclamó Sols cuando se enteró de que iba a ser su doctoranda.

Pero lo sacó con éxito, y en 1963 viajó a Nueva York con su marido, el también científico Eladio Viñuela, para trabajar en los laboratorios de Severo Ochoa. Allí, Ochoa les puso en grupos de investigación distintos. De esta manera, los logros de Margarita Salas fueron de Margarita Salas, y no de la mujer de Eladio Viñuela.

Aunque Salas admite que en Nueva York no sintió discriminación por ser mujer, la bioquímica y su marido decidieron volver a España, para trabajar “en un virus bacteriano relativamente pequeño pero morfológicamente complejo”. Aquí todos los compañeros de laboratorio eran hombres. “No sentí discriminación por mis doctorandos, pero sí de puertas para fuera”. Margarita Salas era la pionera, la primera. “Aunque mis méritos fueran iguales o menores a los de mis compañeros masculinos, yo era noticia y ellos no”, cuenta Salas.

Margarita Salas se muestra contraria a las cuotas como método para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. No ve discriminación a la hora de obtener una beca doctoral, pero “sí hay discriminación para llegar a los puestos altos”, señala. Es realista: “Todavía hay que luchar contra la discriminación contra la mujer”; pero también optimista: “En un futuro, la mujer científica ocupará su lugar”.

Margarita Salas no es la única

En su conferencia, Salas hizo un repaso por el papel de las mujeres en la ciencia. Hace 4000 años, nuestras antepasadas aprendieron a cocinar el barro, es decir, “descubrieron la química de los esmaltes”. En la civilización griega, la mujer está presente en la esculea de Pitágoras. En Egipto, María la Hebrea (siglo I a. C.) descubrió el baño María, presente tanto en cocinas como en laboratorios científicos. La polifacética Hipatia o la Nobel de Química Marie Curie, que también sufrió discriminación, fueron otros de los ejemplos que comentó Margarita Salas.

DNA polimerasa en el Φ 29, un descubrimiento muy rentable

Una de las mayores aportaciones de Margarita Salas a la ciencia fue el descubrimiento y caracterización del ADN (DNA, en inglés) polimerasa del virus bacteriófago (virus que infecta exclusivamente a bacterias) Φ 29. Pese a ser un virus pequeño, Salas descubrió que tiene una maquinaria muy compleja y cuenta con características muy aptas para su uso en biotecnología. El CSIC recibió 6,6 millones de euros por su patente hasta 2009, fecha en la que caducó. Ahora se plantean construir una polimerasa más estable al DNA.

Sergio Marin

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