La mirada especular del independentismo.

AFP

Los espejos aparecen de manera recurrente en los relatos de Borges, incluso en alguno de ellos llegan a estar prohibidos porque multiplican las imágenes.

Los espejos siempre ofrecen una imagen invertida de la realidad: todo lo que vemos es equívoco, trastocado, nuestra derecha es la izquierda en la imagen reflejada, las letras aparecen al revés, el espacio se duplica. Así es cada mañana cuando nos miramos al espejo, solo que nuestro cerebro reelabora esas imágenes simétricas y nos pone a salvo de las trampas de la óptica.

El discurso del independentismo en Cataluña está lleno de miradas a la realidad a través de los espejos, negándose a admitir que ven imágenes invertidas:

Mientras una minoría independentista –importante, eso sí, pero minoría– pretende imponer su República Unilateral al resto de los catalanes, sin el menor pudor y sin apreciar en su actitud el menor ápice de autoritarismo, ven en el reflejo un Estado español autoritario que coarta las libertades de toda la ciudadanía catalana.

Cuando desde hace décadas se inculca en la sociedad el desapego a todo que suene a español, el reflejo responde que España nos odia.

Mientras los piquetes de una huelga, convocada por un sindicato irrelevante, al margen de toda reivindicación laboral, boquean los trenes y carreteras durante horas, el reflejo confirma que todo se esta haciendo educadamente, sin violencia.

Cuando un amigo o un vecino se niegan a enarbolar la estelada y no gritan ¡in-de-pen-den-ciá!, se les vuelve la espalda y se les niega hasta sus más profundas raíces catalanas, el reflejo responde: se lo merecen.

Si la ley de desconexión catalana establece que los jueces serán designados por una comisión mixta formada por igual número de miembros del Gobierno de la Generalitat y de la Sala de Gobierno de la Judicatura, el reflejo responde, que es la justicia española la que está politizada, cuando sus tribunales, éstos verdaderamente independientes, combaten la corrupción de egregios personajes nacionalistas o procesan a quienes conculcan la ley declarando Repúblicas ilegales.

Si Oriol Junqueras insiste en que el Gobierno español se niega a negociar a pesar de la buena voluntad del bloque Junts pel Sí, para añadir a continuación, siempre que quede claro que la independencia es irrenunciable, el espejo no duda en decirle que ése es el verdadero camino de los demócratas, confundir negociación con imposición.

El reflejo del espejo llama preso político, actitud pacífica, tolerancia, democracia avanzada, libertad, a imágenes invertidas. Ni la Unión Europea se salva cuando no se acomoda a sus intereses.

Como en los espejos puede mirarse cualquiera, siempre existirá el riesgo de que por el otro lado de la imagen asomen caras dispuestas a negar que España sea diversa y que en esa diversidad, que debe ser respetada, radica una de nuestras fortalezas.

El independentismo es lícito y respetable, como también lo es el no querer la independencia. Siempre con un condición: que el respeto sea mutuo y se cumplan las reglas del juego.

Los aragoneses ni somos ajenos, ni aún menos, indiferentes, ante la cuestión catalana. Razones de historia, de vecindad, de relaciones familiares y de lengua, nos unen solidarios a nuestros vecinos. Cuanto pasa al otro lado de la aragonesa Franja de llevant –que no de ponent– tiene repercusiones inmediatas entre nosotros.

Hace años que Omnium Cultural mantiene presencia activa en el Aragón catalanoparlante, o como ellos lo denominan, “la Cataluña irredenta”.

El espejo aplaude este talante imperialista: no hay que parar hasta que la Cataluña independiente se extienda al Rosellón por norte, Baleares por el este, Alicante por el sur y llegue hasta el Cinca por el oeste, pues la historia, tal como la explicamos ahora, nos otorga el derecho, y además, y por encima de todo, la lengua, de la que nos hemos apropiado. No importa que la realidad histórica sea otra, no importa que los idiomas no tengan nada que ver con los límites políticos, ni que en la vieja Europa, en ninguna nación las fronteras coincidan con una única lengua: Todo aquel que se exprese en catalán, está obligado a ser súbdito nuestro.

Desgraciadamente, al espejo también se asomaron, desde el otro lado, quienes tuvieron la ocurrencia de llamar Lapao al catalán que se habla en Aragón.

Santiago Marraco, Presidente del Gobierno de Aragón entre 1983 y 1987

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