¡Habemus papam!

Y por fin a primera hora de un viernes, en la víspera del inicio de las festividades de San Jorge que tendrán lugar por todo Aragón pero significativamente en la capital, no acabará siendo el concejal –imagínense– sino, como es lógico, un técnico del Ayuntamiento de Zaragoza el ganador (no por aclamación sino casi más bien por falta de quórum o riesgo de incomparecencia) quien vise con su firma, si procede, el montaje de las ferias que se instalarán en la ciudad para regocijo de niños y no tan niños. Como si de la elección de una vacante se tratara, de entre todos los elegibles salió el salvador de las fiestas.

Resulta sorprendente que haya tenido que ser a última hora de la jornada del último día laborable cuando por fin, y puede que muy a su pesar, se acabe designando casi por descarte -como el profesor que pide un voluntario para corregir los deberes en clase- a la persona sobre la que puede recaer responsabilidad por una incidencia; que velará por la adecuación de una instalación a la normativa vigente aplicable; que pondrá una diligencia particular en el estricto cumplimiento de la misma velando asimismo de forma implícita (o más bien explícita) por el buen hacer del Ayuntamiento tras el accidente de octubre en Valdespartera; la persona que encarnará, en definitiva, a “los técnicos” cuyo parecer va a misa y que en los cuales los políticos no pocas veces se escudan para justificar por qué han estampado su firma en un documento.

Será finalmente un ingeniero del área de Urbanismo del Ayuntamiento quien cumpla con la función encomendada y no un servidor público del área de Servicios Públicos, detallan fuentes del Consistorio. Lo cual denota una improvisación sazonada por lo que, a expensas de lo que pueda determinar el procedimiento judicial por el referido desprendimiento de la viga de la feria de la cerveza de Valdespartera durante las pasadas Fiestas del Pilar en octubre pasado, confirma que en aquella ocasión falló más de un protocolo y los riesgos latentes pueden estar de nuevo encima de la mesa. El Ayuntamiento ha manifestado que el meollo de la cuestión está en la normativa autonómica sobre espectáculos, excusándose en que es a aquella administración a quien compete la supervisión, pero claro está que llevamos décadas de fiestas “grandes y chicas” y no parece serio que una institución como el Ayuntamiento de Zaragoza, nada menos, aluda a una situación novedosa. La labor de los técnicos municipales, de la casa, no debería ser en vano. Por lo pronto, contamos con el profesional que posibilitará que chicos y no tan chicos disfrutemos de las fiestas con seguridad. El político que luego corte la cinta inaugural va en el precio. Aunque poco se lleve ya lo de cortar las cintas.

Jorge Marcuello

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