El procés acabó con sus hijos

Verdad Digital.

Algo más de dos meses después, en Cataluña, los catalanes, siguen sin un Gobierno que pueda encargarse de todo eso que los independentistas dejaron de lado: la sanidad, la educación, los servicios sociales, la ley de dependencia, etc. Lo positivo, si algo podemos extraerle a esta situación, es que Cataluña, de momento, no continúa en manos de los independentistas y por eso, de momento, el dinero público, el de todos los catalanes y el de todos los españoles, está a salvo de ser malversado para financiar la locura de eso que se ha llamado ‘procés’.

Las consecuencias del sueño secesionista, ahí están. Las empresas fugándose de Cataluña, expectación entre los funcionarios, una sociedad dividida y enfrentada, políticos irresponsables y responsables de todo lo sucedido, huidos de la justicia, etc. No me alegro de que los políticos presos, ex-miembros del Gobierno cesado de Cataluña, estén presos, pero tampoco me dan pena. No me la pueden dar. Primero, anunciaron que no iban a respetar la legalidad vigente. Segundo, se les advirtió de lo que iba a ocurrir si no la respetaban. Tercero, efectivamente, se saltaron la legalidad como venían anunciando y cuarto y último, la justicia actuó como bien se les había advertido con anterioridad. No he conocido a presuntos delincuentes a los que como a los políticos golpistas de Cataluña, se les haya avisado con tanta frecuencia de que los presuntos delitos que iban a cometer, les iban a traer consecuencias jurídicas. Y no consecuencias jurídicas cualesquiera, sino graves consecuencias jurídicas, porque intentar romper la unidad de todos los españoles, la convivencia de todos los españoles, no es cualquier cosa y jamás puede quedar impune.

Como les he dicho al comenzar este artículo, ya han transcurrido algo más de dos meses desde que se celebraron les elecciones en Cataluña del pasado 21 de diciembre. Los resultados de las mismas, ya los conocemos todos y a mí, siéndoles sincero, me sorprendieron. Especialmente me sorprendió que el eslogan electoral que Puigdemont utilizó para concurrir a esos comicios, traducido, Juntos por Cataluña, superara a sus socios separatistas de ERC. En mis quinielas no estaba el que Puigdemont, con una figura política más expuesta y por lo tanto, más proclive a desgastarse, superara a Junqueras, un hombre que siempre ha permanecido a la sombra del ‘procés’, en un segundo plano de cara a los medios de comunicación, dejando que todo el foco de las cámaras, recayera sobre Puigdemont. Probablemente, el factor victimista que ha jugado Puigdemont, unido a que los nacionalistas nos tienen ganada la batalla del lenguaje y la propaganda, hayan jugado a su favor.

De todos modos, creo que a nadie le quedan dudas ya de que la figura política de Puigdemont tiene fecha de caducidad. Ya no es útil para el aparato independentista. Cumplió un ciclo y hoy por hoy, incluso para sus aliados, Puigdemont no es más que un prófugo de la justicia. Es más, cada día que pasa, él mismo (o en su caso, su equipo de comunicación) contribuye a desgatar su propia figura, ya que, sobre todo en redes sociales, su figura política es más ridícula. Nos ha demostrado a todos lo que realmente es. Ha actuado cual cobarde incapaz de asumir las consecuencias de sus actos, como todos los políticos independentistas huidos de la justicia. ¿Y luego dicen representar al “pueblo de Cataluña”? Oigan, pues menudos portavoces que huyen cuando vienen mal dadas y abandonan a “su pueblo”.

Pero fíjense hasta donde ha llegado esto del ‘procés’, que las diferencias entre Puigdemont y ERC aumentan cada día que pasa. Lo que antes les unió, el ‘procés’, ahoa les separa. Cataluña sigue sin Gobierno efectivo después de las elecciones del pasado 21 de diciembre y ya se oyen voces que apuntan a la repetición de unas nuevas elecciones en la Comunidad Autónoma.

Pasado el tiempo, las posiciones de los independentistas han cambiado. Saben que no son nadie para desafiar al Estado de Derecho y tienen que cambiar el rumbo de su estrategia, para, por lo menos, intentar rascar algo. Especialmente curiosa es la posición, mejor dicho, el cambio de posición que ha adoptado ERC. De la noche a la mañana, dicen acatar la ley cuando antes, eran de los primeros en atentar directamente contra ella. Está claro que las Forcadell, las Rovira, los Torrent y compañía, no quieren acabar en la misma situación que el jefe Junqueras, que continua en Estremera afinando esa faceta epistolar que ha descubierto en la prisión madrileña.

Dejando de lado a los independentistas y fijándonos ahora en el llamado “bloque constitucionalista”, a uno le sorprende el poco nivel que este bloque ha demostrado. Yo a un constitucionalista, a un demócrata, le presupongo mayor nivel y mejor capacidad de actuación que a un golpista, la verdad. Muchos somos los que seguimos sin entender por qué Ciudadanos ha decidido renunciar a hacer valer su victoria en las urnas. Dentro del Parlamento de Cataluña no hay mayoría constitucionalista, eso es cierto, pero apelar al “hemos ganado” y quejarte de una Ley Electoral, que sí, es injusta pero parece mentira que sólo te des cuenta de eso cuando te interesa, es como no hacer nada. Hay que pasar a la acción, preguntarnos qué podemos hacer nosotros, los demócratas, y no esperar a lo que vayan a hacer los golpistas. España no merece que la agenda de todo un país la marquen, precisamente, los que quieren destruir este nuestro país. No se lo consintamos.

Otro asunto que me preocupa muy mucho es ese pacto al que han llegado ERC y PP. Sí, el partido de Rufián ha permitido, con la cesión de un diputado, que el PP tenga representación en todas las comisiones del Parlamento de Cataluña. Me preocupan este tipo de pactos entre polos ideológicos en teoría opuestos y me preocupa el coste que vamos a tener que asumir los españoles con este favor que ERC le hace al PP, porque los favores, al final, se acaban pagando.

Voy concluyendo. Es tarea de todos acabar con una injusticia que parece imponerse con silencio. Es injusto ver a Cataluña como el problema de España. Es injusto porque no es así, Cataluña no es el problema de España, al contrario, Cataluña, como el resto de territorios que conforman nuestro querido país, España, es una virtud. Somos una sociedad de ciudadanos libres, iguales y plurales y eso, nunca puede ser un problema. El verdadero problema sería lo contrario, pues lo contrario sería una sociedad sometida al yugo de un dictador y en eso, los españoles ya tienen experiencia, por desgracia. El problema, el problema real, son los dirigentes políticos que se aprovechan de su cargo, que se creen por encima de la ley, para ir contra sus propios ciudadanos, sacrificarlos y todo por intentar satisfacer aspiraciones políticas personales. Si algo bueno tenemos que sacar del comportamiento de los golpistas, es que nos han mostrado el camino de lo que nunca hay que hacer en política. Quedémonos con esa moraleja.

Carlos Cotón, Miembro del Consejo de Dirección de UPYD y articulista de opinión

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