El hardware del PSOE

En estos tiempos de populismo rampante, tan propicios para aquellos relatos que plantean de forma muchas veces artificial, un conflicto entre el buen pueblo virtuoso y las aviesas élites, la decisión de Susana Díaz de rodearse durante su presentación como candidata a la secretaría general del PSOE de las figuras más importantes de los últimos 43 años del partido, se antoja casi una osadía.

Se ha recalcado que esa imagen representaba la unidad de quienes, en otros momentos enfrentados, se unen ahora tras la presidenta de la Junta de Andalucía. No pongo en cuestión este valor, pero para mí, el simbolismo de esa imagen va más allá y nos brinda algunas claves para el proceso que ha de conducir al PSOE hasta el 39º Congreso Federal.

El PSOE se enfrenta ahora mismo a un reto colosal que requiere acertar tanto en el diagnóstico como en la terapia. El PSOE tiene ante sí el desafío de volver a ocupar una posición de primacía entre el electorado de centro izquierda. De lograrlo o no, depende su capacidad de volver a ser alternativa de gobierno.

Para lograr ese objetivo es preciso que el PSOE se dote de un proyecto para la España de 2017, que ya tiene poco que ver con la de 2002 y no digamos ya con la de 1982. Sin embargo, no puede cometer el error de negarse a sí mismo y a su pasado en su afán de encontrar un futuro. El PSOE debe cambiar sus propuestas, pero bajo ningún concepto, los principios.

Esos principios se han concretado siempre en una gigantesca ambición de país. Si algo ha caracterizado a los grandes líderes socialistas ha sido fijar metas enormemente ambiciosas, casi inimaginables para transformar España. Felipe González y Zapatero, como antes Pablo Iglesias, Fernando de los Ríos, Largo Caballero o Julián Besteiro (y otros), ambicionaron una España moderna, próspera, justa y profundamente libre, a años luz de la España autocompasiva, insegura y cainita que heredaron.

Pero quizá la mayor referencia para el presente no sea sólo esa. Los grandes líderes del socialismo español fueron inteligentemente flexibles a la hora de poner en marcha las políticas que debían conducir a esas metas. No hubo en ellos dogmatismo. Tomaron la referencia de aquello que funcionaba, dentro y fuera y atrajeron el talento de más vanguardia para poner en marcha políticas modernas al servicio de un país moderno. En palabras del profesor Víctor Lapuente, fueron exploradores y no chamanes.

Hoy el PSOE debe abordar un proceso similar. Un proceso que bajo ningún concepto puede nacer de la negación o el rechazo a aquellos que protagonizaron los mayores éxitos del socialismo español, más allá de que se compartan o no sus posiciones.

Al contrario, al situarlos a su lado, Susana Díaz enlazaba su proyecto con los grandes principios que siempre han de estar vigentes. Y sobre todo con la gran ambición de cambio y modernidad que representan tanto Felipe González como Alfonso Guerra, como Alfredo Pérez Rubalcaba o como José Luis Rodríguez Zapatero.

Por utilizar un símil informático, Susana Díaz reivindicó el hardware del PSOE como punto de partida para diseñar un software adecuado para el futuro. Un software que, ha de nacer libre y construirse en cada paso con el talento y la imaginación progresista de nuestra sociedad y del mundo globalizado en el que vivimos. Venga de dentro o de fuera del partido, debemos ser capaces de atraer ese talento y esas ideas. Ahí reside la clave y no en intentar modificar y cuestionar un hardware que ha funcionado históricamente como ninguno y menos aún de copiar hardwares ajenos.

Horario Royo

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