La tierra que me presentó el Mediterráneo

Flix, turisme cultural

Nuestra cercana Cataluña, tantas veces compañera de viaje, se encuentra en un cruce de caminos. No sabe muy bien a qué atenerse porque, posiblemente, nadie bien la ha guiado durante estos últimos años.
Hay quien le dibujó una ruta obviando su destino, quizá tan solo quería contemplar con ella cómo de nuevo era ese viaje emprendido. Muchos advertimos del riesgo tomado en semejante relato, no obstante sabedores que era por otros anhelado.

Nuestro querido Aragón con ella ha compartido despertares de historia, antiguas leyendas y también noches de frío, preludios de batallas, con un río como testigo.
Vidas cruzadas, riesgos compartidos, camino común de unos amantes dolidos por la sobrevenida capitalidad de un Madrid agradecido pero a veces engreído.

Cuando me acerco a ella por tierras de Tarragona me huele a mar y a viña, a velero y a viento. Desprenden sus campos variedades de matorral y de huertos. Y aunque mucho no se sepa, milenarios son también sus olivos.

Es ese espolón llamado Delta quien dice adiós al peregrino Ebro, que cursa trazo contrario a Santiago porque prefirió la llamada del Mediterráneo. Poderoso Mare Nostrum que nos presentó, y del que nos enamoramos.

Suaves son sus cumbres que toman el sol junto al mar. Famosa su arena dorada que olvida nuestras estepas y esa vital Tramontana que como decía Josep Pla “es un mal negocio aunque por contra produzca un clima limpio e higiénico”. Viento en definitiva como el Cierzo entre el amor y el odio.

Y es también lengua querida y hermana, comprendida y compartida. Por muy pocos mal interpretada. Esa lengua que genera un particular y rico mestizaje entre pueblos de la Franja.
Qué bonito cuando se intercambian las lenguas, cuando se pregunta en catalán y se responde en castellano. Se conversa en pie de igualdad, como buen hermano. Privilegiado símbolo de variedad cultural y respeto obligatorio a esa misma madre que nos quiso por igual.

Quién duda de nuestra vecina Cataluña como novia de Serrat, como hija de Matute y de Dalí, o nieta de Rodoreda y Maragall. Y sobre todo es Madre. Madre de los Estopa pero también de Amaral, de Guardiola a la vez que de Iniesta, de Companys y de Montilla…
Son tantos los hijos naturales y adoptivos, que cuesta pensar que quiera a todos por igual. Pero esa ha sido siempre su grandeza, la que le hizo soñar. Sueños de honradez con sus gentes, tan dependientes de fidelidad.

Tomemos de nuevo, querida amiga Cataluña, ese camino de necesaria lealtad. De compartir nuestras ansias de convivencia y como buenos socios en lo comercial. De marineros solidarios en la peor tormenta, de ilusionados navegantes en búsqueda de prosperidad.

Una regata de aguas políticas tranquilas y de respeto institucional. Aguas por las que como se decía hace cientos de años, no pueda surcar un pez si en su cola no lleva un escudo con la enseña de nuestra histórica fraternidad.

Oscar Galeano, portavoz de la Agenda Digital del PSOE

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