Juntos pero no revueltos

Los líderes de España, Francia, Alemania e Italia aúnan fuerzas para impulsar una Unión Europea sólida tras el Brexit

España, Francia, Italia y Alemania apuestan por una Unión Europea más fuerte que nunca pese a la salida del Reino Unido de sus filas. Así lo demostraron en la cumbre informal que tuvo lugar en el Palacio de Versalles el pasado 6 de marzo los principales líderes europeos: el presidente de la república francesa; François Hollande, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y la canciller alemana, Angela Merkel.

Esta cita se concertó en un mes de concurrida agenda. Previamente a este encuentro, tuvo lugar la presentación del Libro Blanco sobre el Futuro de la Unión Europea, en el que se contemplan diferentes maneras de dirigir el futuro de la misma, y que fue presentado el día 2 de marzo por el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Junker para comenzar a preparar el 60º aniversario de la Unión Europea. Precisamente, este encuentro entre Hollande, Rajoy, Merkel y Gentiloni, que incluyó una amistosa cena, tan solo era el ensayo general de ese aniversario que se celebrará el próximo día 25 de marzo en Roma para conmemorar el Tratado que oficializó el nacimiento de la Unión Europea, un acto que tuvo lugar en el emblemático palacio de Versalles.

Hollande invitó a los tres mandatarios para perfilar las políticas que esgrimirán para “relanzar” la Unión Europea sin el Reino Unido. Tendió la mano hacia Mariano Rajoy, interesado como estuvo en que el presidente del Gobierno acudiera a este acto; con ello dejó claro que España es, de nuevo, parte del denominado “núcleo duro” de la UE tras años de cierto inmovilismo en el campo europeo debido a la crisis y a las grandes deudas que acarreaba. España forma parte activa de los ejes de decisión europeos, así lo ratificó el presidente saliente de la república francesa: “Alemania, Francia, Italia y España, por historia, economía y demografía, tienen la responsabilidad de trazar el camino adelante, no para imponérselo a los otros, sino para ser una fuerza al servicio de los otros”.

Durante la jornada, los líderes reflexionaron sobre los temas más candentes de la sociedad actual internacional: la preocupación ante las crisis migratorias, el azote del terrorismo, el crecimiento de los populismos en muy diversos puntos de la geografía mundial, y por supuesto, la inminente salida del Reino Unido de Europa. Una salida de la Unión Europea en firme, encabezada por la primera ministra británica, Theresa May, y que, no obstante, sigue encontrando piedras en el camino. Piedras interpuestas por la Cámara de los Lores quienes tratan de frenar la celeridad con la que se pretende llevar a cabo este divorcio internacional. Para ello, los Lores reivindicaron, con final satisfactorio por el momento, que la última decisión sobre el Brexit recaiga en el Parlamento. Sin embargo, a pesar de los trámites de separación, el Brexit es una realidad. Pero no una a la que los líderes de las cuatro grandes potencias reunidas en Versalles teman. En un contexto de euroescepticismo cada vez más creciente, los líderes pretenden centrar sus políticas en lograr una mayor integración dentro el marco europeo para actuar de una manera conjunta y lograr una amplia paz y prosperidad.

Agencia EFE

Los “cuatro grandes de la UE” entienden que, para lograr estos objetivos, se debe apostar por una Europa “a varias velocidades”. Es decir, una Europa integrada por países sin miedos y recelos a los avances en mayor o menor medida del Estado vecino. Tal y como matizó la canciller alemana: “Hay que ser valientes, y aceptar que algunos países avancen y cooperen de forma más rápida”. Hollande, apoyando igualmente esta idea, matizó que “unidad no es uniformidad” y llamó a crear nuevas formas de cooperación para ir más rápido y ser más fuertes en conjunto. El resto de dirigentes estuvieron de acuerdo, ya que se consideró que las diferentes velocidades de desarrollo no tienen por qué suponer un problema de exclusión, marginación o bloqueo entre países, sino que liberarán los frenos con los que unos tratan de moderar el avance de otros.

En esta Europa de “varias velocidades”, especialmente defendida por el eje franco-alemán, es fundamental lograr la integración, para así bloquear el auge de elementos desestabilizadores, ya que, según Hollande, la UE “no solo es un sistema económico, sino un sistema de valores, que lucha contra extremismos, populismos y nacionalismos”. Mariano Rajoy abrió los brazos a la Unión Europea: “España está dispuesta a ir más allá en la integración europea con todos aquellos que quieran”.

En esta reunión se delineó el futuro esperanzador de Europa, volviendo con orgullo la vista al pasado: “La historia de la Unión Europea ha sido una historia de éxito”, fueron las palabras Mariano Rajoy. Éxito en el pasado, en el controvertido presente, y en el esperanzador futuro. Los líderes pretendieron dar esa sensación de máxima estabilidad en un momento de aún mayor incertidumbre. La provisionalidad de los cargos de Hollande, Merkel y Gentiloni subraya esta contradicción. Por un lado, el presidente anfitrión François Hollande, dejará su cargo dentro de tres meses en manos de un candidato todavía no elegido, pero con el cual puede virar radicalmente estos planteamientos de unión, estabilidad, y fuerza. Por otro lado, la canciller alemana, Angela Merkel, se juega la presidencia en unas disputadas elecciones de otoño contra el candidato socialdemócrata, y expresidente de la Eurocámara, Martin Schulz. Paolo Gentilonni, en Italia, se encuentra, a su vez, en una situación precaria, puesto que su presidencia provisional finalizará en febrero del 2018, en el caso de que no se convoquen elecciones anticipadas. El único líder presente con cierta estabilidad política fue Mariano Rajoy.

Aurora Isabel Martínez Sanz

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