Héroes anónimos

Europa Press

“Cada día veo más cerca mi fin a manos de ETA”. Estas son palabras de Joxeba Pagazaurtundúa, víctima de la banda terrorista. Palabras que Joxeba escribió al por entonces consejero de Interior del Gobierno vasco. Desgraciadamente, Joxeba acertó, sabía que lo iban a matar.

Qué fácil es hoy escribir o hablar de ETA y de su trayectoria, qué fácil es hoy escribir o hablar de los crímenes cometidos por los terroristas, como estoy haciendo yo mismo, sin que acto seguido te señalen o te marquen. Y que alivio poder hacerlo, un privilegio que le debemos a ellos, a ciudadanos, a activistas de la libertad como Joxeba.

Hoy, domingo 11 de febrero, su familia, sus amigos, sus allegados e incluso, ciudadanos que no pudieron conocer a Joxeba, se han citado en Andoain, como cada año, para homenajearle en el quince aniversario de su muerte. Quince años han pasado, en los que ETA logró cumplir con el plan que trazó para acabar con la vida de Joxeba Pagazaurtundúa.

Quince años después, en las instituciones, padecemos a sus testaferros, a esos que siguen justificando sus crímenes, mostrándose incluso orgullosos y altaneros. Gracias a una Ley Electoral, que hoy está en el centro del debate político, y que aparte de ser desproporcionada y por tanto, injusta en términos políticos, lo es también por ser injusta en términos morales.

He de confesar que me da mucho respeto escribir sobre el tema que hoy les traigo. Respeto, en primer lugar, por no haber vivido, afortunadamente, el contexto que les expongo. Respeto por todas las familias y seres queridos de las víctimas de ETA. Soy un privilegiado, como muchos otros, de nacer y vivir en democracia, por no haber vivido ninguna de las épocas negras de España. Y no solo la de Franco, que algunos usan para justificar sus tropelías como últimamente estamos viendo, sino también la de ETA, la época más sanguinaria que ha vivido nunca nuestro país.

Suelo estar siempre muy atento a lo que tengan que decir personas que por circunstancias de la vida, conocen de este asunto más que nadie. Suelo, por tanto, estar muy atento a lo que tengan que decir Maite Pagazaurtundúa, Consuelo Ordóñez, Fernando Savater o Rubén Múgica entre otros muchos.

Uno intenta conocer acerca de la historia de Joxeba Pagazaurtundúa y no se puede imaginar lo que tuvieron que vivir y todavía tiene que vivir su familia. Ser un perseguido en tu hogar, en tu Euskadi natal y todo, por no comulgar con los postulados antidemocráticos de ETA, todo por no ser nacionalista vasco. Joxeba era militante del PSOE vasco, jefe de la Policía Local de Andoain, dónde fue vilmente asesinado por los etarras. En un bar, tomando un café.

Me quedo con muchas de las letras que su hermana, Maite, le escribe. “Aquellos henchidos del desvarío patriótico no te amaban, pues no eras hijo de su patria. Gota a gota, hermano, con cada gota de sangre edificaban la patria. Con el miedo a la sangre derramada la edifican ahora. Y mediante todas las mentiras y trampas edificarán la paz y la convivencia”.

La marca política de los etarras trata hoy de reescribir la historia, de manipular y falsear los hechos, de conceder privilegios a los que justamente están pagando sus crímenes. Hoy Otegi, al que algunos indeseados tratan de vender como ‘hombre de paz’, dice tener miedo de pasear por Madrid sin que le insulten. Como se atreverá a vestirse de víctima cuando él es lo que es, un tipejo que colaboró en asesinatos, en secuestros y en persecuciones a ciudadanos inocentes. Dice tener miedo de que lo insulten, obviando, premeditadamente, que ellos no es que insultaran, que también, es que sin mediar palabra, te metían un tiro en la nuca.

En las instituciones se vive lo que nunca debe vivirse. Tratar a los verdugos como a iguales, como a demócratas. Hacer política junto a ellos, negociar propuestas parlamentarias con quien sigue sin condenar la trayectoria de ETA, con quien no colabora con la Justicia para esclarecer los todavía más de 300 crímenes sin resolver.

Escucho y leo a algunos a los que no les interesa que se siga dando testimonio y recordando a las víctimas porque según dicen, “ETA ya pasó”, “ya tenemos paz y democracia”. No puedo aceptarlo. Nuestro deber, si algún día queremos acabar definitivamente con ETA y queremos no rememorar tiempos negros como los que vivieron nuestros compatriotas, es seguir clamando justicia, respeto, memoria y dignidad para los inocentes, que no son otros que las víctimas, y para sus familias. Como bien dice Fernando Savater, “la paz de las sociedades civilizadas es el cumplimiento de la ley”. Y no hay más.

Y es que ETA no ha sido derrotada en su plenitud. Operativamente lo fue y gracias al Estado de derecho, a la democracia, a centenares de policías y guardias civiles a los que eternamente estaremos agradecidos, a esas víctimas que han decidido no caer en el desestimiento, pero políticamente, ETA y su esencia perduran. En el plano político, a través de sus testaferros y su marca política, ETA sigue latente.

Decía Joxeba, en una de esas cartas que le envío al consejero de Interior del Gobierno vasco para intentar abrirle los ojos, que “a los que solo han pensado en ‘su problema’. Yo no lo hice así, pensé en los demás”.

Un saludo, Joxeba. A ti y a tantos otros que luchasteis por la libertad, por la democracia. Por la voz y la palabra. Por vosotros seguiremos dando la batalla de la verdad y de la moral. Es el legado que nos habéis dejado, el de la dignidad. Nos toca defenderlo.

Carlos Cotón, Miembro del Consejo de Dirección de UPYD y articulista de opinión

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