El Gobierno Socialista: de lo inesperado a la esperanza

Pedro Sánchez durante un discurso | Wikimedia Commons
Pedro Sánchez durante un discurso | Wikimedia Commons

Este mes comenzaba inesperadamente con un cambio de etapa en la Presidencia del Gobierno de España que ha puesto fin a legislatura y media del Partido Popular con Mariano Rajoy al frente de la nación y que ha colocado al socialista Pedro Sánchez al frente del próximo gobierno que deberá afrontar los, no pocos, retos a los que debe ir dando respuesta el país, para construirse un futuro dentro del mundo en el que las personas no queden desprotegidas.

La candidatura de este gobierno socialista se imbrica en dos pilares que, a mi juicio, refuerzan a la figura de Pedro Sánchez para afrontar esta mitad de legislatura que se va a convertir en un cambio de enfoque, quizás no todo el que hubiera gustado, de la política gubernamental.

Por un lado, en contraposición a su predecesor, presenta una imagen de regeneración democrática y de mayor intolerancia ante la corrupción; cuestión ampliamente aceptada en la población española y en las fuerzas con representación parlamentaria más allá de las simpatías que pueda generar su personalidad.

Por otro lado, frente al inmovilismo y la política de hermetismo legal con, por ejemplo, la cuestión territorial; el nuevo Presidente ofrece una versión más aperturista al diálogo, ya que siempre ha defendido encontrar un marco común de entendimiento en el que quepan las distintas sensibilidades sin renunciar a los nexos comunes. Esta cuestión es crucial tanto para poder relajar el conflicto nacionalista como para poder salvar una legislatura en la que el diálogo constructivo va a hacer más falta que nunca.

De aquí ya se han derivado dos retos importantes para el país: la democratización y regeneración de las instituciones públicas, y de la política misma, así como lograr encauzar el conflicto territorial hacia el entendimiento en lugar de seguir la vía identitaria excluyente. Son dos cuestiones ampliamente compartidas por las formaciones parlamentarias, al menos en los programa electorales ya que las caretas están a la orden del día, y no deberían de ser un obstáculo para poder realizar avances que hasta el día de hoy no han sido posibles o no se han querido afrontar.

A pesar de la importancia de estos bloques, el actual gobierno no puede dejar pasar el tiempo para actuar en materia social y del Estado del Bienestar, no sólo por las consecuencias devastadoras de la recesión, sino por la necesidad de dibujar un futuro para las personas dentro de un marco globalizado y cambiante en el que las garantías y la seguridad de la protección social van a ser imprescindibles para emprender y arriesgarse así como avanzar hacia una sociedad en la que se satisfagan las necesidades y se logre la felicidad.

Dentro del Estado del Bienestar, hay que encontrar solución a las pensiones, que están en peligro a medio y largo plazo, hay que mejorar la educación, tanto la educación superior como la formación profesional, para adaptarla a los nuevos contenidos y necesidades del mañana así como, en materia de trabajo renovar el pacto laboral en pro de la calidad del empleo, la estabilidad, la igualdad salarial o la promoción de la maternidad y de la paternidad. Igualmente en el plano económico apostando por una transformación productiva duradera del país que potencie la ciencia y la investigación, los sectores pujantes de la industria junto con una reformulación de los transportes públicos nacionales en los que el ferrocarril recobre su papel de cohesión territorial y, con todo ello, se relance la economía productiva frente a la especulativa y financiera que tanto deterioró al país en la recesión. Es esta dirección deberá trabajar el actual gobierno desde todos sus ministerios, desde su óptica feminista e integradora de la diversidad social y teniendo como contrapesos la transición ecológica y los compromisos con Europa.

No quiero profundizar en el ya de sobras conocido gabinete, sino que prefiero recordar que lo que hace pocos días era una idea o un anhelo se ha convertido en una realidad, una realidad que ha puesto al gobierno de España como referencia en muchos aspectos y que ha añadido a las agendas gubernamentales tradicionales nuevos objetivos y metas. Ahora queda lo más difícil, afrontar todos estos retos y ofrecer soluciones que consigan el apoyo que necesitan para ser puestas en marcha, dentro y fuera del gobierno.

Digo esto porque la apuesta de Sánchez por aglutinar gente de diversa procedencia con, quizás, ideologías y proyectos contradictorios en un mismo ejecutivo podría, o bien, resultar en un proyecto duradero y enriquecedor o el desencadenante de futuros males internos. Esperemos que hagan camino al andar decantándose por la primera opción y los y las encargadas de los distintos ministerios consigan acordar en pro del bienestar social y de los intereses futuros de todas las personas que viven en España actualmente o aquellas que, encontrándose en el extranjero, les gustaría volver en cuanto tuvieran oportunidades de desarrollar su proyecto de vida.

Me gustaría recalcar para concluir, que el proyecto presentado por el gobierno Socialista, si bien se puede plantear como un “revival” de tiempos mejores y anteriores a la crisis, no es una apuesta por el pasado; sino precisamente todo lo contrario: reconocer todos los problemas sociales, económicos y democráticos que hay en España y tratar de ofrecer soluciones que mejoren la calidad de vida y las oportunidades de las personas del país para construir un futuro que no nos de miedo imaginar.

Por todo ello, trabajo y acierto para el nuevo gobierno, de ello dependerá parte de nuestro futuro.

Alejandro Alcay, estudiante de Economía en la Universidad de Zaragoza

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