Hacienda no somos todos

Y en esa triunfante semana estaba nuestro querido ministro de Hacienda tras la consecución de su acuerdo presupuestario, cuando aconteció una noticia mucho más impactante en los pasillos del Congreso que el resultado de la votación de dichas cuentas públicas.
Una auténtica bomba no deportiva sino política, como diría aquel famoso periodista de las tertulias nocturnas, un toque de corneta que cogió con el paso cambiado a las filas populares. El Tribunal Constitucional había dictaminado la inconstitucionalidad de la Amnistía Fiscal aprobada por el Gobierno del PP en el año 2012, perdón, la regulación tributaria que dirían aquellos…

El fin no justificaba los medios ha venido a decir el TC. Y es que el Alto Tribunal ha remarcado dos asuntos que muchos agradecemos y que vienen a imponer por encima de todo el sentido común y la labor garantista que este órgano representa para el conjunto de los españoles.

Primera, que el instrumento utilizado para aprobar esta medida, un decreto ley que hurtaba un siempre necesario debate parlamentario, no fue el debido. Y segunda, y para muchos quizás más importante desde el punto de vista de la ética y la justicia social, que “así no, que así no se hacía Sr. Ministro”, que esa manera de alterar el reparto de la carga tributaria sin tener en cuenta los exigibles criterios de capacidad económica y progresividad es absolutamente injustificable y de muy negativas consecuencias en el largo plazo para la cultura fiscal de nuestra sociedad. Que una medida de este tipo, siempre y por definición, deslegitima la auctoritas del Ministerio al premiar a los defraudadores y evasores menospreciando por tanto a los que cumplen con sus obligaciones tributarias

“Una abdicación del Estado”, remarca la sentencia, ante su obligada tarea de hacer efectivo el sostenimiento conjunto de los gastos públicos, precisamente en un país donde las bajas cifras de ingresos son la excusa perfecta para acometer políticas de recorte de gastos. Y no vale como repiten los portavoces populares, que la situación de grave crisis económica heredada, el estallido de la burbuja inmobiliaria con los consiguientes problemas de recaudación pública, las exigencias de estabilidad presupuestaria procedentes de Bruselas o algunos antecedentes internos y externos sacados de contexto, se convirtieran en causas de legitimación de esta decisión bochornosa, que además, por cierto, no cumplió con los objetivos de recaudación planteados ni ha permitido conocer el listado de los beneficiados.

Asistimos en última instancia, en mi opinión, a una renuncia interesada a la necesaria reforma fiscal que España necesita, un auténtico big bang fiscal que propiciara una mejor y mayor recaudación, un sistema tributario más justo y equitativo que permitiera una mejor redistribución de la carga tributaria.  Todo ello en paralelo a un imprescindible incremento de los medios materiales y humanos de una mermada en la última legislatura Agencia Tributaria, configurando a esta como la mejor herramienta para luchar de forma eficiente y justa contra aquellos tramposos que consideran que la “chusma” siempre gana.

Así “Hacienda no somos todos” Sr. Montoro.

Óscar Galeano, diputado por el PSOE en el Congreso de los Diputados.

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