Las tesis negacionistas convencen al inquilino de Casa Blanca: Trump saca a EE.UU del acuerdo de París

Donald Trump lo ha vuelto a hacer. Llevaba unas semanas sin aprobar ningún decreto polémico pero ya tocaba: el presidente americano anunció el pasado 2 de junio que Estados Unidos se saldría del Acuerdo de París contra el cambio climático, firmado en diciembre del 2015. Esta medida, una de las tantas que anunciaba en campaña electoral y que parecían imposibilitarle para llegar a ser presidente, trata de contentar a un sector extremo de la derecha americana que niega que el componente humano tenga algo que ver con el calentamiento global. La excusa, según afirma Trump, que dice de sí mismo preocuparse “profundamente por el medio ambiente”, son los empleos americanos y acabar con un tratado “debilitante, desventajoso e injusto” para impedir que el resto de países “se rían” de los EE.UU.

Decisión temida pero esperada

Esta polémica decisión de Trump ha suscitado muchísimas reacciones en contra a lo largo del planeta, pero no ha pillado por sorpresa. En los cinco meses que lleva en la Casa Blanca, Trump ya había dado algunos pasos para desarticular las políticas de Obama en materia medioambiental. A pesar de esto, los líderes mundiales esperaban que la faz más presidencial del magnate americano primara ante su perfil extremista y mantuviese a EE.UU en los Acuerdos de París. Incluso su hija Ivanka trató de convencerle de ello, pero lo de Trump contra el planeta viene de lejos.  Ya avisó de su desprecio por el ecologismo en el libro que publicó en 2015, América lisiada, una especie de argumentario en el que se quejaba de que Estados Unidos se había convertido en una víctima del mundo globalizado (algo que recuerda al victimismo de los alemanes tras la Primera Guerra Mundial). Trump, en aquel escrito, se burlaba del calentamiento global afirmando que “el único problema que causa es que hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”. Sacar a EE.UU del Acuerdo de París, el hijo del Protocolo de Kioto, era pues parte de su programa y fundamento sustancial del “America First” (América primero), una especie de doctrina ultranacionalista que le sirve a Trump para justificar leyes y actuaciones en nombre de un país y unos ciudadanos, que en su mayoría, no le apoyan (su índice de aceptación entre los americanos es del 35% – abril 2017-).

Trump contra el mundo

Si hasta el momento las controversias de Trump escocían pero afectaban sobre todo a los ciudadanos americanos, este anuncio ha traspasado fronteras y ha hecho que multitud de líderes mundiales se enfrenten al presidente americano. En Europa, Macron, el nuevo presidente francés, se ha situado él mismo como la cabeza visible de la oposición a Trump publicando en su Twitter el lema “Make our planet great again”, en referencia al eslogan de la campaña de Donald Trump. Además ha recordado al líder norteamericano que “no hay plan B porque no hay planeta B”, y es que parece ser que la intención de Trump es negociar otro acuerdo que sea más beneficioso para los trabajadores de su país. Según ha declarado en alguna ocasión, el cambio climático es una invención de los chinos para hacer la economía estadounidense menos competitiva, y los Acuerdos de París serían la constatación de dicha estrategia.

Y precisamente en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro chino, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, afirmó que tanto China como la Unión Europea seguirán luchando contra el cambio climático “con o sin los EEUU” y califica la decisión de Trump de “error histórico”. Merkel, por su parte,  ha ahondado en la idea de que a partir de ahora Europa está sola y tiene que hacerse valer por sí misma, poniéndose a la cabeza de retos como el cambio climático, mientras que Rajoy, propulsor del impuesto al Sol en España, ha tuiteado que “España mantiene su compromiso con el Acuerdo de París. La UE seguirá liderando la lucha contra el cambio climático en la dirección correcta”.

Pero Trump tiene el enemigo en casa. Tras el anuncio de su decisión muchas celebridades y empresarios americanos han plantado cara al magnate. Mark Zuckerberg, creador de Facebook y posible futuro candidato a la presidencia estadounidense, ha declarado que el plan de Trump “es malo para el medio ambiente, malo para la economía y pone en riesgo el futuro de nuestros hijos”. Otros representantes de las poderosas empresas tecnológicas americanas como Apple, Google o Tesla, presidida por Elon Musk, también se posicionan en contra y tumban la idea del presidente de que este acuerdo es malo para la economía.

Y es que este es el pretexto utilizado por Trump: el empleo. Según afirma él ha sido elegido para defender a los trabajadores americanos y “poner a Pittsburg por delante de París”. Pues bien, el gobierno de Pittsburg y otros muchos gobiernos locales de las mismas ciudades que Trump dice defender ya han avisado de que mantendrán los estándares de contaminación acordados en París. Además, muchas celebridades americanas también han advertido a su presidente del error cometido, como Di Caprio o Schwarzenegger, quien fue gobernador republicano de California. En el mundo de la política americana ya se han producido también los primeros movimientos: ayer dimitió el embajador en funciones de EE.UU. en China por la decisión de Trump, y Bob Iger, director general de Disney, ha rechazado formar parte de un comité de asesoría de la Casa Blanca.

Expectantes ante las consecuencias

Parece que las fuertes reacciones en contra de esta nueva decisión “trumpiana” pueden hacer avivar con fuerza la lucha contra el cambio climático, pero hay que recordar que los Estados Unidos contaminan más que todos los países de la Unión Europea juntos, por lo que nuestro poder de acción es reducido. EE.UU. es el segundo país más contaminante del mundo después de China, y uno de los grandes aportadores de fondos a la lucha contra el cambio climático desde la firma de los Acuerdos de París. El plan de Trump no se hará efectivo hasta 2020, pero a partir de entonces las dudas sobre la financiación de esta alianza por el planeta plantearán un reto importante al resto de los países del mundo. Además, se teme que la salida de EE.UU. del acuerdo contagie a algunos países que no se mostraron del todo satisfechos con el tratado y decidan abandonarlo.

El joven Acuerdo de París, que tiene apenas un año y medio de vida, nació para tratar de reavivar el compromiso contra el cambio climático tras la obsolescencia de Kioto. En este nuevo plan, 195 países del mundo acordaron una ruta vinculante que por primera vez ponía de acuerdo a las potencias más contaminantes del mundo con los países más comprometidos con la lucha contra el calentamiento global. Si bien los Acuerdos de París se basan más en objetivos que en políticas concretas, supusieron un hito en el compromiso a nivel mundial y parecían enterrar por fin las tesis negacionistas. Pero nadie contaba con Trump.

Por Ivan Trigo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *