La verdad sobre el caso Banderas (y Málaga como un McDonald’s del arte)

Antonio Banderas, en una reciente visita al espacio de jóvenes artistas que lleva su nombre en la escuela de teatro Esaem de Málaga. (Cordon Press)

“Málaga es una ciudad con un nivel cultura impresionante, tecnológico. Yo creo que es uno de los sitios con más futuro de España. Hay que estar atento con lo que pueda pasar allí”. Lo dijo Mariano Rajoy en su visita pre-electoral a El Hormiguero, subido con Pablo Motos a cintas de correr. Había que estar atentos a lo que ha pasado en Málaga, y lo que ha pasado es que Antonio Banderas ha abandonado su proyecto de rehabilitación de los cines Astoria. La prensa nacional ha devorado la noticia, de índole plenamente local, para convertirla en asunto de relevancia nacional. Intentemos hacer una retrospectiva honesta de qué ha ocurrido para llegar a esta situación.

Primero, se ha de entender el contexto político-cultural de la ciudad: Málaga nunca ha sido una ciudad con una excesiva preocupación por la cultura; de hecho, un dicho popular reza “Málaga, ciudad bravía, la de las mil tabernas y ni una librería”. Con el nuevo milenio y la llegada del actual alcalde Francisco de la Torre (PP), el consistorio apuesta por convertir la ciudad en una capital cultural a nivel europeo, senda que ya fue iniciada por Pedro Aparicio, alcalde de la ciudad por el PSOE desde la Transición hasta 1995. Con De la Torre en los mandos, se inauguran el Museo Picasso Málaga (2003), el Centro de Arte Contemporáneo -CAC- (2003), el Museo Thyssen Málaga (2011), el Centro Pompidou Málaga (2015), el Museo Ruso de San Petersburgo en Málaga (2015) y el Museo de Bellas Artes de Málaga (2016), por citar los más importantes. Como pueden ver, excepto el último -fruto de una reiterada demanda de la sociedad malagueña- y el CAC, todos son sedes en la ciudad de museos ya existentes: el Pompidou de París, el Thyssen de Madrid, el Ruso de San Petersburgo, incluso el Picasso tiene su réplica en Barcelona y París.

La rentabilidad de estos museos ha sido altísima: los visitantes han llegado, los cruceros han atracado, el centro turístico de la Costa del Sol se ha movido desde Marbella hacia la capital y Mariano Rajoy ha dicho que somos la repera en El Hormiguero. Mientras que este ‘boom’ cultural ha sido ampliamente aplaudido por la sociedad malagueña, algunas pocas voces se alzaban contra la conversión del centro de Málaga en un “McDonald’s del arte”, con múltiples franquicias asentadas para el consumo rápido del turista pero escasas políticas de desarrollo cultural a nivel interno o hacia los barrios. Pese a ello, es indudable el desarrollo de la ciudad, especialmente de su centro, en las dos últimas décadas, que la han colocado en el mapa internacional.

Hoy Francisco de la Torre, incombustible y omnipresente en la ciudad a sus 75 años -hace muy poco se hizo viral un vídeo en el que se caía mientras practicaba BMX en la inauguración del Skate Park Málaga-, mantiene su gobierno en minoría con el apoyo puntual de Ciudadanos y la oposición de PSOE, Málaga Ahora (filial de Podemos) e IU-Málaga para la Gente. Es en este contexto cuando el Ayuntamiento organiza un concurso de ideas no vinculante para la rehabilitación del Astoria, viejo cine abandonado en pleno centro de la ciudad. Es importante destacar que antes de que el Ayuntamiento adquiriera el espacio, la Junta de Andalucía había paralizado en 2008 la construcción de unas viviendas de lujo en dicho solar por parte de la empresa Baena por no ajustarse al plan de urbanismo de la ciudad debido a un exceso de altura.

El resultado del concurso de ideas no vinculante y anónimo para el Astoria fue el triunfo del proyecto presentado por el arquitecto José Seguí, en el que se sabría después que también figuraba -sorpresa- Antonio Banderas. De la Torre resultó profundamente entusiasmado por la posibilidad y, cara al definitivo concurso vinculante, anunciaba que se tendría en cuenta, casi como requisito, la presencia de una personalidad de proyección internacional en el proyecto. Un aspecto que no se tendría muy en cuenta, en cambio, es la concordancia con el plan de urbanismo malagueño, ya que el proyecto de Seguí y Banderas superaba la altura predeterminada para el solar, motivo por el cual -recordemos- ya se habían paralizado construcciones en el mismo.

En ambos aspectos surgieron ciertas críticas al considerar que se estaba haciendo un concurso a la medida del proyecto de Banderas, dirigidas hacia el alcalde y no hacia el proyecto en sí. En artículos de los medios y redes sociales, las opiniones eran variadas, pero generalmente muy favorables al proyecto y a la persona de Banderas en sí. El actor es profeta en su tierra y no tuvo ningún problema en convertirse en la clara imagen del proyecto. PSOE, Ciudadanos y Málaga Ahora se posicionaron a favor del proyecto de Banderas, pero no de esa adaptación del concurso. El único comentario política que mentaba al actor negativamente fue de Ysabel Torralbo (Málaga Ahora), que habló de “banderismo” como condición para que el Ayuntamiento fomentara el desarrollo de proyectos culturales. Sólo Málaga para la Gente (IU) estaba frontalmente contra el proyecto y defendía una consulta popular.

Es en ese momento cuando Ciudadanos, Málaga Ahora e IU piden que se repita el concurso para el Astoria, pero haciéndolo esta vez vinculante y, claro, sin ninguna adaptación para facilitar la selección de Banderas. La abstención del PSOE y el voto en contra del PP permitieron que no prospere la iniciativa. El pasado martes, 16 de mayo, Antonio Banderas anunciaba mediante una carta pública en Diario Sur, el principal periódico local malagueño, que abandonaba el proyecto por “los insultos y el trato humillante”.

A partir de ahí, el proyecto se convirtió en asunto de primer orden nacional: El País le dedicó su editorial (“Con Antonio Banderas”) y ABC aprovechaba que el Pisuerga pasa por Valladolid para sacar en portada un reportaje sobre todas las inversiones privadas frenadas “por el populismo”. En definitiva, un asunto de índole local en arma arrojadiza a nivel nacional para atacar políticamente.

Mientras tanto, en Málaga, el alcalde enviaba un SMS a Banderas para pedirle que reconsidere su postura; PSOE, Ciudadanos y Málaga Ahora se lamentaban e intentaban probar su inocencia; sólo Eduardo Zorrilla, el concejal de IU-Málaga para la Gente, tuiteaba que Banderas quería convertirlo en el malo de su próxima película, “El Zorro y Zorrilla”. Aunque oficialmente el lamento es generalizado, con manifestación convocada para este domingo para intentar convencer al actor de que lo retome -aquí Banderas es Dios-, la renuncia ha conllevado muchas más críticas hacia el actor de las que jamás logró el proyecto original.

Desde cualquier posición del espectro político e intelectual local se han multiplicado los artículos de opinión al respecto, como estos de Julián Molina y Teodoro León Gross, y los hilos en redes sociales, como este muy inspirador de Alberto R. Aguiar. En ellos está todo dicho, pero aún cabe una última pregunta: ¿hubiera sido capaz Banderas de gestionar un espacio cultural clave en Málaga, si no ha sido capaz de gestionar unas críticas muy minoritarias? Es más lógico, e incluso más benevolente hacia las capacidades de Banderas, pensar que han sido otros los motivos que han llevado a la renuncia y que los motivos expuestos en la carta han sido sólo una bomba de humo para poder huir mientras sigue pareciendo un mártir de la causa cultural malagueña, sea lo que sea lo que esta realmente signifique.

Demófilo Pelaez, redactor de EL REVERSO

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