La expulsión recíproca de embajadores alcanza un nivel inédito de tensión entre Venezuela y España

Jesús Silva, embajador de España en Caracas (derecha), junto con Julio Borges, diputado opositor en la Asamblea Nacional / AFP

El pasado viernes 26 de enero se conocía la deliberación del Consejo de Ministros de España en la que se daba a conocer la decisión de expulsar al embajador de Venezuela en nuestro país, Mario Isea. Los hechos se producían como consecuencia de la expulsión cometida un día antes, el jueves 25, del embajador de España en Venezuela, Jesús Silva Fernández. Esta recíproca medida crea un ambiente de tensión entre ambos países nunca vista anteriormente, ni siquiera en 2007 en la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, cuando el rey Juan Carlos I le espetó el conocido “¿Por qué no te callas?” al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ambos embajadores recibieron un plazo de 72 horas para abandonar el país y observarán, cada uno de ellos, la evolución de esta situación convulsa entre España y Venezuela en sus respectivos países.

La expulsión de Silva Fernández por parte del gobierno de Caracas se producía tras la publicación de un comunicado oficial del canciller venezolano, Jorge Arreaza, donde se declaraba persona No Grata al embajador “en virtud de las continuas agresiones y recurrentes actos de injerencia en los asuntos internos de nuestro país, por parte del Gobierno Español”, reza el comunicado.

El portavoz del Gobierno español, Íñigo Méndez de Vigo, recalcó ayer la excepcionalidad de la expulsión del embajador de Venezuela en Madrid achacándola a las “inaceptables” declaraciones y expresiones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, contra España y su presidente Mariano Rajoy, a quien acusaba de “corrupto”. El comunicado también pone en cuestión su gestión tanto en los asuntos económicos como sociales, procediendo a realizar una mención a la situación en Cataluña: “fue mundialmente difundido el uso de la represión policial para secuestrar el derecho a decidir del Pueblo de Catalunya, así como la judicialización de la política para perseguir y encarcelar a quienes difieran de la posición oficial”.

El origen de este comunicado y de las acciones realizadas posteriormente por ambos países vienen, según fuentes cercanas al gobierno de Nicolás Maduro, de las medidas aprobadas por unanimidad de los países de la Unión Europea para sancionar a siete altos cargos del gobierno venezolano. Entre los sancionados, se conoce la figura del ministro de Interior, Nëstor Reverol, el número dos de Maduro, Diosdado Cabello, entre otros representantes gubernamentales de alto nivel.

Silva: “Se trata de una expulsión totalmente injustificada”

El expulsado embajador de España en Caracas, en una entrevista para El País, argumentaba que “España es el país que más ha contribuido, contribuye y va a seguir contribuyendo al diálogo y a la negociación de todos los venezolanos.” “Es una expulsión totalmente injustificada”, sentenció. Según Silva, esta expulsión también perjudica mucho las relaciones entre los dos países y a la labor que estaba realizando la sede diplomática española en el país caribeño. “Desde que llegué, en abril pasado, se empezaron a retomar los contactos en la embajada y siempre hemos trabajado para impulsar una negociación entre ambas partes”, declaró el embajador al periódico El País.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, encabezado por el ministro Alfonso Dastis, aseguran que no corre ningún riesgo la actividad de la Embajada española en Venezuela, pues seguirán proporcionando el servicio de atención y colaboración a quien lo necesite.

Antecedentes de una expulsión diplomática

No es la primera vez que se produce la expulsión de un embajador de España en otro país. Para conocer la primera expulsión producida en la historia de la diplomacia española tenemos que remontarnos al 20 de enero de 1960, el conocido ‘caso Lojendio’ produjo un clima de tensión profundo entre España y Cuba. El embajador español en la isla, Juan Pablo de Lojendio (también Marqués de Vellisca), se encontraba en su residencia oficial de La Habana viendo un discurso de Fidel Castro televisado. Castro empezó a acusar a las embajadas española y estadounidense en Cuba de favorecer al movimiento contrarrevolucionario.

El embajador, que no cabía en su asombro, acudió al estudio desde donde se estaba retransmitiendo el programa en directo y, ante toda la audiencia, interrumpió al mandatario cubano para exigirle una rectificación inmediata. La retransmisión se cortó y, después de unos minutos, volvió la señal. Fidel, con rostro serio, ordenó al presidente del país, Oswaldo Dorticós, la expulsión del diplomático español en 24 horas. Lojendio regresó a España casi como un héroe, aunque Franco se limitó a reconocer su labor como diplomático y sus servicios prestados para el país.

Pese a esta crisis diplomática, nunca se había producido ninguna otra expulsión de un embajador de España en otro país hasta el pasado jueves 25 de enero, sumando así dos expulsiones de un representante del gobierno español en un país extranjero.

Ángel Herrezuelo Die / @angelhd29

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