EDITORIAL: Unas primarias, a medias

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Los populares cuentan ya los días que quedan para elegir al candidato que les representará y que deberá decidir hacia donde dirige el partido sus designios en los próximos años.
Alegra saber que en el PP se mueve algo cuando históricamente la parálisis ha sido la gran protagonista. Cuando la opacidad, la no rendición de cuentas y el dedo divino del dirigente de turno han sido la tónica habitual de un partido que parecía vivir más en el pasado en blanco y negro que en el futuro más inmediato.

Las primarias en las que se halla inmerso la principal formación conservadora española son todo un hito que debe ser valorado tanto por sus virtudes como por sus defectos. Si bien es cierto que es admirable que al fin el partido abra sus puertas a la militancia, un síntoma de salud democrática, superando el carácter autoritario de sus procedimientos internos, la gestión del proceso ha dejado bastante que desear tanto en la forma como en el fondo.

El bajo número de inscritos, todo un mazazo, tras la exacerbada promoción de sus supuestos cientos de miles de afiliados, la escasa movilización mediática de los candidatos, que parece finalmente no enfrentarán sus programas en un debate, como sería deseable, y el visible choque de dos aparatos sedientos de venganza, con rencores de por medio, muy palpables pese a las forzadas sonrisas, evidencian que la Democracia es todavía una asignatura pendiente en Génova 13.

Ojala el PP se acostumbre. Ojala se tomen en serio el tiempo trascendental que están viviendo. Ojala podamos decir en el futuro que los populares comienzan una nueva era más allá de tímidos cambios estéticos. De la consumación de dicha transformación dependerá que los partidos políticos tradicionales puedan recuperar su espacio destacado en la sociedad, aportando de nuevo brillo a las instituciones, presas hoy del populismo y la demagogia. No solo están en juego demandas de sus electores. También el Estado y su porvenir.

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