Europa a la espera

Había una vez… hace no mucho tiempo, allá por los años 80, una Europa en cuyos estados miembros los ciudadanos acudían a las urnas con ilusión y esperanza, con ganas de participar en proyectos políticos que generaban adhesión y sentían incluso como suyos.

Los ciudadanos europeos se autoinyectaban dosis de una certidumbre vital que consideraba ese modelo de desarrollo como el único viable frente a las experiencias fallidas al otro lado del telón de acero. Eran tiempos en los que un determinado líder, llámese González, Miterrand, Kohl e incluso Thatcher, vencía y convencía, generaba confianza y credibilidad. Eran, cada uno a su manera y desde diferente ideología, claros exponentes de gobernantes con auctoritas.

En aquellos años, tras los resultados de las votaciones se adivinaban legislaturas estables y previsibles, con mayorías sólidas o coaliciones incuestionables. Cada ciudadano había votado por unas siglas que consideraba le representaban en gran medida y sentía respeto por su partido y por su candidato. Su voto era, sin lugar a dudas, en positivo, por algo o por alguien.

Pasadas ya unas décadas y centrándonos en los últimos procesos electorales vividos en las democracias occidentales, observamos lo que creo es un elemento de intersección que los une y que en nada se parece a lo anteriormente mencionado, esto es, la desconfianza del electorado, la victoria amarga del que triunfa por ser el menos malo. El  voto ciudadano contra alguien o contra algo.

Así, no cabe duda de que los actuales primeros mandatarios occidentales no son un ejemplo de liderazgo, no reúnen esas cualidades que se presuponen a quienes ilusionan y motivan a sus conciudadanos. Frente a aquel voto positivo y a veces entusiasta que avalaba figuras internacionales claramente europeístas, los políticos actuales como Rajoy, Macron o el primer ministro holandés Mark Rutte, podrían en gran medida haber obtenido sus apoyos como medio para frenar a otras alternativas consideradas peores por una gran parte de la ciudadanía. Y todo ello bajo un contexto general de baja participación electoral, de desmovilización paulatina entre las cada vez más decepcionadas clases medias y con un alarmante rechazo entre los votantes más jóvenes.

Parece que el incierto año electoral 2017 va dejando una sensación agridulce entre las huestes europeas. Los mensajes apocalípticos que se profetizaban no han sido tales pero han dado paso a una situación de calma tensa.

La otrora seductora Europa de gobiernos convencidos de las bondades del proyecto común ha dado paso a las dudas en cuanto al alcance y participación en el mismo, generando esta incertidumbre un claro debilitamiento de la posición de Europa en el orden político internacional. Demasiadas crisis acumuladas, financiera, económica, migratoria, institucional y en definitiva de identidad. Demasiadas si quienes protagonizan el “cuento europeo” no son personajes que como Peter Pan pretender volar en sus sueños sino más bien se limitan a que nadie les corte las alas.

Oscar Galeano, diputado por el PSOE en el Congreso de los Diputados 

One thought on “Europa a la espera”

  1. “…no cabe duda de que los actuales primeros mandatarios occidentales no son un ejemplo de liderazgo, no reúnen esas cualidades que se presuponen a quienes ilusionan y motivan a sus conciudadanos.” Claro, ya tenemos a ese dechado de virtudes que es Galeano para insuflarnos ilusión a raudales. El día que me entere de los méritos de este señor para ser diputado (aparte de hacer de mamporrero en su agrupación del PSOE), entonces sí que me motivaré….. Lo que hay que leer.

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