Galapagar, la doble moral y la moraleja

Pablo Iglesias e Irene Montero
Pablo Iglesias e Irene Montero | Gtres

El chalet que recientemente han adquirido Pablo Iglesias e Irene Montero en una urbanización del municipio madrileño de Galapagar está dando mucho que hablar. Tanto, que se nos quiere vender como noticia política algo, que, en el fondo, no lo es. Es por eso que jamás comentaré públicamente cuestiones que atañen a la vida privada de los políticos, que por otro lado, no hay que olvidarlo, son personas como cualquiera de nosotros.

Sin entrar, por lo tanto, al fondo de lo que en sí mismo es una decisión personal, sí que creo que debemos comentar lo que hay alrededor de todo este tema, y lo que hay alrededor no es otra cosa que la incoherencia del mensaje que Podemos trasladó a la sociedad española allá por el año 2014 cuando se dieron a conocer, con la trayectoria que, después de cuatro años, vienen siguiendo sus dirigentes políticos.

En estos cuatro años, hemos podido comprobar que la lógica de actuación que opera en Podemos es la del “consejos vendo que para mí no tengo”, la de no aplicarse para sí mismos lo que piden y exigen, normalmente de manera airosa, para otros. Sin ir más lejos, era el propio Pablo Iglesias el que hace unos años criticaba a Luis de Guindos por comprarse, en su pleno derecho, un ático por el valor de 600.000 euros. Por aquel entonces vino a decir que él “jamás pondría en manos de millonarios la economía de todo un país”. Lo que Pablo Iglesias no entendía era que un ciudadano que vive en Vallecas puede ser igual de digno que uno que vive en La Moraleja o en Galapagar. Espero que esa lección hoy sí la haya aprendido.

Como he dicho al principio de este artículo, jamás entraré a valorar las decisiones relativas a la vida personal que decide, libremente, cada ciudadano. La esfera personal de cada uno de nosotros, sea o no político, merece el máximo de los respetos y siempre lo defenderé. Sea político, sea fontanero, esté en el paro o en cualquier otro tipo de circunstancia social.

Mi crítica, o mejor dicho, mi comentario, no va dirigido al hecho de que dos políticos, que por circunstancias de la vida son pareja, hayan decidido adquirir una vivienda más o menos humilde, sino que va dirigido a esa doble moral, a esa doble vara de medir que Iglesias y Montero, entre otros, han ejercido desde antes de entrar en política y estando ya en ella.

Porque claro, cuando uno escucha a Pablo Echenique pedir que “no se traspasen los límites de la intimidad y la ética”, no puedo evitar acordarme de cuando Pablo Iglesias, Irene Montero y otros ilustres personajes que hoy son diputados de Podemos, escracheaban e intimidaban a otros políticos solo por no pensar como ellos. Véase, por ejemplo, el escrache que le organizaron a Rosa Díez, con Pablo Iglesias al frente del mismo, en la Universidad Complutense o el que le hicieron a Soraya Sáenz de Santamaría en su propia casa, con su hijo, bebé por aquel entonces, dentro de ella. Por aquel entonces, a eso, lo llamaban “jarabe democrático” y ahora, Echenique, lo llama “traspasar los límites de la intimidad y la ética”. Como hemos cambiado, que diría la canción de Presuntos Implicados.
¿Qué vengo a decir con esta comparación? Pues que lo que hoy padecen Iglesias y Montero, de lo cual no me alegro, lo han fomentado y alimentado ellos mismos contra otros políticos que insisto, también son personas con el derecho a que se respete su esfera privada y su libertad individual.
Pablo Iglesias se ha hecho mayor. Se ha convertido en esa “casta” que con tanta vehemencia criticaba cuando decía vivir en el barrio de Vallecas.

Para salir del paso e intentar acabar con las críticas que están recibiendo, sobre todo las provenientes de sus bases, Iglesias y Montero han decidido someter la compra de su chalet a sus militantes. Sí, le van a preguntar a sus bases si están de acuerdo con que hayan comprado un chalet en Galapagar. Ahora bien, con este nuevo plebiscito interno podrán callar a sus militantes, intentarán venderlo como un acto de regeneración y democracia interna de su partido político, pero no lograrán callar y engañar al conjunto de la sociedad española. Afortunadamente, y no porque sus principales líderes se hayan comprado un chalet en Galapagar, los españoles ya sabemos qué es Podemos, qué es lo que quiere para España y las consecuencias que tendría el hecho de que alguna vez llegasen a gobernar este país.

En esta vida, de todo debemos extraer una moraleja, y espero que Pablo e Irene hayan extraído la suya, espero que todos los comentarios y críticas que están recibiendo, les sirvan para darse una cura de humildad, bajar al mundo real y entender que no son menos que ningún otro, pero que nunca fueron más que el resto.

Carlos Cotón, miembro del Consejo de Dirección de UPYD y articulista de opinión)

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