Ista, ista, ista, Gobierno socialista y aragonesista

Javier Lambán

Pareciera que el trascurrir de la vida nos impidiera apreciar en profundidad las cosas que pasan. La vorágine de la vida diaria hace que perdamos la perspectiva de los cambios que afectan a nuestro día a día, de cómo la mano invisible (que no lo es) modifica los entornos, las leyes, los tributos y los porqués.

El tiempo ha pasado y llevamos dos años de legislatura en el Gobierno de Aragón, una de nuestras instituciones de proximidad. Recuerde el lector que tenemos autogobierno para lo malo, es decir, para prestar en términos de calidad y proximidad los servicios públicos más delicados y costosos. Que esto del estado de las autonomías consistió básicamente en descentralizar los marrones y quedarse el Estado central con la regulación, la alta inspección y la recaudación.

Pues señores, como sin darse cuenta el gobierno de Aragón, presidido por el socialista Javier Lamban y apoyado por CHA, y su hiperactivo líder José Luis Soro, nos está dando una sorpresa, una grata sorpresa. Además de aguantar el temporal, de sobrevivir en esta tierra de gobiernos poco estables, están haciendo política, están aprobando con muy buena nota el examen.

Y eso que la prueba no era fácil, el reto del gobierno socialista-aragonesista era el de sobrevivir a su escasísima fuerza parlamentaria, lo que le obligaba a entenderse con una fuerza arrolladora, impredecible y novata como era y sigue siendo, aunque en menor medida, Podemos. Pero le obligaba también a lidiar con una derecha aún fuerte y crecida, con nuevos actores y apoyada desde lo económico, mediático, religioso y judicial. (Y desde Madrid)

No bastando con estos obstáculos, el socioaragonesismo se las ha tenido que ver con la tozuda realidad, la de las perras. Esas que no había, esas que no se habían pedido, esas que decían no hacer falta, esas que nuestra flemática expresidenta nunca quiso pedir a tipo de interés cero a Madrid y prefería la negociación de préstamos a precios de mercados. El nuevo gobierno se encontró con las cuentas hechas un solar, con un mar de deudas, con una recaudación por los suelos y con unos tipos de intereses exacerbados.

Todo esto acompañado de una profunda crisis de los servicios públicos fruto de la falta de intereses o el desmedido esfuerzo austerizador. Y claro había que arreglarlo o al menos intentarlo.

Pero había otra crisis, creo que aquí entra lo más importante: la autoestima. Los aragoneses después de la Expo, con la crisis habíamos entrado en un bucle melancólico, ese que muchas veces a definido nuestro carácter. Entre el conformismo y la maldición de nuestro trágico destino. Entre la queja perpetua y la inacción somarda. Entre el lamento callado y el anhelo glorioso.

Los aragoneses veíamos como los años de crisis habían arrancado los logros de la última década, de cómo la riqueza, la modernización y la mejora de la calidad de vida habían desaparecido. Sentíamos como los grandes proyectos que debían acompañarnos en los senderos del siglo XXI se quedaban por el camino, bloqueados. Véase el Canfranc, las Plataformas Logísticas, la agroindustria, el turismo, la A-68, el eje Cantábrico – Mediterráneo, la política hídrica, las renovables, etcétera.

Veíamos como la uniformidad centralista, al modo castellano del PP, nos había seguido robando identidad, matices y esperanzas. Como se condenaba el uso de la lengua de cada cual, como se restringía el derecho de sentir, pensar, hablar, escribir y sobre todo educarse y dirigirse a la Administración, en las lenguas de Aragón. El catalán de Aragón y el aragonés (en sus distintas variedades y en su norma gráfica unificada).

El primer gobierno socialista-aragonesista de izquierdas en Aragón, dio en la tecla adecuada.

Un mago (en todos los sentidos, los buenos y los taumatúrgicos) de las finanzas y del juego político, se puso al timón de las cuentas, y no sin pocos problemas y alguna que otra petición de cabeza, pareciera que ha logrado enderezar un poco el rumbo de las perricas.

Un gobierno sensible, está devolviendo la esperanza a muchos de los que la habían perdido, impulsando proyectos que son claves y que han de quedarse para muchos años en nuestra tierra. El Gobierno está consiguiendo devolver poco a poco la dignidad a los servicios públicos. Se ha apostado por la gente desde el pragmatismo, la sinceridad y la política del hacer, frente a las política del decir.

Ha conseguido más bien que mal, sobrevivir a los conservadurismos, liberalismos, alternativismo y populismos que se abren camino en nuestros parlamentos.

Sería un grave error condicionar el Gobierno de Aragón a la vida orgánica de los partidos que lo conforman. Un error desmontar esta unidad de los socialistas aragoneses (no se olvide el lector que CHA es tan socialista como el PSOE). Sería un error perder este latir aragonesita, abandonar la construcción de este pequeño país, de esta comunidad de sentimiento que somos, de esta nación fundacional. Que fundó y forma parte de otras, de la española, de la europea, de la universal.

Es el momento de apostar claramente por esta opción política, porque es la que mayoritariamente representa el sentir de los aragoneses. Es el momento de impulsar los lazos y las relaciones entre el PSOE y CHA, que permita dotar de futuro y larga vida a estos proyectos que se han iniciado.

Pero se deben sumar nuevas voces, el tejido social, el sindical, el económico, el ecologismo, la cultura, el movimiento juvenil. Las voces jóvenes y útiles del progresismo que si no quedarán huérfanas, victimas del caudillismo mesiánico del poder populista.

No puedo sino alentar, como socialista y como aragonesista dejar de reclamar que debemos caminar hacia este destino, ya no sé si en forma de alianza preelectoral, de candidatura unitaria, de frente amplio, de vivificación del sueño anhelando del Partido Socialista de Aragón. Lo que sí sé es que debemos seguir empujando para que, en sucesivas legislaturas, podamos seguir gritando aquello de: “Ista, ista, ista, Aragón es socialista y aragonesista.”

Miguel Serrano, analista político

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