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Carles Puigdemont atendiendo a los medios | Europapress
Carles Puigdemont atendiendo a los medios | Europapress

Apunten el día 25 de marzo como una fecha festiva para los que sí creemos en la democracia y en los valores que propugna la Constitución Española. El 25 de marzo representará a partir de hoy, la fecha en la que el “procés”, esa estafa del nacionalismo catalán para tapar su histórica corrupción y pagada con dinero público, murió.

Hoy, 25 de marzo, Puigdemont ha sido detenido en la frontera entre Dinamarca y Alemania. Por fin se acabó ver a un político delincuente paseándose por diferentes lugares de la geografía europea con esos aires de superioridad moral, con bravuconería, y además, mostrándose orgulloso de ser un prófugo de la Justicia.

Quién se crea por encima del bien y del mal, quién se crea por encima de la ley, quién se crea que delinquir es sinónimo de impunidad, habrá podido comprobar que no, que nada más lejos de la realidad. Habrán podido comprobar también, en la figura de Puigdemont, que el camino del delincuente es y debe seguir siendo el camino hacia la prisión.

Los golpistas han arruinado, social y económicamente, a Cataluña. Han llevado a la máxima expresión el cáncer que el nacionalismo representa para la sociedad y que obstaculiza el progreso de las sociedades civilizadas.

Incluso fuera de España, fuera de esa Cataluña que ha arruinado, Puigdemont se creía en otro mundo diferente al real, al de los mortales. Viajaba y viajaba por diferentes países de la Unión Europea, cada semana, los informativos nacionales abrían con las imágenes que inmortalizaban las diferentes visitas que Puigdemont realizaba por el continente. Todo ello, sin pensar, el propio Puigdemont, que en cualquier momento podría ser arrestado por las autoridades comunitarias. O él mismo buscaba su detención o es que realmente padece un problema de distorsión de la personalidad que le hace sentirse inmortal, inmune o cualquier otra característica claramente diferenciadora del resto de los mortales.
Se acabó el “procés” y como digo, los demócratas podemos y debemos estar contentos.

Nuestro Estado de Derecho es fuerte, eficaz e inmediato, y se muestra férreo ante cualquier amenaza de atentar contra los derechos y libertades fundamentales. Por contra, los separatistas, nacionalistas varios y amigos de Otegi y Maduro, no estarán nada contentos. Esto es también un triunfo para nosotros, los demócratas, pues cuanto más rabien ellos, los enemigos de la democracia, significará que lo que estamos haciendo, lo estamos haciendo bien.

Después de la detención de Puigdemont, deberían llegar las de Toni Comín, Clara Ponsatí, Meritxell Serret y Lluís Puig, que junto a las de Marta Rovira y Anna Gabriel, completan el bloque de los dirigentes separatistas huidos de la Justicia.

Los separatistas han jugado con toda una sociedad, han traicionado a todos los catalanes, incluidos los catalanes que se sienten independentistas, han utilizado dinero público, es decir, dinero de todos los españoles para financiar algo que desde el primer momento ellos mismos sabían que no iba a ninguna parte.

No, no creo que las consecuencias penales de sus actos, que también, deban ser el único castigo que los políticos separatistas y delincuentes se merezcan. En mi modesta opinión, deberían tener también el desprecio político e intelectual de toda la sociedad. Ellos, los separatistas delincuentes, nos han demostrado lo que nunca hay que hacer en política, cómo nunca hay que comportarse para con tus conciudadanos. Ellos son, en esencia, lo peor de la política.

Afortunadamente, los separatistas ya son historia, pero la batalla democrática y pedagógica contra el nacionalismo y contra lo que representa, no acaba aquí. Con la detención de Puigdemont y el encarcelamiento de varios dirigentes separatistas hemos ganado una importante lid, la hemos ganado gracias a nuestro Estado de Derecho, pero hemos de seguir trabajando y luchando por el progreso y por la igualdad. No nos detengamos.

En último lugar, me gustaría acordarme de alguien con el que entiendo que se ha sido muy injusto en este asunto y me refiero al Fiscal Maza, un patriota que a pesar de enfrentarse a la intolerancia nacionalista, supo estar a la altura y defender la democracia y el cumplimiento de la ley, para todos, claro que sí. Allí dónde esté, puede sentirse muy satisfecho del legado que nos dejó.

Carlos Cotón, Miembro del Consejo de Dirección de UPYD

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