Está la izquierda como para votarla

Pedro Sanchez junto a Adriana Lastra | EFE
Pedro Sanchez junto a Adriana Lastra | EFE

Pocas cosas hay más frustrantes en política como sentirse huérfano de partido. Sin pretensión de generalizar mis sentimientos o asegurar que “somos muchos”- como suelen hacer los populistas cuando luchan por sus intereses particulares- yo llevo mucho tiempo sintiéndome perdido dentro del marco mediático y político que se autodenomina en este país como de “izquierdas”. Hay quien dice que el problema reside en la involución centrista de muchos que nos hemos considerado socialistas, pero tal vez cierta idea de izquierda pura o verdadera es tan excluyente que cuanto más la perfeccionan, menos espacio queda para que se identifiquen mayorías sociales. Es como si de un tiempo a esta parte solo se pudiese ser de izquierdas cuanto más extremista te mostrases y más compartieses el discurso del malestar. Hemos pasado de esa superioridad moral incuestionable sobre la derecha a un proyecto de odio y destructivo sin matices de adhesión. Ahí tuvimos el “no es no” y el “régimen de la casta” del PSOE y Podemos, aunque en la actualidad desconozcamos con exactitud en qué se han convertido ya esas proclamas centrales de identidad ideológica y partidista.

Si analizamos el panorama mediático de los medios progresistas o de izquierdas, el balance no puede ser más descorazonador: más allá de defender una forma de entender la política y la sociedad, se dedican al periodismo más radical y amarillista posible donde vale casi absolutamente todo con tal de azotar a la derecha o a cualquiera que no comparta su rígida y doctrinaria visión del mundo. Y esto es algo relativamente “novedoso” porque en España estábamos acostumbrados a un periodismo sectario y manipulador por parte de la derecha, con esa inolvidable Intereconomía donde se llegaron a cotas de ignominia y desvergüenza difíciles de superar en un futuro. No deja de sorprender que desde estos medios progresistas tan tópicos, mediocres y predecibles se intente dar lecciones de categoría y valentía a cualquier político de izquierdas, sobre todo si no es de Podemos. Creo que la mayoría de periodistas y gurús izquierdistas bendecidos por las redes sociales no tienen más potestad ni moral ni intelectual que los políticos a los que critican e intentan condicionar.

Pero la crisis dramática que afecta de lleno a las bases de nuestro sistema de convivencia es de naturaleza política, concretamente partidista. Lejos de intentar explicar las causas de la perdición del PSOE o del hundimiento irreversible de Podemos, es un hecho que ambos partidos tienen muchas posibilidades de terminar en tercer y cuarto puesto en unas hipotéticas elecciones generales. Esto no es ni casualidad ni fruto de “brujería” como insinúa el sociólogo-ahora pedrista- Tezanos, el cual no acierta una encuesta desde 1982, que se la hizo Alfonso Guerra. La sensación es que el electorado de izquierdas cada día está más confuso, desmotivado, quizás desmovilizado pero, sobre todo, desilusionado a corto y medio plazo. Uno de los motivos principales es la nula talla política e intelectual de los líderes socialistas y podemitas, pero no podemos obviar la falta continua de coherencia entre lo que dicen y lo que hacen ambos partidos. En el caso incluso del PSOE, entre lo que dicen, lo que hacen y luego se desdicen, como “pan nuestro de cada día” del errático Pedro Sánchez, el cual debe de estar profundamente agradecido a Pablo Iglesias por su existencia, ya que frente a otro partido alternativo de izquierdas que no fuese tan falso, ridículo y decadente como Podemos, el pedrismo sería en la actualidad una tumba casi definitiva de ese gran partido centenario que ha sido el partido socialista español.

La última prueba de esta decadencia, de esta degeneración como organización política que deviene en secta peligrosa para la libertad y la democracia misma, lo tenemos en las reacciones manifestadas en Podemos ante ese circo que se ha montado por la compra de la mansión de 600 mil euros por Pablo e Irene.

Ver a todo podemita- ya sea a sueldo en medios o a sueldo de partido- justificando algo absolutamente imposible de justificar, da tanta vergüenza como cuando todo el PP reunido en pleno aplaudió a rabiar y en pie a Cristina Cifuentes. La idea de la pareja feliz de convocar un referéndum para poner sus cargos a disposición de la militancia por culpa del escándalo de la mansión, posiblemente era la única viable para intentar salir del paso ante una situación que puede ser el golpe definitivo para las aspiraciones de gobierno del populismo comunista trasnochado vestido con ropajes de modernidad. Pero que sea lo único viable no significa que sea una solución siquiera parcial.

Sobre el PSOEnuevopsoe de Pedro Sánchez es muy complejo condensar los recitales semanales que dan sus principales caras visibles de política torpe, a veces populista, casi siempre desorientada y casi nunca inteligente. Esta semana, sin ir más lejos, hemos observado a un Pedro Sánchez que en su apoyo al 155 y oposición al separatismo catalán ha querido ser más “riverista” que el propio Albert Rivera. Hemos pasado, así, del Pedro que quería pactar y entenderse con Podemos cual si fuera un partido hermano, al Pedro que imposta un perfil de “Ciudadanos” en defensa de la unidad de España; mejor, llegados a este punto, no recordar eso de la “plurinacionalidad” o de la “nación de naciones” con lo que estuvo varias semanas haciendo el ridículo por toda España.

El problema de ser un partido sin claridad, veleta, posicionándose según vote la gente o salgan las encuestas, es que acabas desquiciado, sin votantes y haciendo el ridículo, aunque seas el último en darte cuenta. Entre el dúo Pablo-Irene y el Pedro-Lastra, está la izquierda para salir corriendo sin que el último tenga que apagar la luz, pues esta se apagó hace ya mucho tiempo.

Marcial Vázquez, politólogo

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