Lo que queda tras el golpe

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En los últimos días, con motivo del recuerdo del alzamiento de 1936 se han abierto ciertas brechas en el mundo de la cultura. Y es que hemos encontrado discursos, comunicados, publicaciones, novedades o reclamaciones que han supuesto una gran indignación entre representantes del panorama artístico.

Puestos en situación: hasta 1936 se había dado por parte del Gobierno de España una política cultural que pretendía impulsar el desarrollo de las artes y el aprendizaje en nuestro país. Es a raíz de lo cual, por ejemplo, por lo que Federico García Lorca participa en las misiones pedagógicas con la Barraca. Sin embargo, como muchos historiadores reconocen la guerra supuso la tijera que cortara el hilo de supervivencia de la cultura española cuyas máximas figuras se vieron inmersas en el conflicto político. Tres años más tarde las consecuencias del golpe darían lugar a una dictadura que optaría por la represión activa de ciertas ramas dentro del panorama artístico y comunicativo. Existía desde el año 38 la Organización Central, institución capitaneada por el propio Franco que controlaba la radio, la prensa o la propaganda. Durante el mandato del dictador era necesario que las obras de cualquier tipo pasasen por manos de un censor que aprobaba o vetaba parcial o totalmente las mismas. En los últimos días se ha mostrado por parte del Centro de Estudios Mexicanos (UNAM-España) y difundido desde la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes un interesante ejemplo de la actuación de la censura aplicado a la obra de Juan Rulfo, Pedro Páramo. Vemos un informe que explica la censura de esta obra en el que se plantean las siguientes preguntas: ¿Ataca al Dogma? (No), ¿a la Moral? (Sí), ¿a la Iglesia o a sus Ministros? (No), ¿al Régimen o a sus instituciones? (No), ¿a las personas que colaboran o han colaborado con el régimen? (No). A través de este documento podemos ver cuáles eran los principales puntos a los que no se podía faltar desde la obra. En el caso de Pedro Páramo se señalaba lo siguiente: «… hay descripciones crudas de hechos y situaciones inmorales, que a juicio del lector que suscribe aconsejan que no se autorice la distribución de tal novela».

Frente a la censura vemos en los libros de Historia cómo los creadores se dividieron. En particular, en el mundo literario se generaron dos corrientes: una de ellas sugería que debían esquivarse las normas de la censura con una escritura suave, lo que serviría para que al menos la obra y su mensaje llegaran al público; la otra corriente defendía la escritura reivindicativa pese a que en última instancia no viera la luz. No hay que olvidar que no todos los autores se enfrentaron a la censura.

Los que corrieron peor suerte se vieron obligados a marchar al exilio, desaparecieron o fueron asesinados. Esta semana con el recuerdo presente de la muerte de Machado se han avivado las llamas de la polémica señalada en más de una ocasión por el académico Arturo Pérez Reverte. En el centro del incendio se encuentra una foto que un seguidor del escritor le envió a través de las redes sociales. En esta aparece una biografía del autor Antonio Machado presente en un libro de texto que concluye afirmando que «se fue» a Francia. Más de un hispanista se debe sonrojar explicando en países en que tales situaciones serían inconcebibles cómo los restos de uno de los mayores representantes de la literatura española del siglo XX, en referencia a Federico García Lorca, siguen debiendo entierro digno; no obstante también aparece en todos los libros de texto, afirmándose en más de uno que «murió en 1936». Al hilo de esta situación también han surgido reivindicaciones que han sembrado la polémica, específicamente la de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que afirma en sus redes sociales: «La falta de colaboración de España es hoy absoluta. Tras admitir una querella presentada por ARMH, el juzgado ha vuelto a reiterar un pedido de información a la Jefatura de Policía de Madrid sobre la detención y posterior asesinato del poeta Federico García Lorca. Hace dos meses de aquello. Todavía esperan una respuesta».

El de Machado no es el único aniversario encima de la mesa. Se tiene en mente desde hace unos días el nacimiento de la autora Ana María Matute quien también contó con una existencia complicada. Aparece también como uno de los referentes frente a la censura en el trabajo HISTORIA Y CIVILIZACIÓN: Apuntes sobre la censura durante el franquismo de Pedro Jiménez (Universidad de Mons), publicado por el Centro Virtual Cervantes. Miembro de la Real Academia Española, Ana María Matute refleja en sus obras el odio, la miseria, la pobreza y demás asuntos derivados de la guerra. Pone especial atención en sus obras a la visión del niño y el adolescente pues ella misma vivió la guerra desde esta perspectiva, considerando durante el resto de su vida que los pequeños eran los principales afectados por la contienda. Por ende, también se centró en las consecuencias psicológicas e históricas del conflicto que se adentrarían hasta el siglo XXI. Sin embargo, Ana María Matute no aparece en muchos libros de Lengua y Literatura, como tampoco lo hace la también mentada en el trabajo Dolores Medio.

Todo este interminable e irresoluto trasfondo histórico explica la oleada de comentarios vertida cuando Almodóvar dedica su Premio Platino a las familias que buscan a sus desaparecidos durante la que él denominó «nuestra maldita Guerra Civil». Y es que sigue siendo noticia 81 años más tarde viviéndose no como un hecho histórico sino más bien como un acontecimiento cercano. Las relaciones entre la cultura y el conflicto siempre han sido objeto de estudio pero su enseñanza según siguen indicando algunos autores, entre ellos el anteriormente mencionado Pérez Reverte, se mantiene bajo mínimos. La falta de reparación de daños ha alcanzado también a nuestro panorama cultural más internacional. Hablar de la obra de Lorca o Machado olvidando su vida se ha convertido en algo compatible para el público general aunque siguen quedando maestros que, independientemente de lo que diga el libro de texto, se afanan clase tras clase en seguir diciendo la verdad. La suya es una manera más de hacer justicia.

Cristina Gimeno Calderero

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