¿Es progresista suprimir el ICA?

Pablo Hijar, Concejal de Vivienda y Deporte, rompe el recibo de ICA (Twitter)

Con la edad pocas cosas me suelen crispar y mucho menos aun en política, donde creo que la templanza es siempre una virtud a explotar. Sin embargo, debo confesar que hay un asunto donde el abuso de demagogia, de oportunismo y de incoherencia ideológica está poniendo a prueba claramente mi templanza. Me refiero a la polémica del ICA.

En estos días asistimos a un movimiento amplio de oposición al cobro de ICA en la ciudad de Zaragoza (en el resto de Aragón se cobra hace años sin que algunos de los prebostes de la movilización actual abrieran la boca) encabezado por Podemos, Zaragoza en Común y un ente convertido en un lobbie en toda regla conocido como la Red Agua Pública de Aragón (RAPA).

Sea contra el ICA o contra el impuesto de Sucesiones cualquier ciudadano está legitimado a protestar, por más que eso no deba de significar de inmediato coincidir con la reivindicación. Cuestión distinta, no obstante, es cuando quienes promueven esa movilización lo hacen manejando datos inexactos, generando confusión o defendiendo posiciones abiertamente reaccionarias.

Ni más ni menos ese es el caso de la actitud de la RAPA en este asunto, cuando ayer mismo planteaba la supresión del impuesto y “que se sustituya el ICA por las tasas municipales que correspondan”. Cuesta trabajo suponer que quienes manifiestan opinión puedan atesorar tal nivel de ignorancia, de modo que sólo cabe intuir una dosis importante de mala fe. Me explico:

Cuando los representantes de esta plataforma, presuntamente progresista y más presuntamente aun ecologista, afirman esto, en realidad están diciendo que los vecinos de todos los pueblos de Aragón se paguen por si mismos la depuración de sus aguas, es decir, sus depuradoras y lo que cueste mantenerlas y explotarlas. Así sin más, puesto que eso y no otra cosa es una tasa.

A veces, los matices técnicos pueden ser un pretexto estupendo para manipular puesto que no todo el mundo conoce ni debería tener porqué, la diferencia entre un impuesto y una tasa. En este caso, el ICA es un impuesto que grava el consumo de agua en tanto que cualquier uso de agua implica contaminar y por tanto la obligación de depurar (obligación impuesta por la UE). Por el contrario, una tasa implicaría que los ciudadanos pagarían por el coste real de la depuración de sus aguas, es decir, por la construcción y por la explotación de las depuradoras.

He aquí la injusticia de lo que la RAPA dice proponer. No es preciso hacer un estudio económico muy profundo para saber que el coste de instalar una depuradora para dar servicio a un núcleo de 700.000 habitantes como Zaragoza será, por persona, infinitamente menor que si ese mismo servicio lo pretendemos dar para una comarca como Maestrazgo con menos de 4000 habitantes. Es más, lo que para los zaragozanos ha sido un coste menor durante 25 años (el tiempo que, más o menos hemos tardado en pagar nuestras depuradoras), es fácil suponer que para uno de esos aragoneses del Aragón vacío, podría ser un coste exorbitado.

¿Cómo puede pues, pretender una organización pretendidamente progresista y ecologista semejante desequilibrio territorial?

Como decía antes, depurar todas las aguas de Aragón, no sólo es algo deseable desde cualquier punto de vista medioambiental, sino que es una obligación ineludible impuesta por la UE. Cumplir con esa obligación no es barato, ni mucho menos. Tampoco lo es la educación o la sanidad, especialmente en los pueblos del Aragón vacío y dudo mucho que ninguno de quienes claman contra el ICA aceptasen que aquellos aragoneses que pueden sufragarse un colegio privado o un seguro médico, reclamasen no pagar la parte de su IRPF que se destina a educación o sanidad. O que exigiesen pagar menos porque el coste por alumno de su colegio en un barrio de Zaragoza es mucho menor que el de la escuela de un pueblo en los Monegros.

Estas contradicciones y esta actitud tan abiertamente insolidaria y reaccionaria no puede ser asumida en silencio. No tengo dudas de que el ICA, aprobado por el PP y el PAR en 2014 puede mejorarse, hacerse más solidario, progresivo y enfocado a gravar más claramente a los grandes contaminadores. En eso deberíamos estar todos los progresistas y no en posturas de urbanitas ensimismados (lo dice uno que lo más cerca del campo que suele estar son las macetas de mi balcón), molestos por tener que pagar aquello que no usamos (salvo cuando vamos de turistas).

Horacio Royo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *