La persistencia de Donald Trump

La presidencia de Donald Trump vuelve a ser noticia. En los últimos días su figura ha vuelto a estar presente en los medios de comunicación por medidas impuestas de censura, un nuevo veto migratorio, y por supuestas traiciones de otros partidos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el 27 de enero un veto migratorio que prohibía la acogida de refugiados sirios y, además, fortalecía las medidas impuestas para evitar la llegada de terroristas. Tras un periodo de confusión política, un juez federal paralizó el veto impuesto por Trump, decisión que mantuvo la apelación a la que el presidente estadounidense recurrió posteriormente.

Rex Tillerson, secretario de estado de Estados Unidos, confirmó que el actual presidente elaboró el pasado lunes un nuevo decreto que impediría temporalmente la entrada a EEUU de países con una sociedad mayoritariamente musulmana, que entrará en vigor el próximo 16 de marzo. A pesar de los cambios impuestos, el programa sigue defendiendo la misma idea de control, lo que suscita numerosas quejas entre sus máximos opositores civiles. El director del proyecto para los derechos de los inmigrantes de ACLU (American Civil Liberties Union) argumentó sobre la vigencia del sistema discriminatorio de Donald Trump: “El gobierno de Trump ha admitido que su veto a musulmanes original era indefendible. Por desgracia, lo ha sustituido por una versión revisada que comparte las mismas fallas”.

Entre las novedades del nuevo decreto está la exclusión de Irak y la permanencia de Siria, Irán, Libia, Yemen, Somalia y Sudán en la lista de los países en los que los ciudadanos no pueden conseguir visados hasta los 90 días. Este cambio se justifica por la presencia de tropas estadounidenses en Irak, además de la cooperación en la lucha contra el yihadismo. El decreto también declara que no se verán afectados quienes tengan estatus de residentes legales permanentes, al igual que los que tienen visados en regla emitidos antes del 27 de febrero y a los ciudadanos de los países afectados que tienen doble nacionalidad. El demócrata y actual fiscal general de Nueva York, Schneiderman, declaró: “La Casa Blanca puede haber hecho cambios en la prohibición, pero la intención de discriminar a los musulmanes sigue siendo clara”.

El portavoz de exteriores iraquí, Ahmed Yamal, mostró su agradecimiento a la exclusión de Irak en esta nueva criba humana. Yamal considera que se trata de un primer paso hacia una sostenibilidad y que puede ser una “dirección correcta” para enfrentarse al Estado Islámico.

Donald Trump no solo ha emitido un nuevo veto migratorio para fortalecer lo que él considera la seguridad de su país, sino que también acusó al expresidente estadounidense, Barack Obama, de espionaje. El actual presidente denunció que su antecesor espió sus conversaciones personales al haberle intervenido el teléfono durante la campaña presidencial en la que se enfrentó a Hillary Clinton. Donald Trump emplea como fuentes de esta información al sitio de noticias Breitbart, cuyo director fue el actual jefe de estrategias del presidente de Estados Unidos.

La noticia del supuesto espionaje ha nacido en un contexto en el que Donald Trump está vinculado al escándalo del espionaje ruso. Cuando Trump aún era candidato a la presidencia de Estados Unidos, supuestamente pidió a Rusia que lanzara una operación de espionaje para encontrar mensajes borrados por la secretaria del Estado. Además, los servicios de inteligencia estadounidenses consideran que el gobierno ruso ordenó llevar a cabo una campaña de ciberatques para evitar la victoria de Hillary Clinton.

El ahora ya presidente atacó a Obama en redes sociales: “¡Terrible! Acabo de descubrir que Obama tenía mi teléfono pinchado en la Torre Trump justo antes de la victoria. No encontró nada. ¡Esto es McCarthysmo!. Trump lo quiso comparar con la persecución iniciada en 1950 por el senador estadounidense contra presuntos simpatizantes de la Unión Soviética. Además, asemejó las escuchas al caso Watergate, donde hubo robo de documentos, y a Obama con Nixon: “¡Qué bajo ha caído el presidente Obama pinchando mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate. Chico malo (o tonto)!”.

A pesar de la gravedad del asunto, por el momento Trump no ha presentado pruebas que justifiquen dicha acusación. El portavoz de Obama, Kevin Lewis, declaró: “Ni el presidente Obama ni ningún cargo de la Casa Blanca ordenó jamás vigilar a ningún ciudadano estadounidense. Cualquier sugerencia en otro sentido es sencillamente falsa”. Lewis, además, explicó que “una regla básica de la administración Obama era que ningún funcionario de la Casa Blanca interfiriera jamás con alguna pesquisa independiente encabezada por el Departamento de Justicia”.

El comunicado lanzado por el secretario de Prensa y Director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Sean Spicer, señala que el presidente no tiene ningún arrepentimiento por sus acusaciones y que “el presidente Trump solicita que, como parte de su investigación sobre la actividad rusa, los comités de inteligencia del Congreso ejerzan su autoridad de supervisión para determinar si hubo un abuso de poder por parte del Ejecutivo en 2016”. Además, expone que ni el presidente ni la Casa Blanca harán más declaraciones.

The New York Times publicó que el director del FBI, James Comey, pidió al Departamento de Justicia rechazar las declaraciones que había realizado Trump. Por otro lado, James Clapper, el exdirector de Inteligencia Nacional, ha negado que Obama interviniera el teléfono de Donald Trump durante la campaña. En el programa Meet the Press, de la cadena NBC, ha declarado: “No ha existido tal actividad, ni contra presidente alguno, ni contra presidente electo alguno, candidato o campaña”.

Ana Calvo García

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