El tira y afloja de EE. UU y Corea del Norte

Donald Trump y Kim Jong-un. Gage Skidmore/Zennie Abraham

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, siguen tensando una cuerda que no termina por romperse

Trump lleva varios días de escalada retórica con el dictador norcoreano. Sin ir más lejos, este viernes advirtió a Kim Jong-un de que si ataca cualquier territorio estadounidense “lo lamentará rápido”. El magnate espera que el líder norcoreano entienda “la completa gravedad” de sus palabras e indicó que Washington está evaluando “con mucho cuidado las opciones militares”.

Anteriormente, el presidente norteamericano ya había avisado de que Pyongyang tendrá que hacer frente al “fuego y la furia” americana si mantiene sus provocaciones. Corea del Norte “ha estado amenazando más allá de lo normal”, afirmó Donald Trump en Bedminster (Nueva Jersey). “Y se va a encontrar con fuego y furia y un poderío que el mundo no visto nunca antes, francamente”, añadió. Emulando las películas del Oeste, el mandatario estadounidense también dijo que sus armas están “cargadas y montadas”.

Aunque bien es cierto que no se puede hablar de una guerra iniciada, a ambos bandos les gusta mostrar su artillería. Así, Corea del Norte lanzó a finales del mes pasado un proyectil balístico intercontinental (ICBM) hacia el Mar de Japón, como parte, en teoría, de un ensayo nocturno. Aunque el proyectil no causó ningún daño, fue considerado una provocación. El misil voló casi mil kilómetros durante unos tres cuartos de hora. Corea del Norte consideró un éxito la prueba y aseguró que puede alcanzar cualquier parte de Estados Unidos con esta arma. Una provocación a la que contestó el Pentágono mandando dos bombarderos B-1B desde su base de Andersen, en la isla de Guam, situada en el Pacífico Occidental, para que participasen en ejercicios combinados con las fuerzas aéreas surcoreanas y japoneses.

“Corea del Norte sigue siendo la amenaza más acuciante para la estabilidad regional”, afirmó el general Terrence J. O’Shaughnessy, comandante de las Fuerzas Aéreas del Pacífico.

Por otro lado, Pyongyang ya ha amenazado con realizar una “acción justa y contundente” si Estados Unidos continúa con su actual política militar y de endurecimiento de sanciones como castigo por sus pruebas de armamento.

La isla de Guam, en el punto de mira

Pero si ha habido un territorio en boca de todos en esta batalla dialéctica ese ha sido la isla de Guam. Con apenas 160 mil habitantes, más o menos los mismos que Alcorcón (Madrid), ha sido objetivo de las amenazas de Kim Jong-un.

El líder norcoreano ya habría sido informado de cómo se realizaría el ataque a la isla del Pacífico, según informa la agencia oficial del régimen, la KCNA. De llegar a producirse, el plan consistiría en lanzar varios misiles desde la costa oriental de Corea del Norte hacia la isla pasando por el espacio aéreo de Japón. Los proyectiles impactarían en las aguas de Guam, a unos 40 kilómetros de tierra.

Sin embargo, parece que ambos mandatarios han rebajado el tono beligerante. Pyongyang comunicó que ha decidido “esperar un poco más” los movimientos de Estados Unidos antes de bombardear Guam. También instó a Estados Unidos a “desactivar la tensión y prevenir un peligroso conflicto militar”. Donald Trump tampoco ha vuelto a realizar ninguna amenaza al país asiático del calado de las anteriores.

Pero, ¿qué tiene esta isla remota del Pacífico que ha saltado a la fama de repente? Guam pertenece a Estados Unidos de 1898 (fecha en la que fue cedida por España debido a la derrota española en la guerra hispano-estadounidense) como territorio no incorporado. Además, se encuentra bajo la supervisión del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, que tiene como objetivo acabar con el colonialismo del siglo XX.

La isla es un enclave militar estratégico para Estados Unidos, que tiene desplegados 6.000 soldados en el lugar, repartidos entre la base aérea de Andersen y la base naval. El turismo y las bases americanas son las principales bazas de la economía guameña. Como territorio no incorporado, Guam elige un delegado en la Cámara de Representantes de EE. UU. Este delegado tiene derecho a voz, pero no a voto. Los guameños tampoco tienen derecho a votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Madeleine Bordallo, delegada de Guam en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, declaró que, aunque la capacidad nuclear norcoreana era “profundamente preocupante”, está convencida de que la isla es segura y está bien protegida.

Sergio Marín Lafuente

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