Internacionalismo y europeísmo frente a la crisis política.

Unión Europea | AFP
Unión Europea | AFP

El pasado 9 de mayo se celebró el día de Europa, en conmemoración del aniversario del discurso de Schuman, que se considera punto de arranque de la Unión Europea, y de la derrota de las fuerzas nazis que asolaron el continente en la segunda guerra mundial.

Los procesos de unificación europea arrancaron en 1950 con la intención de evitar una nueva guerra en el viejo continente mediante la creación no solo de un mercado único sino también de espacios comunes de convivencia y equiparación de derechos entre los principales países de la Unión. Esto fue posible gracias a acuerdos entre diferentes partidos de la izquierda como los socialistas, los socialdemócratas e incluso los comunistas de algunos países como Italia con otros de centro derecha como los democristianos alemanes e italianos o los republicanos franceses.

En los países de la órbita soviética el 9 de mayo también era muy celebrado como el día de la victoria frente a los nazis, la ideología del bloque del este, también tenía un marcado carácter internacionalista, con una potente organización de ese ámbito como la Kommitern y también su propio mercado común, el Comencon.

Sin embargo, tras el final del siglo XX, la crisis económica de principios del siglo XXI estos procesos europeístas han entrado en decadencia y en Europa han vuelto a resurgir los nacionalismos que nos llevaron a la segunda guerra mundial.

Tras la ola neoliberal que apareció en los años 80 en USA y el Reino Unido, esta ideología sustituyo a los partidos democristianos en el espectro ideológico moderado y conservador y al arrebatarle la hegemonía a la socialdemocracia se frustró en buena medida el proyecto de una Europa unida como espacio de convivencia y derechos quedando esta solo como un mercado único. Y con la llegada de la crisis de principios del Siglo XXI, resurgieron los nacionalismos y los movimientos de extrema derecha contrarios a los procesos de unificación en buena parte de Europa occidental.

La caída del bloque soviético, en Europa oriental, no solo trajo también la vuelta de los nacionalismos de derecha a esos países, sino también produjo una reacción en los seguidores de los partidos herederos del comunismo en Europa occidental, que gran parte de ellos, traicionando sus raíces ideológicas y víctimas de una especia de síndrome de Estocolmo de los nacionalismos que provocaron el colapso de URSS, se han acercado también a los movimientos nacionales ante la falta de referentes.

Nos encontramos en una situación, donde buena parte de la izquierda de raíz comunista ha renegado del internacionalismo, o lo ha relegado al mero “postureo” de reivindicar la solidaridad con pueblos lejanos en conflicto pero sin ejercerla con los vecinos replegándose hacia posiciones identitarias en las cuestiones locales y las posiciones de centro y moderadas han abrazado la adoración de los mercados financieros y el dogmatismo económico.

Así pues los partidos de línea socialdemócrata son los únicos que reivindican el internacionalismo y el europeísmo como respuesta ante el resurgir de los nacionalismos y la extrema derecha, pero su discurso no es el hegemónico, y las otras posiciones retroalimentan de alguna forma los discursos neofascistas. La de los neoliberales generando descontento entre la población y la de los post-comunistas acercándose en algunas ocasiones a postulados nacionalistas.

Por eso, ahora más que nunca es necesario un rearme de la socialdemocracia para que recupere la hegemonía, vuelva a impulsar los movimientos internacionalistas, europeístas y se vuelva a los valores de libertad, democracia e igualdad sobre los que se cimentó la fundación de la Unión Europea, frente al resurgir de los nacionalismos y la extrema derecha.

Miguel Sarria

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