Eutanasia, un dilema inevitable

Como humanos, quien alguna vez se ha tomado un respiro en reflexionar, cae inevitablemente en el profundo y apasionante mundo de la vida y la muerte. Y precisamente, debatir sobre la eutanasia, es debatir sobre aquello esencialmente humano: la vida y su final.

La palabra eutanasia proviene del griego εὐθανασία y etimológicamente significa “muerte dulce“.

La eutanasia no es una práctica surgida en la actualidad, sino que estaba ya presente en las primeras sociedades humanas. En la antigua Grecia, no se planteaban dilemas morales en torno a ella, pues se concebía que una mala vida no era digna de ser vivida. Con la Edad Media y la influencia del cristianismo, se empezó a percibir la eutanasia como un pecado, pues solo dios tiene la potestad de decidir sobre la vida. La llegada de la Edad Moderna y sus nuevas corrientes de pensamiento, quienes debilitaron la perspectiva cristiana, desviaron el dilema de la eutanasia al campo de la medicina y las ciencias naturales. Francis Bacon fue el primero en retomar el tema refiriéndose a esta como el arte de morir dentro del arte de vivir.

En la actualidad, la perspectiva sobre la eutanasia depende de factores culturales, religiosos e ideológicos. Su práctica es legal en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Suiza y cuatro estados de los Estados Unidos. En otros lugares como en Puerto Rico, es legal que se le sean retirados los tratamientos a una persona moribunda o que se encuentre en estado vegetativo.

El dilema de la eutanasia forma parte de la agenda política en nuestro país, cobrando cada vez más importancia. Este pasado martes, la Cámara votó en contra  de la toma en consideración de la proposición de ley que presentaba Unidos Podemos sobre la regulación de la misma y que implicaría la reforma del artículo 143 del Código Penal, que penaliza la eutanasia. La iniciativa fue rechazada con la oposición del PP y las abstenciones de Ciudadanos y el PSOE.

A mi parecer, la vida es un derecho, no un deber. Y por lo tanto, cualquier persona que solo sienta angustia y dolor, o que directamente no sienta, tiene el derecho a dar el último suspiro en paz y dejar la vida de la forma más amena posible. Alargar la vida por el simple hecho de alargarla me parece no solo un rasgo de inmadurez, sino de crueldad. Debemos entender que hay personas que están muertas y respiran, encerradas en su propio cuerpo. Valoremos la muerte de igual manera que valoramos la vida, porque al fin y al cabo, ¿no dependen la una de la otra?

Marta Casanova

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