¡Ista, ista, ista, Zaragoza es feminista!

Cientos de personas llenan el Paseo de la Independencia / Aranzazu Navarro (Heraldo de Aragón)

8M: Una jornada histórica

Las mujeres han dicho basta. Basta de acoso sexual. Basta de brecha salarial. Basta de violencia de género. Basta de asesinatos machistas. Basta de techo de cristal. Basta de cosificación mediática. Las mujeres están hartas de sufrir por ser mujeres y han decidido no guardar más silencio. Las mujeres han alzado la voz al unísono y ya no hay quien las vuelva a callar. Hace apenas tres días, se iniciaba el futuro hacia una sociedad más igualitaria. Ya no hay vuelta atrás.

Zaragoza -como otros muchos lugares de Aragón, de España y del mundo- se volvió morada y negra el pasado 8 de marzo para clamar que, si las mujeres paran, se para el mundo. Y, de hecho, el mundo se paró. No importaron las ideologías políticas ni las diferencias sociales, raciales u orientaciones sexuales. Nada pudo ensombrecer una lucha común: la lucha de las mujeres.

Durante la manifestación se dejaron de lado las diferencias raciales, de género y sexuales. / Aurora Martínez

El recuerdo de una jornada histórica

La capital aragonesa abrió los ojos temprano alertada por los pitos de los piquetes informativos -comunes en todas las huelgas-. Agarradas a micrófonos y montadas en sus bicicletas, centenares de mujeres se encargaron de invitar a la ciudad a unirse a la lucha. Aunque las mujeres ya empezaron a hacer ruido desde las 00.00 en una concentración en la plaza de España bajo el lema: “Nos sobran los motivos”.

Poco a poco, aquellas que se dedican en cuerpo y alma a las tareas domésticas y que no podían tomar las calles, comenzaron a mostrar en sus balcones delantales como símbolo mudo de su apoyo a la causa. Demostrando que, aunque no sea un trabajo remunerado, es tan digno como otro cualquiera. Otras optaron por darles un toque a sus parejas y demostrarles que las tareas de casa no son exclusivas de mujeres, sino de todos aquellos que habitan en el hogar. Algo, que frecuentemente se olvida o se prefiere ignorar.

En los móviles de muchas mujeres comenzaron a sonar felicitaciones, deseos para que ese día fuera maravilloso. Sin embargo, no era un día cualquiera. Este año 2018, el Día Internacional de la Mujer, desde primeras horas de la mañana, amenazaba con convertirse en una jornada histórica, muy diferente a la de años precedentes. La respuesta a esos mensajes cambió y se volvió más reivindicativa: “No me felicites, levántate de donde quiera que estés sentado y lucha conmigo”.

Pero se respiraba incertidumbre, nadie sabía si la reivindicación cuajaría, aunque el llamamiento había sido masivo y solo los debates que habían suscitado los días previos ya resultaban un éxito. Por la mañana, la manifestación estuvo a cargo de los estudiantes que se apresuraron a acudir a la plaza de San Francisco. Muchos temieron no llegar a tiempo, puesto que el transporte público sufría ya los estragos de la huelga laboral que dejó el servicio en mínimos. El tranvía anunciaba que llevaba casi 30 minutos de retraso. No obstante, poco a poco, la estatua de Fernando el Católico se vio completamente rodeada por pancartas y símbolos feministas. Al principio había silencio, la gente murmuraba, inquieta, todos lucían la misma cara de expectación y la misma sonrisa de complicidad. “Va a pasar algo, hoy va a pasar algo”, parecían decir sus rostros.

Después de unos minutos parados, en los que parecía que el trayecto no iba a comenzar, se inició la marcha. Poco tiempo después, las vías del tranvía se habían convertido en el sendero que acogía el camino de miles de personas hacia la plaza del Pilar. Durante el transcurso de la marcha, miles de personas alzaban la voz manifestando sus peticiones y denuncias con el objetivo de que llegaran lo más lejos posible. “¡Que viva la lucha de las mujeres!” gritaban con seguridad en una mañana donde las mujeres se sintieron, por primera vez, protegidas y sin miedo pisando las calles, porque como clamaban: “La calle y la noche, también son nuestras”.

Pancartas de la manifestación del 8M en Zaragoza. / Aurora Martínez

Miles de jóvenes sienten miedo al volver solas a sus casas por la noche y muchos son los jóvenes que no alcanzan a entender el motivo de este miedo. Sin embargo, no son pocos los casos de mujeres que han salido de su casa y no han regresado jamás. Por eso, miles de jóvenes son advertidas por padres, amigos y personas cercanas. “Que te acompañe alguien, no vuelvas sola” es la recomendación o, más bien, la exigencia y el requerimiento para poder salir a divertirte como uno más. Por este motivo, en muchas pancartas durante la manifestación se podía leer: “De camino a casa quiero ser libre, no valiente”.

Porque las mujeres quieren poder sentirse tan seguras en las calles como se sintieron durante el pasado 8 de marzo. Un grito que se alzó también por todas aquellas que han sido asesinadas y no pueden denunciar la injusticia y la barbarie a la que fueron sometidas. Tan solo en 2017, 98 mujeres fueron asesinadas por violencia machista en el Estado español. 10 en lo que llevamos de 2018. Y un total de 739 en los 10 últimos años. Unas cifras estremecedoras ante las que los gobierno no actúan de manera lo suficientemente efectiva y ante las que las zaragozanas respondían con otro de sus cánticos: “Ni una menos, vivas nos queremos” y exigían “ninguna agresión sin respuesta”.

Muchas aulas de colegios, institutos y, especialmente, de las Universidades quedaron desiertas de alumnas que, precisamente, se encontraban fuera, exigiendo una educación feminista. Feminista para no olvidar a las miles de mujeres que han sido invisibilizadas a lo largo de la historia y sin las cuales el mundo sería un lugar muy diferente. “No nos mires, únete” gritaban a todos aquellos que, desde la retaguardia, observaban la marcha. Las estudiantes no se rendían, ya fuera con pitos, gritos o enarbolando los carteles que animaban a dejar a un lado los prejuicios y, sobre todo, a destruir el patriarcado todavía presente en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Varios momentos fueron claves durante aquella mañana como la lectura de un manifiesto frente al Edificio Paraninfo de la Universidad y otro en la plaza del Pilar. Pero, sin duda, la ovación a una limpiadora que salió a un balcón ondeando en lo alto unos trapos en apoyo a la movilización fue uno de los instantes más emotivos de la jornada. Un Paseo Independencia abarrotado clamaba: “Mujer trabajadora, mujer luchadora” en apoyo a tantas mujeres que, como ella, no podían permitirse hacer huelga y dejar de cobrar un día debido al bajo salario que reciben. Aplausos, silbidos y admiración. Un clima de sororidad que se pudo apreciar durante todo el día. En total, más de tres horas de manifestación y 5.000 personas compartiendo un mismo camino e ilusión: poder cambiar el mundo y alcanzar una igualdad real entre hombres y mujeres.

Limpiadora ovacionada por las miles de personas de la manifestación. / Aránzazu Navarro (Heraldo de Aragón)

Ya entrada la tarde, el ánimo no había decaído. Después de una comida no mixta en la plaza del Pilar que había servido para reponer fuerzas, muchas tenían las pilas recargadas. La marcha que se iniciaba desde la glorieta de Sasera a las 19.00 congregó a miles de personas. Durante los minutos anteriores al comienzo, ya era prácticamente imposible moverse por las calles a un ritmo normal. Tanto los sindicatos -UGT, CCOO, CGT y CNT- como otras organizaciones que apoyaron la huelga estaban listos para salir con sus pancartas bien altas en el aire. Zaragoza se había convertido en una masa que hacía retumbar hasta el asfalto con sus proclamas: “Denuncia archivada, mujer asesinada”. La certeza que transmitían sus palabras acongojaba, pero no por ello cesaban. El sol iba declinando y, mientras que en el lugar donde comenzaba la manifestación, la marcha no se iniciaba, muchos grupos iban llegando ya a la plaza del Pilar. Tal era el número de personas que secundaban la marcha que aquello parecía no tener fin. A las 20.20 salía del punto de inicio el último grupo. Pero no importaba, las denuncias coreadas, el ritmo de las batucadas e incluso las cancioncillas reivindicativas con baile incluido hacían que nadie se cansara: “Todas las mujeres tenemos un deseo, estamos cansadas de tanto chuleo. Mujeres por aquí, mujeres por allá, feminismo para delante, machismo para atrás”.

Sin embargo, hubo confusión acerca de por dónde se debía de continuar la marcha, ya que muchas personas atajaron por la calle de Alfonso I sin saber que debían continuar por el Coso hasta el Mercado Central y, una vez pasadas las Murallas, entrar a la plaza del Pilar desde Echegaray y Caballero. No obstante, el destino era el mismo, ya se hubiera entrado por uno o, por otro lado, la imagen de la plaza del Pilar era emocionante. Las fuentes se habían teñido de morado por la causa y recibían a un total de 37.000 personas, según la Delegación del Gobierno. Más de 40.000 fueron calculadas por los organizadores. Un éxito, en cualquier caso. Nadie podía decir que eran “cinco o seis”, tal y como repetían durante la marcha. La lectura del manifiesto se llevó a cabo a las 21.00 y estuvo a cargo de la directora de cine aragonesa, Paula Ortiz, y la fundadora de los Titiriteros de Binéfar, Pilar Amorós: “Nos queremos libres, nos queremos vivas, feministas, combativas y rebeldes. Hoy la huelga feminista no se acaba: ¡Seguiremos hasta conseguir el mundo que queremos!”.

A partir de esta jornada histórica, nadie podrá mirar hacia otro lado. Después del 8 de marzo, un día en el que casi todos los políticos se colgaron lazos morados en apoyo a las mujeres, solo cabe esperar medidas eficientes para acabar con esta lacra y alcanzar la igualdad real. Es un buen momento para empezar a “meterse en eso” en que el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, no quería hace unos días cuando le preguntaban por la brecha salarial. No se debe olvidar que una mujer, por desempeñar el mismo trabajo que un hombre cobra un 15% menos. ¿De verdad, no es algo en lo que debamos meternos?

Aurora Isabel Martínez Sanz / Noelia Muñoz Marco

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