Feminismo con sentido

El género sigue importando y lo vemos constantemente. Los medios de comunicación, en su labor informativa, continúan denunciando prácticas abusivas, sobre la mujer, y concienciando a la sociedad de una igualdad real y de los llamados micromachismos.

Mariano Rajoy, como posteriormente comentaré, no ayuda con sus palabras; igual que también perjudica que la directiva de la fórmula 1 haya decidido eliminar a las azafatas. ¿Pero no será mejor incluir, como ya se ha hecho en otras ocasiones, a hombres? Adoptar decisiones basadas en la prohibición y censura no contribuye sino que embarra la lucha feminista. Apoyar la igualdad real no es inventarse palabras ni pervertir nuestra lengua; de igual forma que tampoco es lanzar alegatos igualitarios sin ton ni son en actos culturales.

El 8 de marzo el calendario nos recuerda el Día Internacional de la Mujer. Día elegido para conmemorar la larga y dura lucha de las mujeres para ser consideradas parte de la sociedad. Es duro tener que escribir y reflexionar sobre este tema pero, sin duda, necesario porque no hablamos solo de conceptos teóricos o de una historia lejana, sino que día a día vemos cómo se producen desigualdades, sólo por cuestión de género.

En este artículo no pretendo abarcar, porque sería imposible, toda la lucha que han llevado las mujeres, y algunos hombres, para conseguir y reivindicar una serie de derechos. Pretendo reflexionar y sumarme a las voces que claman género, que no sexo, e igualdad.

Cuando afirmo que es duro hablar de ello me refiero a que me cuesta entender cómo a lo largo de la historia a la mujer se la ha obviado del sistema, algunos incluso hablan de un sistema segregacionista. ¿Cómo es posible que el hombre pudiera votar antes que la mujer sólo por el hecho de ser hombre? ¿Por qué el hombre era el que administraba todo el patrimonio y la mujer tenía que estar supeditada a él? ¿Por qué a la mujer se le prohibió ir a la universidad? y así, un largo etcétera de sinsentidos y anulaciones hacia el género femenino. Es obvio que todos los sucesos que ocurren hay que contextualizarlos en su marco histórico, pero en el caso de la mujer siempre ha salido mal parada, con independencia del momento y del lugar.

we can do it

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No puede hablarse de la lucha de las mujeres sin pronunciar feminismo. Si acudimos a la Real Academia Española nos encontramos definido “Feminismo” como: “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres” y “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”.

A la vista de esta definición, cabría preguntarse si poner al hombre como aquel modelo a alcanzar es lo más correcto. Considero que no, aunque la definición puede hacer referencia a que el hombre es quien tiene todos los derechos, históricamente, y el feminismo pretende alcanzar esa igualdad de los mismos. No obstante, creo que es equivocado y –además de ser erróneo– desvía el tema en luchas de sexos y distorsiona el objetivo principal: la igualdad total de género.

Debemos resaltar las diferencias entre algunos términos, pues a pesar de ser conocidos, en ocasiones podemos equivocarlos y dar un sentido muy diferente a nuestro pensamiento. Cuando hablamos de machismo nos referimos a desigualdad, a la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres. El término opuesto podría ser hembrismo, concepto no recogido por la RAE, que hace referencia a la superioridad de la mujer frente al hombre. Lo esencial es desterrar la idea de que lo contrario del machismo es feminismo. Por lo tanto, tanto el machismo como su contrario son ejemplos de sexismo.

Nos debemos preguntar cómo es posible que a día de hoy no exista una igualdad de género y resuene el concepto de “Patriarcado”, lastre que impide avanzar a una sociedad. Nuria Valera en su obra Feminismo para principiantes define patriarcado como “Un sistema de dominación masculina que determina la opresión y subordinación de las mujeres”. No es posible, para la autora, concebir el machismo si no ponemos como concepto afín el de patriarcado.

Feminismo-Feminista-Ilustrada

Feminismo-Feminista-Ilustrada

Si hiciera una encuesta y preguntara “¿Usted cree que el hombre y la mujer tienen los mismos derechos?” una aplastante mayoría, por no decir la totalidad de personas, contestarían afirmativamente. Y ¿entonces por qué hay cifras que indican que la mujer haciendo el mismo trabajo que el hombre tiene que cobrar menos?, la llamada brecha salarial. ¿Por qué, entonces, a medida que aumenta el puesto de responsabilidad, la brecha lo hace en proporción?

Los Técnicos de Hacienda (Gestha), con datos de la Agencia Tributaria correspondientes a 2016, han publicado un estudio donde señalan que las mujeres cobraron 4.745 euros menos que ellos; es decir, un 30% menos que sus compañeros masculinos, lo que supone casi medio punto porcentual más que un año atrás. En definitiva, ellas soportan más precariedad, ellas pagan más caro el tener descendencia y a ellas les cuesta más incorporarse a un empleo. Otro informe del sindicato UGT recoge que la brecha salarial entre hombres y mujeres aún tardará en desaparecer 71 años.

Algo estamos haciendo mal. Si revisamos los programas electorales de los grupos políticos desde el año 1979 los dos grandes partidos (Alianza Popular, ahora Partido Popular, y Partido Socialista) llevan incluyendo propuestas cuyo objetivo es la igualdad real entre el hombre y la mujer.

Es cierto que, en su origen, la incorporación de la mujer al mundo laboral dista mucho de la realidad actual y en el programa político de Alianza Popular, en 1979, quedó recogido que el objetivo era proteger a la familia: “Facilitando a la mujer trabajadora y al ama de casa guarderías y plazas educativas”. Afortunadamente hemos avanzado a pasos agigantados y los programas políticos de todos los partidos son muy potentes en cuestiones de género, pero creo que como sociedad no podemos esperar setenta años para que exista una igualdad real.

El Gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero creó el ministerio de Igualdad y antes de su primera remodelación apostó por la paridad en las carteras ministeriales. Fue una medida discutida pero desde mi punto de vista entendible, pues la realidad demuestra que el hombre y la mujer no parten del mismo sitio.

La LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General) exige la composición equilibrada de las listas electorales donde los candidatos de uno u otro sexo no podrán estar representados en menos del 40%. Son buenas medidas para no involucionar aunque espero que en un futuro, no muy lejano, no haga falta recurrir a imposiciones legales, pues significaría que hemos interiorizado el problema y que este ya ha sido eliminado. La presión de la sociedad también es fundamental para que suene la campana en el IBEX, en los consejos de administración y en los cargos directivos en general para advertir que la mujer debe formar parte de ellos.

En sucesivas entrevistas han preguntado al Presidente del Gobierno qué opina, según los datos anteriores, de que las mujeres cobren menos que los hombres. Mariano Rajoy, que pudo no haber entendido la pregunta por cómo la resolvió, afirmó: “No nos metamos en eso”. El poco acierto del presidente, que tenía datos positivos como la reducción de la brecha salarial, ha ocupado (con razón) portadas en todos los medios. En entrevistas posteriores ha matizado sus palabras. Considero que el sentido que deseaba dar el presidente es que el Gobierno no puede legislar más, o por lo menos en el mismo sentido, de lo que ya hay en vigor. El artículo 28 del Estatuto de los Trabajadores ya recoge la igualdad de remuneración por razón de sexo. La Constitución Española en su artículo 14 también habla de la igualdad de derechos. Por lo tanto, si una mujer percibe menos salario que un hombre, debe denunciar.

Quien más sabe sobre este tema es el personal cualificado de las instituciones que se dedican exclusivamente a tratar cuestiones de género, como el Instituto de la Mujer, casas de acogida para mujeres maltratadas, etc., es con ellas con quien hay que trabajar, pero trabajar de verdad. En periodo de precampaña escuchamos a políticos de todos los partidos frase como: “Apostamos por la igualdad entre hombre y mujeres” y todos jalean sus palabras. Pero se olvidan de que esas consignas ya estaban incorporadas en los programas de hace más 20 años. Por lo tanto, es el momento de acción y no de palabrerías.

A la vista de lo expuesto, me quedo con el lema de que el feminismo es presente y algo de todos. El machismo mata (violencia de género) y crea estereotipos absurdos que también afectan al hombre –huelga decir que en menor medida– pues este no puede hacer dos cosas a la vez, solo disfruta si tiene cerveza, siempre piensa en sexo y solo le gusta el fútbol. Estereotipos banales comparables a las explicaciones primitivas de que si llueve es porque los dioses están contentos.

Como todas las estupideces, estas se curan con educación y formación y cuanto antes se haga en las aulas, mayor rapidez habrá para eliminar el machismo. En la educación entra una educación sexual, con perspectiva de género, de concienciación y de no legitimación de actos aversos. Los actuales estudiantes son los que contratarán a futuros profesionales y con buena formación se conseguirá despojar de la “Cultura” aquello que no es cultura, si no violencia.

Alberto Sanz Blanco, periodista


Artículo publicado previamente en este blog 

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