La juventud activa, comprometida y transformadora

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Hace poco publicaron un artículo de opinión en El País titulado “‘Millennials’: dueños de la nada”, en el que se describía una juventud y unas generaciones perdidas, sin interés por nada, acomodadas y sin ningún compromiso.

Asegurando que, pese a los esfuerzos del resto de la sociedad, los jóvenes de hoy en día solo pensamos en hacernos selfies o en tener me gustas en Facebook, daba una imagen de las personas que tenemos entre 17 y 35 años de gente acomodada sin ningún objetivo y sin ninguna meta.

Utilizando una sarta de lugares comunes, tópicos, generalidades y mentiras el autor de este artículo se pregunta qué ideas tienen los millennials que no sean un filtro de Instagram o una aplicación de teléfono móvil, dando a entender que todo nuestro mundo está en una red social y que no tenemos interés por nada excepto por pasar el tiempo (y la vida).

Este discurso rancio y para nada nuevo (ya decía Aristóteles que la juventud de entonces no se comprometía con la política), repetido continuamente generación tras generación no puede estar más alejado de la realidad.

No es cierto que se haya apostado por la organización y participación social de los jóvenes. Las organizaciones políticas, sindicales e instituciones han estado más preocupadas en otras cuestiones que en tener realmente unas políticas de juventud que hicieran que los y las jóvenes se organizasen y crearan sus propios espacios, de hecho muchas subvenciones en políticas de juventud acaban en organizaciones no juveniles e incluso en empresas.

Frente a esto, la juventud se organiza (aunque en menor medida de lo que podría si tuviera los recursos necesarios) y participa. En el 15-M miles de jóvenes salieron a la calle y protestaron porque la sociedad no les daba los espacios y oportunidades que se merecían, en las últimas huelgas educativas miles de jóvenes aragonesas y aragoneses han tomado las calles, han organizado piquetes y se han comprometido con la educación pública, en las últimas manifestaciones feministas las calles se llenaron de jóvenes con banderas moradas clamando libertad, hace una semana en el Orgullo en Zaragoza cientos de jóvenes expresaban su libertad afectivo-sexual.

Cada semana en las organizaciones juveniles laicas y progresistas cientos de jóvenes se reúnen en sus equipos de centro, en más de veinte institutos y en todos los campus de la Universidad. Cada año se organizan actividades como Confluencias donde 300 jóvenes autogestionan más de 270 actividades durante veintitrés días.

Jóvenes que participan en actividades medioambientales porque somos realmente la primera generación consciente de que este planeta no puede aguantar mucho más a este ritmo (las anteriores nos lo dejaron así), jóvenes que luchan por la igualdad real entre mujeres y hombres abanderando como nunca la lucha feminista, jóvenes que respetan y se educan en la diversidad sexual y de los cuerpos (habiendo heredado kilos y kilos de LGTBfobia de nuestras anteriores generaciones), jóvenes que hablan de paz y solidaridad y apoyo a los y las refugiadas entre guerras iniciadas por personas más mayores que nosotras.

Si las generaciones anteriores de verdad quieren que la juventud sea crítica, participativa, se involucre y quiera cambiar el mundo, en lugar de retratar a las y los jóvenes como personas sin intereses y acomodadas, deberían apostar por ella apoyando los proyectos y actividades que desarrollan a través de las organizaciones juveniles.

José Antonio Gadea, Coordinador e.d.u.  Rep. Estudiantes en el Consejo de Gobierno de Unizar y en el Consejo Social.

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