La reacción de la concertada. La cruzada del privilegio

Hablamos hace ya unos meses del conflicto que se cernía sobre la educación aragonesa. Hablamos por aquel entonces de cómo Podemos apretaba las tuercas al gobierno del PSOE para que, aprobación presupuestaria mediante, redujera aulas en tantos centros concertados como se pudiera (concretamente 28).

Pues el gobierno PSOE-CHA, tras valorar pros y contras, determinó contentar finalmente a nuestros amigos de Podemos. Educación decidió fiar su resolución al respecto al órgano administrativo competente. Hasta ahí pareciera que todo es normal.. Una administración que concierta un servicio decide revisar las condiciones de su prestación.

Pues no amigos, el anuncio de que la comisión de conciertos revisaría las aulas concertadas desató en Aragón una suerte de cruzada. Como si nunca hubieran dejado de ser la misma cosa, la derecha política aragonesa (PP PAR y en menor medida Ciudadanos, la Iglesia católica y la derecha económica, se unieron bajo el paraguas de la derecha mediática. A defender la libertad. (Nótese la carcajada).

No dudó la cruzada aragonesa a favor del privilegio en sacar a la calle a miles de personas. Curiosamente de una manera absolutamente organizada, marcial, disciplinada y bien vestida (nunca estuvo reñido el vestir bien con salir a la calle a protestar). No les dolieron prendas en utilizar como figurantes de su protesta en la calle a miles de padres y madres, eso sí, racialmente homogéneos, y todos ellos de clase más bien acomodada en lo económico.

Daba un poco de vergüenza ajena y miedo ver como desfilaban las columnas de padres, madres, abuelas, y religiosas vistiendo el habito. Como si de columnas militares se tratase, tomaron la calle de cívica y cristiana manera las huestes de Jesuitas, Compañía de Maria, Obra diocesana, Cristo Rey o Hermanas de la Caridad. Mucha falda de tablas, mucho niño polo pique, mucho cristo en la solapa, mucho defender la libertad y mucha hipocresía.

Personalmente siempre he mantenido una relación ambivalente con la religión y con la educación concertada. He considerado imprescindible que la red educativa publica pudiera ser complementada por la red privada sostenida con fondos públicos. El atraso secular del país derivado de la dictadura impidió al estado el prestar todos los servicios educativos con medios propios y se recurrió a la organización educativa más fuerte en aquel momento (Iglesia Católica) para que lo complementara. Es por ello que muchas veces el Estado ha mirado para otro lado ya que la posibilidad de disponer de una red alternativa te ahorra costes, infraestructuras y problemas.

Además, pareciera que, con la Transición democrática, la Iglesia Católica de nuestro país hubiera madurado y, más allá de proporcionar una educación en algunos casos deficientes, compartía a su vez los valores y los contenidos democráticos. Esto debió de dejar de ser así desde que un servidor que les habla terminara la EGB en un cole concertado en 1995 y se fuera a la pública.

Desde entonces y en forma de rebelión conservadora, los centros concertados se han ido convirtiendo progresivamente en rompeolas contra los valores cívicos, la secularización de la sociedad y el multiculturalismo.

Esta demostración de fuerza me reafirma en el pensamiento de  que la Iglesia y la derecha política consideran a la educación como una herramienta de adoctrinamiento de primer orden para defender su modelo de sociedad. Para defender su modelo de país, su patria y su Dios. Para educar en la creencia mística y mítica. Para anteponer el privilegio y la uniformidad.

La movilización social fue numerosa, además de amplificada por la cabecera editorial de Doña Pilar. Nada que objetar. Legítimamente la derecha había jugado la carta de la calle y le había salido bien.

El Gobierno de Aragón y hasta el ínclito Echenique tuvieron que salir a la palestra y explicar que solo se reducirían aquellas aulas sin demanda. Que se garantizaría el empleo de los trabajadores. Que no era una agresión a la concertada sino un retorno a la situación anterior a 2011. El caso es que reunida la comisión de conciertos se dictamino que por cuestión demográficas y de demanda de años anteriores se deberían dejar de renovar 13 aulas en conciertos. 13 de las 2300. Así a grosso modo un 0,5% del total de la concertación educativa en Aragón.

Los colegios, ésta vez más pragmáticos, optaron por una vía más efectiva, la judicial, con la certeza siempre de que la magistratura no tendría reparos en restituirles su privilegio. Y así fue. Los juzgados impusieron medidas cautelarisimas ante las cuales el Gobierno de Aragón quedaba obligado a seguir ofreciendo esas 13 aulas.

No seré yo quien diga que la justicia española y la aragonesa esta derechizada. No seré yo quien diga que parte de la carrera judicial está infiltrada por lo más arcaico del fundamentalismo católico torre ciudadano. No seré yo quien diga que nos encontramos ante una cruzada por la defensa de un privilegio.

No seré yo quien lo diga. Pero le insto a que usted lo piense.

Miguel Serrano

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