La Historia en la actualidad

Muy buenas. Me llamo Carlos Cisneros y tengo el grato honor de inaugurar mi participación personal en el Rotativo sobre la Historia. Ya que todo es y todo puede ser histórico, iré tratando cualquier tema o cuestión que vayáis proponiendo en los comentarios en las siguientes colaboraciones que tenga en esta revista.

El título escogido es una manera de presentar mi trayectoria de formación como historiador y mi adicción por la filosofía, hablando un poco de los problemas que podemos observar en la actualidad. Antes de comenzar, os resumiré brevemente el contenido de todo el artículo: al principio señalo la necesidad de tener que superar los acontecimientos y el tiempo de los acontecimientos para poder tratar adecuadamente tanto la Historia como la actualidad misma, para luego lanzar una serie de consideraciones sobre la Historia en sí misma.

Debería empezar diciendo cuál es mi definición de lo que es Historia, pero daría exactamente igual. Todos tenemos nuestras ideas romantizadas de lo que es la Historia en nuestras mentes, pero todas se terminan resquebrajando tarde o temprano por el entrecruzamiento de la realidad en nuestra perspectiva.

Con respecto a la actualidad, se podría definir como la frontera temporal donde nace la Historia. Todo lo situado antes de su nacimiento (es decir, en el futuro, lo que todavía no ha sucedido) nos conduce al mundo del azar, de la probabilidad, de la predicción. Es cierto que existen finales ya anunciados como sucedió con la URSS (1922-1991) o algunas problemas sociales estructurales que parecen haberse quedado más atrás, como es la desigualdad de género, la xenofobia o el racismo (ya veréis cómo se reaviva la cuestión racial en relación con la tecnología CRISPR.

Difícilmente se puede dar una respuesta histórica a ciertos temas que todavía no han terminado y que además formamos parte de ella. No podría opinar de manera histórica sobre el gobierno de Trump o de la tercera oleada del feminismo porque no solo están lejos de la recta final, sino que además nadie sabe qué consecuencias buenas o malas nos traerán tanto lo uno como lo otro en todos los ámbitos de nuestra vida (político, económico, social cultural, religioso, ideológico, militar…).

Eso nos da una cierta idea de que para abordar algo históricamente tenemos que mirar más hacia atrás para comprender mejor lo que tenemos delante. Podemos conocer realmente bien la Historia de nuestro pasado siempre y cuando tengamos en cuenta la disciplina y metodología propias del oficio histórico (las fuentes, las categorías temporales, la causalidad múltiple, la “objetividad”…).

Aun conociendo mucho nuestro pasado, aun comprendiendo todas las dimensiones del problema que sea, la Historia nunca nos va a llevar al camino de su solución. Lo que si nos dará son los medios para lanzar mejores interpretaciones y que esas contradicciones que observamos del día a día se tornen cada vez más sostenibles y fecundas. Lo que es mejor: participar en un suceso histórico de corta, media o larga duración nos abrirán las puertas para conocer todos esos tres tiempos.

Si por el contrario quieres evadirte de los problemas actuales y pasados, si no quieres ser un observador del día a día que se está escribiendo, si tu curiosidad histórica tiene menos hambre que un mosquito en ayunas, en ese caso te deseo que no te toque vivir una época interesante.

Peeeeero te adelanto que eso es prácticamente imposible. Toda la sucesión sucesiva de sucesos sucedidos sucesivamente de la Historia tiene algo en común: las mismas cuestiones de antes vuelven una y otra vez para que la sociedad de ahora las reinterprete según sus preocupaciones y motivaciones. De esta manera hemos evolucionado de una historia tradicionalmente centrada en el problema de la construcción del Estado (y de su justificación ideológica) a explorar nuevos tipos de historia, a enfocarnos en individuos, a utilizar conocimientos y herramientas de otras disciplinas…

Os pondré un ejemplo: La revolución francesa de 1789. Los historiadores de la época se centraron en París, luego en Francia y finalmente en las afueras de Francia a la hora de explicar los numerosos entresijos que tuvo este hito merecedor del cambio de la Edad Moderna a la Contemporánea. Tuvimos que esperar al siglo XX para que por fin se incluyeran en la explicación histórica a los sans-culottes, a la Vendée, que por su orografía tan aislada de las ideas del día se convirtió en un auténtico bastión de los contrarrevolucionarios franceses, y otras tantas reconsideraciones historiográficas. Otro ejemplo rápido: la famosa Atlántida, ¿es un continente hundido como aludían los griegos o es una civilización alienígena del espacio exterior? No lo sé Rick, parece que dentro de mil años les colocamos en otra dimensión en el quinto pino, no vaya a ser que se nos acabe el mito.

Quizás a más de uno le entren ganas de usar la Historia como arma arrojadiza para ganar discusiones de salón o dejar patente que las cosas sagradas de la gente no merecen respeto alguno. En cuyo caso invoco la consideración de Spinoza de que ante los asuntos humanos no hay que reír, ni llorar ni indignarse, sino comprender. Ésa es la función primordial de la Historia. Si esto no te ha convencido descuida, será la propia Historia la que te juzgue tus intenciones pasadas sin que te puedas salvar ni después de muerto. A no ser claro, que no te lea NADIE.

La narración (la historia) es el principal elemento que pone en común toda la Historia habida y por haber. Por eso si se le intenta tratar como si estuviésemos en una disciplina científica (tiene su parte científica pero también humana), acabarás despojándola de lo que le hace interesante, atractiva y verdadera: su componente humano. La narración permite superar mejor cualquier límite que una metodología científica incontestable, ya que la objetividad no existe en esta área. Ni la busques.

Si un humano o un producto creado por él procesara mínimamente cualquier hecho histórico, éste ya dejaría de ser objetivo automáticamente, porque ha sido procesada sin perfección ni rigurosidad. Aún cuando consiguieras un hecho objetivo en su totalidad, tendrías que incorporarla a tu interpretación histórica. Y si solo quieres registrar todos los hechos objetivos y hacer una histoire événementielle, tengo un libro muy majo para ti. Trata sobre la apertura de la calle Alfonso I, en Zaragoza, en los años 1858 a 1868 y son doscientas páginas con texto e imágenes. Cuando te la acabes haz lo mismo con  todas las calles de la ciudad de Zaragoza en sus más de dos mil años de Historia y me presentas el tomo completo y finalizado donde te quepa, que yo te haré una sencilla pregunta: ¿Por qué?

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