Entrevista a Ismael Beiró: “Espero entrar en la próxima edición de Supervivientes”

Enrique Rosell Photo

Ismael Beiro Perez nació en Cádiz en 1974. Perteneciente a una familia de clase trabajadora, cursa estudios de Ingeniería Aeronáutica en la Universidad de Cádiz. Además trabajó como camarero y dedicaba parte de su tiempo libre a colaborar como voluntario en la Cruz Roja del mar. En el año 2000 salta a la fama participando en la primera edición de Gran Hermano, una auténtica revolución televisiva nunca vista hasta entonces.

Aquel joven locuaz y dicharachero conseguiría meterse al público en el bolsillo alzándose como ganador del concurso, uno de los formatos más vistos en la historia de la pequeña pantalla. Dada su popularidad, el ayuntamiento de Cádiz le elige pregonero del carnaval del 2001 y comienza a colaborar en programas de variedades en radio y televisión como Atrévete (Cadena Dial) La jungla de Arús (Cadena 100) Bravo por la tarde (Canal Sur) o Sabor a ti (Antena 3) En 2002 sufre un grave accidente en el centro de Madrid al colisionar su moto con un todoterreno, lo que le provocaría un traumatismo craneoencefálico y le obligaría a permanecer hospitalizado en la UCI del Hospital Universitario La Princesa. Afortunadamente con gran esfuerzo y con la positividad que le caracteriza consiguió salir hacia adelante, la perdida del olfato y del gusto fueron las únicas secuelas.

Un año más tarde concursó en La isla de los famosos (Antena 3) y en magacines, por ejemplo, A tu lado (Telecinco) Tan agustito (TVE1) o La Noria (Telecinco), entre un largo etcétera. En 2008 entra durante varias horas a la casa de Gran Hermano para celebrar la décima edición. Posteriormente se ha encaminado hacia el mundo de las televisiones autonómicas y locales compaginándolo con sus incursiones en el espectáculo.

En los últimos tiempos ha recuperado protagonismo gracias a sus comentarios sobre la última edición de Gran Hermano y ha su recién estrenada paternidad. Aprovechando la presentación de The Blues Bordes junto a José Boto en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, el inquilino más veterano de la casa de Guadalix de la Sierra ha hecho un hueco en su agenda para abrir su corazón a los lectores de EL ROTATIVO.

Naciste en Cádiz en 1974…

Sí, soy un chaval de barrio, estudié ingeniería aeronáutica y ahora estoy estudiando el doctorado de mi carrera. Actualmente me dedico a eso, al teatro, a sacar a mi perrita por las tardes a pasear y tuve una niña hace un mes, o sea, debo aprender a ser padre, un buen padre.

Decía Mercedes Milá que Gran Hermano era un experimento sociológico ¿Cómo decidiste formar parte de la primera edición del concurso? Jamás se había visto algo semejante en televisión…

Todo lo que he hecho en mi vida ha sido un experimento sociológico, soy marino mercante, la ingeniaría náutica te lleva a tener los títulos profesionales de marino mercante, y realmente salté de un barco que te llevaba a navegar por el mundo, lleno de maquinas… a otro barco de las mismas características, encerrado en un lugar, sin posibilidad de ver a la familia, solo que en este caso era a través de la televisión, con gente que desconocía como ocurre cuando estás en el mar, te mandas a un sitio y allí conoces a tus compañeros. A partir de entonces nunca desembarqué, nunca me bajé del barco de la televisión.

¿Cómo afrontó la familia que participases en Gran Hermano?

Mi padre creía que me iba a formar parte de una secta, no entendía aquello de la televisión. Mi madre siempre ha sido muy comprensiva con sus hijos, muy liberal y me dijo que disfrutase. No eran conscientes de lo que suponía, de que iba a tener tanta repercusión, pensaban que a los tres días estaría de vuelta… Fíjate, al final hasta tuvieron que ir a plató los pobres.

En la primera edición alcanzasteis picos de audiencia que ya los querría conseguir en estos momentos algún canal…

El mayor dato de audiencia de Telecinco lo logré yo, un noventa por ciento, es decir, nueve de cada diez personas estaban viendo en aquel momento la cadena. Eso no volverá a suceder, salvo en una final del Mundial de Fútbol en la que juegue España, hoy en día es difícil que algo tenga tanta repercusión. También es verdad que ha aumentado mucho la oferta televisiva desde entonces, aunque las generalistas siempre son las que mandan.

¿Cómo recuerdas los tres meses encerrado en la casa de Guadalix de la Sierra?

Como unas vacaciones, una vida de jubilado. Creo que la mayoría de la gente que opta por entrar en Gran Hermano lo hace para descansar, liberarse del teléfono móvil… Allí no tienes preocupaciones, solo debes hacer las pruebas semanales, convivir con los demás y si eres listo hasta te lo pasas bien.

¿Mantienes relación con los compañeros, especialmente con tu amigo Iván Armesto?

Hace dos días estuve con Iván por ahí hasta las seis de la mañana y fue muy divertido porque él no tiene límite. Es como al perro que le echas de comer y es insaciable, le pasa lo mismo a él cuando salimos por la noche.

¿Cómo afrontaste la popularidad?

Alguien que no se dedica a la tele no es consciente de lo que supone la fama, salir a la calle y que te conozcan en un bar, en el transporte público… nadie es consciente de lo que realmente supone.

Sigues siendo el muchacho gaditano de a pie…

Sí, sigo siendo el tío de barrio. He salido de un barrio humilde y cada paso que doy hacia arriba me acuerdo de donde vengo. A veces cuando hablas con una marquesa, con el director de un banco o con un gran empresario millonario, pienso que nunca van a entender las necesidades que tiene la gente de barrio, no porque no te lo hayas currado, sino porque quizá hay cosas que te vienen dadas de herencia.

¿Qué te parece el Gran Hermano actual?

Bien, en su tiempo como tiene que ser. Dentro de veinticinco años seguro que lo hacen en una nave espacial y a los expulsados los lanzan a una nave exterior. La gente se queja de que el concurso no es como antes, pero es normal, los tiempos han cambiado, ahora tenemos móviles, redes sociales… La gente ahora tiene otras conductas, nuevas formas de ver la vida.

¿Te gustan nuevos formatos de telerrealidad como Supervivientes?

Sí, me gusta mucho. Querría participar en el concurso, ya le dije a Telecinco que espero que me llamen para la próxima edición. Querría marcharme allí para quitarme de en medio y estar pescando en una isla, en el agua… Creo que a todo el mundo le gustaría estar dos meses en una isla desierta.

¿Cómo observas la actualidad de la crónica rosa?

No me gusta, creo que cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera. Soy partidario de que los famosos concedan entrevistas, presenten a su pareja y sus hijos porque eso gusta a los fans, pero nada más. Luego la prensa debe dejarles vivir su vida con tranquilidad.

Todos tenemos derecho a preservar nuestra intimidad…

Claro, quién soy yo para hablar de la vida de los demás. Cada uno que haga con su vida lo que quiera. No estaría cómodo en un programa de crónica social, no soy la persona más indicada.

¿Se ha perdido el respeto en una parte de la televisión?

No, si se emite es porque está permitido. El límite está en la legalidad. Quizá algunos programas podrían adoptar un tono más amable como, por ejemplo, Sálvame. No es lo mismo Sálvame naranja que Sálvame limón  porque el primero se emite en un horario protegido. Sálvame naranja es más afable y Sálvame limón es más cañero, puede tener otro tipo de contenido.

Siempre has sido un personaje querido y respetado por la prensa y por el gran público…

Sí, nunca me he querido meter en líos, ni vender nada. No soy un personaje interesante para la prensa del corazón.

¿Es complicado dedicarse a la comedia?

Sí, es más difícil hacer reír que hacer llorar, pero es muy divertido. Ya me gustaba desde pequeño.

¿Por qué hay que ver The Blues Bordes?

Porque se lo van a pasar bien. Es una comedia que no sabes como empieza ni como va a acabar. Hay improvisación, aparecen dos canallas, cuyos personajes hacen de músicos y de cómicos, dos sinvergüenzas que interactúan con el público y lo pasamos muy bien. Tendrán humor, improvisación y música.

Samuel Riad

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