LGTBI en la escuela

Alegoría de la escuela inclusiva
Alegoría de la escuela inclusiva

En las aulas de los colegios/institutos hay alumnos muy diferentes, yendo más allá de la clasificación chicos/chicas o altos/bajos. Cada vez hay más diversidad en clase, todos vemos la racial. Enseguida se nos vienen ejemplos a la cabeza de antiguos compañeros inmigrantes. Pero, ¿qué pasa con la diversidad afectivo-sexual y de género? ¿cuánta gente LGTB+ había en nuestras clases? Posiblemente pensarás (erróneamente) que de “eso” no había.

Muchas veces la diversidad, tanto racial como afectivo-sexual y de género, es justificación para el acoso. Los alumnos rechazan la diferencia como reflejo de los mensajes vertidos por la sociedad. A veces en las familias, entre los amigos e incluso de los profesionales de la educación no se fomentan los mensajes positivos. Desde bromas y comentarios hirientes a verdaderas muestras de odio y rechazo; todo ello sin contar con los roles de género impuestos por la sociedad. Todo ello se proyecta a los ámbitos reales, quizá de una forma inconsciente y automática, sin pararse a pensar en el daño que se hace. Da igual que se vierta directamente sobre una persona (o varias) como si no.

Hay palabras como “maricón”, “bollera o “travelo” que se han incorporado a nuestro vocabulario despectivo. Se oyen en cualquier parte, aunque quizá el primer lugar donde se oigan sea en el colegio. Durante esa etapa empieza la censura de comportamientos no aceptados por no concordar con los roles de género. Muchos no dudan en atacar al chico sensible/con “pluma” o a la chica no suficientemente femenina para los estándares. Aquí se comprueba la perfecta unión del machismo y la LGTBfobia. Incluso, algunos por intentar camuflarse, siguen estos patrones dañándose a sí mismos y a los otros. Es importante realizar un ejercicio de reflexión para enmendar todas las veces en las que no actuamos correctamente debido a la inmadurez.

No puedo obviar los casos en los que los colegios han discriminado a sus alumnos transexuales/transgénero. Les impiden usar el nombre deseado, el baño y uniforme acorde a su identidad. Parece que buscan que las familias saquen a sus hijos del colegio, no vaya a ser que empiece a haber más casos. Sí, como si fuera la transexualidad algo parecido a una epidemia de gripe. Nada más lejos de la realidad. Busco con esto remarcar que la existencia de LGTBfobia en las aulas no es solamente culpa del alumnado sino también del equipo docente. Este tipo de conductas, entre otras, ha provocado que se comience a legislar sobre protección al colectivo trans

Esto hace que muchos niños y adolescentes se sientan inseguros e indignos de todo tipo de respeto y cariño. El acosado está sólo, nadie quiere ser visto también como el “marica” o la “tortillera” por defenderle. Las estadísticas sobre acoso y sus consecuencias (suicidios y trastornos psicológicos) no arrojan datos que nos permitan estar satisfechos. Los porcentajes son verdaderamente alarmantes, sin embargo, somos conscientes cuando ya es demasiado tarde. Cuando ya han fallado todos los mecanismos de prevención. Es imposible no recordar algunos suicidios por transfobia y homofobia, siendo el más reciente el de Ekai. Por esta razón, las familias de los fallecidos no dudan en categorizar sus muertes como “asesinatos sociales”.

A lo largo de los años ha ido aumentando la sensibilidad hacia el bullying buscando su final. Ha habido numerosas campañas educativas, a través de la televisión y se van implantando planes de actuación en los centros. Esto ha ido unido a la corriente que pide más contenido LGBT en las aulas. Evidentemente, atendiendo a la edad de los alumnos que van a recibir la información. Se ha legislado sobre este tema en algunas comunidades autónomas; otras cuentan con un borrador. En el peor de los casos tendrán que esperar a la total implantación de la Ley LGTBI Estatal.

Hay numerosos colegios que no han dudado en contar con charlas LGTB en sus aulas impartidas por asociaciones LGTB. Aquí en Aragón los principales encargados son SOMOS LGTB+, que llevan años divulgando sobre diversidad y salud sexual. La experiencia es positiva, aprenden alumnos y profesores. Hay que hacer más hincapié en la formación del profesorado sobre tratamiento de la diversidad sexual y de género, especialmente para que no se vuelvan a repetir desagradables situaciones del pasado.

No todo el mundo está a favor de una formación que incluya contenidos LGTB, los argumentos son muy parecidos. Creen que se busca “LGTBizar” a los niños, haciendo desaparecer cualquier rasgo cishetero. El peor y más reciente es el que vincula lo LGTB con la pederastia; no han dudado en realizar un folleto explicativo de semejante bestialidad. Destilan todos ellos una LGTBfobia brutal, tienen miedo de que aparezca gente en el futuro que rebata su argumentario. Por mucho que se les forme en diversidad, es imposible que cambien su orientación sexual porque alguien les hable más allá de la cisheterosexualidad. Dicho de otro modo más sencillo, el heterosexual seguirá heterosexual y el no hetero no se sentirá un ejemplar único. El hecho de que ahora la diversidad sexual y de género aparezca más en la sociedad no nos “homosexualizará” a todos, antes de todo esto ya existía la diversidad sexual y de género.

Finalmente, quiero acabar diciendo que queda mucho por hacer sobre el tratamiento de los alumnos LGTB en los centros educativos. Quedan muchos menores siendo acosados a pesar de las mejoras. Va más allá de Fer de “Física o Química” o de “Love, Simon”, es algo real que nos concierne a todos. No les dejemos de lado; es hora de acabar con tanto sufrimiento inmerecido.

Ines Monteagudo Tejedor / @blindnightblog9

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