Llueve sobre seco

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El Tiempo.es

Seguro que muchos de quienes leen este artículo ya se han dado cuenta de que, en la actualidad, España vive una de las épocas climáticas mas cálidas de las últimas décadas. Según el informe publicado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente relativo al año hidrológico 2016/2017, existe ya asimismo una evidencia científica del predomínio de la sequía generalizada en nuestro país desde hace varios años.

Los datos publicados muestran que el periodo finalizó  con  una precipitación media global de alrededor de 550 mm, un 15% menos del valor medio de referencia (1981‐2010) que fue de 648  mm.  Estos números, aunque situados dentro de una tendencia desgraciadamente ya habitual, suponen un hito, pues marcan un nuevo mínimo histórico, que se suma a los registrados las épocas anteriores. Como en otras ocasiones, la lluvia tuvo un distribución muy desigual, beneficiendo más al norte y suroeste, y condenando al área mediterrénea, en especial Murcia, a una situación de emergencia.

Esta realidad, aunque común dada la situación de la península, se ha ido acrecentando gracias a la acción del Cambio Climático, sumada a su vez a la explotación masiva de los recursos y al impacto de la actividad económica desmedida. Un cóctel difícil de digerir para el planeta, que hemos venido permitiendo debido a las malas prácticas ciudadanas y políticas, y que muchos expertos avisan que debe cesar, para asegurar el futuro del medio y por ende de la sociedad.

Ahora, comenzado el 2018, la coyuntura ha virado, y el record lo están generando las propias precipitaciones. Una cadena de potentes borrascas, influenciadas por la subida de las temperaturas en el Artico, un hecho a su vez muy preocupante, según avisan metereólogos y ambientalistas, ha permitido que las lluvias regaran la península. Así, en pocas semanas se ha generado una acumulación de agua embalsada que no se daba, en un lapso tan corto de tiempo, desde 2010.

El proceso, milagroso para muchos, ha permitido paliar la actividad desertizadora, pero en absoluto ha resuelto el problema, con cifras aún muy lejanas a las media. Mas bien al contrario, ha demostrado lo necesario que es cuidar de los recursos hídricos en un país gravemente amenazado por el calentamiento global. Para lograr dicho fin, es indispensable poner en marcha medidas sólidas, no temporales, que solo podrán ser llevadas a la práctica desde el conocimiento y la total determinación política.

Además de esperar a que llueva, ejercicio más viejo que la vida misma, que desgraciadamente produce mas impotencia que resultados, conviene comenzar a pensar en cambios globales y sobre todo a largo plazo. Sectores como la industria, el turismo, la agricultura, la ganadería, la energía o los transportes deben realizar una transición ecológica que les permita cuidar del medio ambiente a la vez que aumentan su eficiencia. Apostar por las fuentes renovables, los vehículos sin emisiones, la correcta utilización de los recursos así como la reforestación, logrará que al menos limitemos la destrucción paulatina de nuestro ecosistema. Y también, ojalá, que enfriemos la atmósfera para estabilizar y normalizar la actividad climática.

Está bien que llueva y es comprensible celebrarlo. Pero no conviene dormirse en los laureles ni asumir como natural lo que nos ocurre. La falta de lluvia y el calor invernal no es un capricho vacacional. Es una problemática seria que debe atajarse.  Nos jugamos demasiado si tan solo nos encomendamos a la suerte o nos confiamos en los lemas bienintencionados. ¡Dejemos las palabras y pasemos a la acción!

Sergio Rupérez, director de EL ROTATIVO

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