La paradoja de Merkel: rumbo seguro a lo desconocido

AFP PHOTO Odd ANDERSEN

Se resolvió una incógnita casi inexistente en Alemania: Angela Merkel volverá a ser canciller de la primera potencia europea, tal y como pronosticaban todos los sondeos, por cuarta vez consecutiva. Todo ello, a pesar de una caída de más de 8 puntos en el voto recibido (cerca de un 10% en el caso de la CSU en Baviera), mayor de lo previsto. Un mal resultado, pero efectivo por ahora.

La otra gran duda, esta sí tangible y de profundo calado, era qué partido terminaría tercero tras estos comicios. La cuestión era clave, porque dada la seguridad de la formación de un Ejecutivo de coalición en el país, el tercero en discordia podría entrar en el Gobierno o, por contra, alzarse como jefe de la oposición. Finalmente, las encuestas han confirmado el repunte de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD en sus siglas germanas) de las últimas semanas, y con más de un 13% la formación xenófoba entra en el Bundestag tras el reparto de escaños en el complicado sistema electoral alemán, igualando en porcentaje al PVV de Wilders en Países Bajos. Ha sido primera fuerza en la zona de Dresde, al este del país. Es la primera vez que un partido perteneciente a ese extremo del espectro político está presente en el parlamento de Berlín desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Un dato relevante para comprender el ascenso del partido (casi triplica sus resultados respecto a 2013) es que ha recibido sufragios de votantes que antes habían optado por cualquiera de las otras cinco principales formaciones, destacando el millón de antiguos abstencionistas, junto a otro millón procedente de los democristianos de la CDU y su marca bávara CSU, ambos con resultados notablemente más bajos que cualquiera de las previsiones. Parece que la oleada de refugiados de 2015-2016 y las tensiones sobre la leitkultur alemana de los últimos meses han pasado más factura de la esperada a Merkel.

Por detrás de los ultras quedan las otras fuerzas que se disputaban el bronce de esta competición, en el siguiente orden: los liberales del FDP, los postcomunistas de Die Linke (La Izquierda) y los Verdes, todos ellos en torno al 9-10% de los sufragios. Los primeros suben ligeramente y recuperan la representación perdida en 2013, los otros dos grupos crecen cerca de medio punto porcentual.
La noticia no noticiosa es la fuerte decepción que han padecido los socialdemócratas del SPD. Martin Schulz dejó la presidencia de la Eurocámara para hacerse con la Cancillería de su país y llegó a hablarse de un “Efecto Schulz” con unas encuestas que no hace tantos meses llegaron a augurar casi un empate técnico entre él y Mutti (Madre) Merkel, pero ha sido incapaz de construir una opción política alternativa con la consistencia suficiente y ha marcado el peor resultado histórico del SPD. A pesar de caer menos que la merkeliana CDU la sensación de fracaso es indudable, dado que son los peores resultados del partido en toda su historia. No obstante, dado que la caída de la canciller ha sido mayor, los ánimos en la sede central del SPD no estaban tan hundidos como podría esperarse. Schulz ya ha anunciado que se centrará en cuestiones internas del partido en vez de ejercer de líder de la oposición al tiempo que ha dado por muerta a la Gran Coalición del último cuatrienio. El castigo padecido por los dos partidos tradicionales refleja una penalización a lo establecido. SPD y CDU suman cerca del 52% del total, mínimo histórico. Otro bipartidismo europeo que se resquebraja profundamente.

Hasta aquí lo ocurrido. Pero, ¿qué está por venir? Como es tradicional en Alemania, dada la fragmentación parlamentaria, el Gobierno que saldrá finalmente será de coalición. Con el fin del acuerdo CDU-SPD, pocas opciones tiene Merkel. Siguiendo al medio estadounidense POLITICO y a la vista de la aritmética de los resultados del día 24, la única mayoría con alguna posibilidad de salir adelante será la llamada “Jamaica”, cuyo nombre proviene de los colores de los tres partidos que la conformarían: el negro de la CDU/CSU, el amarillo de FDP y el verde “corporativo” de los ecologistas. A pesar de sumar algo menos de 400 diputados de los 709 que parece que tendrá el Bundestag en esta legislatura (el reparto de escaños hace que el número total de miembros del Parlamento fluctúe en cada elección), el problema de esta opción es la pésima relación entre verdes y liberales, e incluso entre los políticos de FDP y el socio bávaro de Merkel. Además, esta hipotética combinación se vería lastrada por las más que probables peticiones de los dos socios minoritarios: Finanzas para los liberales y Exteriores para los Verdes, ansiosos por recuperar el protagonismo que tuvo el carismático Joschka Fischer en tiempos de Schröder en la Cancillería.

Por otra parte, un pacto de centro-derecha que dejase fuera a los verdes y se circunscribiera a la CDU y FDP no suma los apoyos suficientes, por lo que esta vía se queda sin oportunidades. Lo mismo ocurre con un pacto entre el partido gobernante y los Verdes, otro de los pactos barajados. Por último, la ley electoral germana permite un gobierno en minoría, una opción que podría barajar Merkel, consciente de su carisma plano pero efectivo. La contrapartida en tal caso sería tener que negociar apoyos ad hoc para cada proyecto legislativo.

Una última vía, poco contemplada por ahora, sería un adelanto electoral, convocado con la intención de “clarificar” la aritmética parlamentaria del Bundestag, aunque se ve como una opción potencialmente peligrosa ante el empuje político de la ultraderecha de AfD.

En cualquier caso, no habrá decisión sobre la coalición antes del 15 de octubre (fecha de las elecciones regionales en Baja Sajonia) y el Gobierno no estará formado antes de Navidad. Pero no es un simple juego cromático la resolución final de estos enigmas. Las consecuencias en la dinámica de la Unión Europea en el contexto de un relanzamiento del Eje Franco-Alemán son serias. Teniendo en cuenta la insuficiencia de un pacto CDU-Verdes y la negativa del SPD a conformar de nuevo la Gran Coalición, obligará a Merkel a aceptar propuestas del FDP, bastante alejadas de las ideas de profunda reforma (presupuesto europeo, ministro de Finanzas para la Zona Euro) propugnadas por Macron, uno de los grandes perdedores de estas elecciones. Ambigua es la reacción en la capital comunitaria ante los resultados: segura era la victoria de Merkel, pero la incertidumbre ante el tono de su gobierno futuro inquieta a las autoridades de Bruselas.

Así pues, todo está por decidir en tierras germanas. Todo el continente estará pendiente de los entresijos políticos de las próximas semanas y meses. Lo único seguro es que Merkel se encamina en una dirección novedosa y desconocida. Para ella y para todos los que dependemos de sus actos.

Alberto Cañas de Pablos (Madrid, 1987), politçologo y Master en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente doctorando y docente en diversas asignaturas de Historia española y mundial en la misma universidad. 

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