¿La ciudad no es para mí?

Aragón UniversidadZaragoza ha acogido en la última semana de abril un encuentro de expertos alrededor del ciclismo urbano, donde hemos podido ver participar, muy “a lo político de ahora”, con un plácido paseo en bici, cosa que está muy bien (como lo es dejarse ver haciendo algo de deporte, muy Rajoy, que ha sabido capitalizarlo como nadie) al alcalde, consejeros y otras personalidades del Ayuntamiento que han dialogado en este foro con otros actores especializados en movilidad, también de otros países.

Seguro que habrán dialogado, y eso parece constatarse a tenor de las conclusiones publicadas, no menos de lo que lo hicieron en su día los jueces del Tribunal Superior de Justicia de Aragón que hubieron de fallar, primeramente, sobre la legalidad de determinados preceptos de la entonces recién nacida Ordenanza Municipal de Peatones y Ciclistas de Zaragoza en relación con el Reglamento General de Circulación y la Ley de Tráfico en lo que a la circulación de bicicletas por las aceras respecta (y por lo que se hizo famosa), al autorizarlo expresamente en determinados casos, ampliando el espectro de la normativa nacional común. Con ello mucha gente se animó a circular en su día a día por las calles de la ciudad y otros, no tantos por entonces, que llevaban tiempo haciéndolo se vieron más seguros con respecto a la normativa anterior. De ahí ejemplos como la acera bici por el paseo de la Independencia o la libre circulación de bicletas por el Coso Alto y César Augusto a su paso por el Mercado Central.

Fue en este primer caso cuando, acertadamente, el Tribunal enmendó la Ordenanza Municipal y restringió la posibilidad de circular por ellas a los casos de menores de una cierta edad y su acompañante y zonas verdes, básicamente. Quedaron fuera las opciones de circular por aceras de una determinada anchura o aquellas donde, si se cumplían varios requisitos cumulativos, se podía transitar. En uno y otros casos, tanto la acera de Independencia como otras mucho más estrechas, donde cumpliéndose la suma de varios factores sí se podía circular, es un hecho objetivo que muchos de quienes montaban en bicicleta (y lo dice un ciclista empedernido, tanto urbano como no) lo hacían a una velocidad inadecuada, sin guardar una distancia mínima de seguridad con el peatón, sin luces por la noche y por cualquier tipo de acera, con el consiguiente peligro. No todos pero sí muchos, los bastantes como para sacar a las bicicletas de las aceras.

Es desde mi punto de vista con la implantación que a tenor de la Ordenanza (del grueso de la misma, al que no afectó la sentencia) hizo el Ayuntamiento limitando la velocidad a treinta kilómetros por hora en todas las calles de un solo carril por sentido, lo que ha permitido circular con las garantías suficientes de seguridad por la calzada, siempre a una velocidad adecuada y respetando las normas de circulación, lo pertinente y acertado para comenzar a conseguir que las bicicletas ocupen el lugar que les corresponde. Pero sobre todo, no menos trascendental fue y sigue siendo la concienciación por todos los organismos de tráfico, con la DGT a la cabeza, de la conveniencia de circular en bicicleta por el centro del carril, algo que para mí es lo verdaderamente importante porque es lo que da seguridad cuando circulas con el tráfico a motor y te confiere confianza para hacer de la bicicleta tu medio de transporte cotidiano.

Paralelamente el Ayuntamiento señalizó muchas calles de tráfico restringido a badenes y carga y descarga como aptas para la circulación en bicicleta, lo que para mí supuso un acierto. Son calles que tienen un tráfico menor pero constante a lo largo del día y en las que un peatón cuenta con que circulan vehículos a menudo. Por lo tanto, el factor sorpesa de ver una bici circular por ellas desparecería. Cosa distinta son las calles por las que se autoriza la circulación de bicicletas en dirección contraria, cosa que por muy extendida que sea en otras ciudades europeas debe ser analizada calle por calle, para ver si reúne las condiciones de seguridad adecuadas. De ahí que el segundo hito judicial y más reciente, la prohibición de circular incluso por esas calles de tráfico restringido, no me parece adecuada. Debiera ser la norma general la circulación por ellas, siempre extremando la precaución (sobre todo si hablamos de la plaza del Pilar), y la prohibición, la excepción. Esta última sentencia se encuentra recurrida y se está a la espera también del nuevo Reglamento General de Circulación, que podría habilitar lo enmendado. Como en política, cambia, todo cambia.

Jorge Marcuello

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